Madrid, 31 de julio de 2003.-
Las bacterias lácticas Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus
thermophilus no resisten en el tracto intestinal tras la ingesta de
yogures tradicionales, por lo que no tienen efectos probióticos en la
salud del ser humano, según se desprende de un estudio realizado por
varios investigadores de distintos servicios del Hospital Ramón y
Cajal, encabezados por el Dr. Francisco Javier Yuste Grijalba, médico
de Sanidad Nacional y jefe de Salud Laboral del centro. Por el
momento, se han completado las investigaciones bacteriológica e
inmunológica, aunque las conclusiones finales se presentarán el
próximo mes de septiembre en una sesión clínica en dicho hospital.
Este trabajo cuestiona la idea ampliamente aceptada de que los
gérmenes presentes en el yogur tradicional tienen efectos
beneficiosos para la salud del ser humano, es decir, el yogur no
puede ser considerado un alimento probiótico.
Se trata de la primera investigación realizada en el mundo con un
grupo tan numeroso de seres humanos, que permite arrojar luz sobre un
debate que mantiene dividida a la comunidad científica y que afecta a
las multinacionales de productos lácteos. Aunque el yogur tradicional
y el pasteurizado cuentan con la misma composición, el pasteurizado
se trata térmicamente tras la fermentación de la leche, por lo que
las bacterias lácticas características de este producto
(Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus) no están
vivas en el momento del consumo. Este tratamiento térmico permite
ampliar la caducidad del yogur y conservarlo sin necesidad de frío.
Estudio cruzado y doble ciego
El estudio aleatorio (sin seleccionar a los sujetos que toman un tipo
u otro de yogur), doble ciego (ni los investigadores ni los
participantes saben qué toman en cada momento) y cruzado (a las
mismas personas que se les da yogur tradicional, se les da después
pasteurizado), se realizó con 114 individuos sanos, que fueron
divididos en tres grupos: dos grupos experimentales de 48 individuos
y un grupo de control de 18. Durante 15 días, se suministraron tres
dosis diarias de 125 cc. al primer grupo experimental de yogur
tradicional y al segundo de yogur pasteurizado. Tras un periodo de
descanso de dos semanas, el primer grupo recibió durante 15 días tres
dosis diarias de yogur pasteurizado y el segundo de yogur
tradicional. El grupo de control no ingirió ningún tipo de yogur.
Antes de suministrar los yogures, se efectuaron estudios
microbiológicos de ambos productos y se analizó el ADN de las
bacterias lácticas del yogur tradicional. Asimismo, se comprobó la
existencia de 1.250 millones de bacterias lácticas por cada dosis de
125 cc. de yogur.
Se tomaron muestras de sangre para recoger datos sobre parámetros
inmunológicos de los participantes (inmunoglobulinas A, G y M;
células C3, C4 y C8; leucocitos, linfocitos y neutrófilos) antes de
empezar el estudio y el último día de los dos periodos de 15 días de
ingesta de yogur pasteurizado y tradicional. Del mismo modo, se
efectuó un estudio bacteriológico en el intestino grueso, mediante el
cultivo de heces, para comprobar si las bacterias lácticas del yogur
colonizaban, crecían y se multiplicaban en el colon. Los principales
beneficios atribuidos hasta ahora a las bacterias lácticas del yogur
son la renovación de la flora intestinal, el reforzamiento del
sistema inmune y la prevención del cáncer del colon, todos ellos
producidos por su acción en el intestino.
Conclusiones preliminares
Las conclusiones preliminares a las que han llegado los
investigadores de los servicios de Bacteorología, Inmunología y
Unidad Dietética del Hospital Ramón y Cajal son dos: los gérmenes no
resisten en el tracto intestinal y no hay mejoría en la inmunidad de
los colectivos estudiados.
"A pesar de que las conclusiones son preliminares, los datos son tan
contundentes que se puede afirmar que el yogur tradicional no tiene
efectos probióticos sobre la salud de personas sanas y que no existe
ninguna diferencia entre la influencia del yogur pasteurizado y el
tradicional en el organismo humano de la población sana", aseguró
Yuste. "Además -continuó- los supuestos efectos beneficiosos de las
bacterias lácticas del yogur sobre el sistema inmunológico o para
prevenir el cáncer de colon no son posibles, ya que se ha demostrado
que en el intestino, donde se debería producir estos beneficios,
están muertas".
"Estas evidencias confirman la visión de numerosos investigadores,
que considerábamos imposible la supervivencia de Lactobacillus
bulgaricus y Streptococcus thermophilus en el intestino, debido a la
acción de los jugos gastrointestinales", subrayó. A pesar de esto
-matizó Yuste- "el yogur es altamente nutritivo y su consumo es
aconsejable, pero no es un alimento probiótico ni un medicamento como
se había hecho creer a muchos consumidores".
Los probióticos son microorganismos vivos que, al ser ingeridos en
cantidades suficientes, ejercen un efecto positivo en la salud, más
allá de los efectos nutricionales tradicionales, ya que ayudan a
mantener la flora intestinal y evitan la proliferación de bacterias
nocivas.
Para que un probiótico sea efectivo debe de ser inocuo, sobrevivir al
tracto intestinal y llegar intacto al intestino grueso e instalarse
allí. Además, necesita tener una capacidad de adherencia al epitelio
para poder colonizar en el intestino grueso y así aumentar la acidez,
impidiendo que se desarrollen bacterias que provocan enfermedades.
Estudio en ratas
También este jueves el Dr. Emilio Herrera Castillón, catedrático de
Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad San Pablo CEU y Dr.
Honoris Causa en Medicina por la Universidad sueca de Lund, presentó
una investigación elaborada con un modelo experimental de ratas en el
que llegó a las mismas conclusiones que el Dr. Yuste: "Tras el
estudio, no se detectó ninguna supervivencia de bacterias lácticas
del yogur a lo largo del tracto gastrointestinal".
El ensayo, que se publicó ayer en Nutrición Hospitalaria, se produjo
con ratas en ayunas durante 24 horas. Fueron sondadas con 2 ml. de
yogur fresco, yogur termizado o agua destilada, y se sacrificaron a
las 2,4,8 y 24 horas después, siendo comparadas con ratas sin sondar.
Se determinó la supervivencia de las bacterias lácticas del yogur
administrado en estómago e intestinos de los animales, y si las
bacterias aisladas tenían el perfil de las cepas de Lactobacillus
deldrueckii subsp. bulgaricus y Streptococus thermophilus aisladas
originalmente del yogur.
También se efectuó el recuento del número de microorganismos totales
que crecían en el medio para lactobacilos y estreptococos lácticos,
bajo la dirección del Dr. José García de los Ríos. Se hicieron
análisis de los diferentes tipos de colonias resultantes en el medio
para lactobacilos y estreptococos lácticos. Ninguna de las colonias
caracterizadas en este ensayo agudo resultó ser Delbrueckii subsp.
Bulgaricus o S. Thermophilus. De igual forma se llevó a cabo un
experimento crónico de tratamiento durante 30 días, llegándose a las
mismas conclusiones. Finalmente se realizaron determinaciones de tipo
bioquímico y en ninguna de las situaciones estudiadas se encontraron
diferencias entre el yogur tradicional y el yogur termizado o
pasteurizado.
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31-Jul-2003 18:21:24
(EUROPA PRESS)
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