Los bandidos del Verdi más desconocido se enfundan en cuero y llenan Les Arts en el estreno de 'I Masnadieri'

Representación de 'Il Masnadieri' en el Palau de Les Arts
MIKEL PONCE Y MIGUEL LORENZO_
Publicado 07/02/2019 11:48:25CET

VALÈNCIA, 7 Feb. (EUROPA PRESS) -

El estreno de 'I Masnadieri' de Giuseppe Verdi, una de las obras más desconocidas del compositor, llenó este miércoles el Palau de les Arts de València, que vistió su escenario de paredes de ladrillos llenos de grafitis para acoger a unos bandidos que vestían abrigos de cuero, portaban armas de fuego y cantaban a la batalla y a la violencia, en contraste con la sensibilidad de unos protagonistas atormentados.

'I Masnadieri', primer espectáculo operístico del coliseo en 2019, está a cargo de la batuta del maestro italiano Roberto Abbado, quien comienza a despedirse de su cargo como director musical titular del coliseo.

Se trata de un melodrama en cuatro actos que Verdi compuso entre 1813 y 1901, basado en 'Die Räuber' de Friederich Schiller y con libreto de Andrea Maffei, que se estrenó por primera vez en Londres en 1847. En concreto, la propuesta de Les Arts es la coproducción del Teatro San Carlo di Napoli y La Fenice di Venezia. La dirección de escena, originalmente de Gabriele Lavia, corre a cargo de Allex Aguilera en esta reposición.

Una de las particularidades de esta obra es que toma su nombre del personaje colectivo que compone el coro, los bandidos. Precisamente, buena parte de la atención recae sobre un Cor de la Generalitat que esta semana ha convocado huelga para las dos últimas funciones de esta ópera --los días 15 y 17 de febrero-- como protesta por la convocatoria a oposición de las plazas de cantantes. Como es habitual, la agrupación fue reconocido por el público durante la noche de este miércoles con fuertes aplausos y algún 'bravo'.

En el elenco protagonista, gustó especialmente la actuación del barítono Artur Rucinski, en el papel de Francesco, aunque el respetable también reconoció la labor del resto del reparto, al igual que la del director y la Orquestra de la Comunitat Valenciana.

Les Arts subió al escenario a cerca de 40 bandidos, ataviados con abrigos largos de cuero y cargados con armas de fuego, que en vez de delincuentes del siglo XVIII parecían mafiosos o incluso mercenarios, sin perder las reminiscencias al pasado en su vestuario pero acercando la historia a nuestro presente.

CALLEJONES Y GRAFITIS

De hecho, la escenografía de Alessandro Camera bebe de una estética industrial y marginal, con un escenario poblado por un 'bosque' de focos que bien podría ser un callejón de cualquier ciudad o el telón de una película de cine negro.

Los grafitis los coronaba una pintada que rezaba 'Liberta o morte' ('Libertad o muerte'), un lema que anticipaba la lucha de Carlo, encarnado por Stefano Secco, que se debate entre la nostalgia por un pasado junto a su padre y su amada y un presente proscrito como cabecilla de los bandidos, entre la ternura y la violencia. Añora el respeto y cariño de su padre, el conde Massimiliano (Michele Pertusi), que también se arrepiente de haber expulsado a su primogénito de su vida y que será víctima de la locura y desequilibrio de sus dos hijos.

El antagonista es su hermano Francesco, que mediante engaños y traición usurpa el poder. Un papel complejo al que dio vida Artur Rucinski. Sus cantos de culpa, pesadillas y muerte abrieron el cuarto acto y recibieron una gran ovación del público, rendido ante la interpretación de Rucinski, que se sirvió de movimientos ortopédicos y algún escupitajo para retratar un personaje despreciable pero que supo también emocionar con sus remordimientos.

También destacó el único personaje femenino de la pieza, la fiel y doliente Amalia que canta Roberta Mantegna, con dúos bellos junto a su amado y momentos para brillar sola. Mantegna, que nunca antes había actuado en Les Arts, supo emocionar con la desolación de su personaje pero también tuvo algún momento de fortaleza, pistola en mano, para luchar por su honor.

Cuando Amelia sacó por fin su garra, el público de Les Arts la recompensó con sus aplausos. Todo ello, con un vestuario que va evolucionando a lo largo de la representación: arranca con aires más medievales y termina también en abrigo de cuero, más en la línea de los protagonistas masculinos.

LUCES Y 'PUNK'

La luz acompañó en todo momento a los conflictos y tormentos de los personajes, fría y azulada cuando Amelia llora a Massimiliano ante una cruz de hierro, una tumba que descendió del techo y parecía más bien un andamio. Cuando los bandidos evocaban la lucha y la violencia, los incendios y su sed de sangre, la iluminación se teñía de rojo para enfatizar los cantos incendiarios del coro.

El broche de oro, en el sentido estético, de la presentación de este Verdi urbano y modernizado fueron unos figurantes al más puro estilo 'punk', con crestas de colores llamativos a juego con sus vestidos de tul y maquillaje oscuro. La propuesta de Les Arts convenció al público, que despidió con aplausos a este Verdi más desconocido.

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