VALÈNCIA, 24 Sep. (EUROPA PRESS) -
La presidenta del Consejo Español del Cerebro, la neurobióloga e investigadora Mara Dierssen, ha defendido la necesidad de entrenar la salud cerebral para combatir o poder retardar la aparición de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. "El mejor algoritmo son las ganas de aprender", ha reivindicado.
"Estamos en una sociedad que cada vez tiene menos ganas de esculpir su cerebro. Como se dice ahora: no me renta", ha ironizado, en alusión a la famosa frase de Ramón y Cajal, durante la conferencia 'Neurobiología del alzhéimer: claves científicas para los desafíos legales', que ha ofrecido este jueves en el IX Congreso Sanitario de la Comunitat Valenciana. Es uno de los objetivos del Consejo Español del Cerebro: promover la actividad cerebral como "estrategia de país".
En general, Dierssen ha destacado que el conocimiento sobre el alzhéimer, ha avanzado "de una forma muy importante", ya que hay biomarcadores que la pueden predecir "incluso hasta 20 años antes de que se produzca la enfermedad" y han empezado a surgir nuevos tratamientos. "Pero el problema es que todavía no se ha desarrollado en el sistema sanitario público", ha advertido, a lo que ha sumado que son "terapias carísimas" y que ha que combinarlos con buenos hábitos porque "no son una píldora mágica".
Según ha expuesto, actualmente no hay un "acceso equitativo a estos medicamentos" y son tratamientos que tienen "efectos indeseables importantes", con lo que "el paciente tiene que ser capaz de poder decidir sobre si quiere recibirlo o no conociendo esos riesgos". "Eso abre nuevos debates y nuevos retos a nivel ético y a nivel legal", ha señalado.
"Nuestro sistema sigue siendo sintomático, la atención primaria está bajo presión y el acceso a biomarcadores es todavía muy limitado. Incluso aunque pudiéramos diagnosticarlo, tampoco sabríamos qué podríamos hacer, y eso es un gran problema", ha incidido, y ha defendido la necesidad de incorporar nuevos métodos diagnósticos y tratamientos en el sistema nacional de salud.
La investigadora ha explicado que los biomarcadores del alzhéimer ya se pueden detectar en la sangre, "como una especie de chivatos" que indican que una persona tiene un riesgo alto de padecer la enfermedad. Además, ha aclarado que si han surgido tratamientos ha sido "fundamentalmente gracias a la enorme inversión en neurociencia en Estados Unidos", mientras "en España, la verdad es que la neurociencia está infrafinanciada".
En el caso de las personas que no puedan acceder a tratamientos, ha destacado que "hay muchos factores de riesgo modificables: el estilo de vida, la dieta, el ejercicio físico, el entrenamiento cognitivo, pero también cosas como la actividad social favorecen mucho que hayan un retraso de alzhéimer".
"PRISIONEROS DE LA ENFERMEDAD"
Respecto al impacto social del alzhéimer, "una de las enfermedades más devastadoras", Dierssen ha indicado que los afectados se convierten en "desconocidos" para sus familiares y amigos "y en prisioneros de esa enfermedad". También ha advertido que, como la población actual está cada vez más envejecida, cada vez aparecen síntomas a edades más tempranas.
Paralelamente, ha aludido a los problemas jurídicos y éticos que plantea el alzhéimer, ante la necesidad de saber si los enfermos cuentan o no con autonomía personal para tomar decisiones en su vida. "Tenemos la obligación de protegerlos", ha subrayado.
Otros problemas surgen nada más detectar la enfermedad: "¿La persona quiere saberlo? ¿Quién debe saberlo? ¿Qué consecuencias va a tener? ¿Qué se puede hacer con esa información?". En definitiva, ¿en qué medida una persona que tiene que decidir si puede tratarse es consciente de su riesgo?".
NO TODOS ENVEJECEMOS IGUAL
Durante su intervención, la neurobióloga ha explicado que no todas las personas envejecen igual --"hay unas con cierto envejecimiento acelerado y otras con un envejecimiento resiliente"-- y por eso diferencian la edad cronológica de la edad biológica: "Hemos visto que, incluso entre personas sanas, hay una gran variabilidad individual, que se acentúa en los enfermos de alzhéimer, párkinson o síndrome de Down, que es un ejemplo clarísimo de envejecimiento acelerado".
En el caso del alzhéimer, ha señalado que el envejecimiento "no se produce de golpe en todo el cerebro", sino que las regiones que se ven más afectadas son el aprendizaje y la memoria, las más 'modernas' en nuestro cerebro". "Hay investigadores que creen que el alzhéimer es el precio que tenemos que pagar por nuestra inteligencia, porque son las áreas que nos han permitido llegar hasta donde hemos llegado como seres humanos", ha ilustrado.
Y ha reivindicado la vida saludable por encima de la longevidad: "Ahora hay una carrera por la longevidad, pero eso no garantiza la salud. Adonde tendríamos que ir todos es a ganar años de vida saludable. El reto es garantizar que esos años sean de bienestar y eso está, en cierta medida, en nuestras manos".