Crítica | Batman v Superman El amanecer de la Justicia: Brutal exceso

Actualizado 26/10/2016 10:37:55 CET
Batman v Superman: El amanecer de la Justicia
WARNER BROS

   MADRID, 23 Mar. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

   Demasiado caos, demasiada destrucción pero, sobre todo, demasiada ambición. Este es el gran pecado de Batman v Superman: El amanecer de la Justicia, la mastodóntica superproducción de Zack Snyder que reúne a los dos titanes de DC Comics y que, no contenta ya con eso, busca construir en una sola película lo que Marvel ha ido armando en una docena: un universo -multiverso, en este caso- cinematográfico en el que acomodar un par de taquillazos anuales.

   Batman v Superman son varias -demasiadas- películas concentradas en un solo título. Hay una, la mejor, que nos presenta a un Batman lleno de odio, violento, psicológicamente muy complejo y con un pasado intuimos que muy jodido en la que Ben Affleck encarna a una de las versiones más atractivas del caballero oscuro. Otra, mucho más floja y que queda casi sin desarrollo, es una insustancial continuación de ese unidimensional personaje que es Superman. Luego está la protopelícula de La Liga de la Justicia, un titánico esfuerzo metido con calzador en la trama presuntamente principal surgido de la urgencia por armar sólidas y seductoras bases para el multiverso Warner/DC. Y por último nos encontramos con Lex Luthor, un villano excesivo en muecas, ademanes y balbuceos que va a lo suyo y que -en sus formas, que no en sus motivaciones- recuerda demasiado al Joker de Ledger.

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   Un exceso narrativo demasiado denso e inabarcable incluso para los dos superhéroes con más tirón de casa. Batman v Superman es una cinta potente, tanto en su dimesión estética como desde las interesantes premisas que plantea, pero que tras su prometedor comienzo, con Batman como eje central, deviene en una deslavazada y frenética sucesión de secuencias que no cesan de introducir nueva información sobre el pasado, presente y futuro de todo este intenso maremágnum que es el multiverso DC.

   Y por el camino en el que el mil veces reescrito guión que firman David S. Goyer y Chris Terrio se olvida de profundizar en la confrontación filosófica sobre la figura del héroe que han mantenido desde siempre el cruzado criminal de Gotham y el granjero boyscout de Kansas, nos quedan hallazgos nada desdeñables como el nuevo y genial Alfred de Jeremy Irons, que con su sarcasmo vapulea a Luthor como factor desengrasante; la magnética Wonder Woman de Gal Gadot, un personaje que -ante la desidia de Marvel en este particular- está llamado a reinar en lo que a féminas superheroicas se refiere; alguna musculosa secuencia de acción que destaca entre el empacho de CGI; o un par de oníricas sorpresas capaces de poner a los fans más duchos en el mundo del cómic los dientes muy, muy largos.

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   Pero al final, como Snyder es Snyder, se entrega al ruido y la furia -a su versión del tercer acto de El hombre de Acero y no a la de Watchmen- para obsequiarnos de nuevo con otro alarde de destrucción masiva a cuenta de una criatura que los tráileres ya habían reventado, algo parecido a un troll de las cavernas tamaño XXL, al ritmo precisamente de Junkie XL. Todo encaja... o no.