La Filmoteca extremeña proyecta mañana "Vania en la calle 42" de Louis Malle, en el ciclo Cine y lenguajes artísticos

Europa Press Cultura
Actualizado: miércoles, 29 marzo 2006 17:05

MÉRIDA, 29 Mar. (EUROPA PRESS) -

El ciclo "Cine y lenguajes artísticos" continúa mañana jueves en la Filmoteca de Extremadura, en Cáceres, a las 20 horas, con la proyección de "Vania en la calle 42" de Louis Malle, una película es su particular homenaje a Antón Chejov

Según informó la UEx, la película será presentada por Iolanda Ogando González, del Área de Filologías Gallega y Portuguesas (Departamento de Filología Románica) de la Universidad de Extremadura.

Vania en la calle 42 es su particular homenaje a Antón Chejov, escogiendo para ello la adaptación que David Mamet (otro nombre con mayúsculas de los dramaturgos contemporáneos) hace del original 'El tío Vania'. Malle rodó esta película en 1994, y será la última, ya que murió un año después a los 63 años.

Louis Malle forma parte de la historia del cine con mayúsculas, un director imprescindible no sólo del cine francés (El mundo del silencio de 1955, Los amantes de 1958, Adiós muchachos de 1987, Milou en mayo de 1989), sino del cine occidental, europeo y americano (La pequeña de 1978, Atlantic City de 1980), y no sólo como director de cine de ficción, sino también como documentalista (Calcuta de 1969 en la que refleja las condiciones deplorables de vida de los campesinos y de la población en general de esta ciudad india, Human trop Humain -Humano, demasiado humano- en 1973 sobre la vida de los trabajadores pobres americanos, o Plaza de la República de 1973).

Por ello recibió varios premios a lo largo de su extensa carrera cinematográfica entre los que merece destacarse la Palma de Oro en Cannes de 1955 por El mundo del silencio, un documental acompañando al oceanógrafo Jacques Cousteau, o el León de Oro en el Festival de Venecia en 1987 por Adiós muchachos, sobre los internados católicos de postguerra.

Desde muy joven, siendo estudiante de ciencias políticas en la Sorbona quiso ser director de cine; a los 25 años dirige su primer largometraje Ascensor para el cadalso, en la que muestra su pasión por el jazz, con la banda sonora de Miles Davis.

Paralelamente a su madurez como director en Francia se desarrolla la Nouvelle Vague, a la que Malle nunca perteneció ya que desarrolla su propio camino en solitario y siguiendo sus propias motivaciones.

Es sobre todo un cineasta comprometido y un destructor de tabúes, dando lecciones de moral a la contra, esto es, sin emitir ningún tipo de juicio moral en la exposición de sus películas; no hay inocentes ni culpables, la vida es más compleja.

Aparecen personajes denostados o mal vistos por nuestra sociedad; es el caso de Lucien Lacombe de 1974, donde hace una crítica al colaboracionismo francés durante la Segunda Guerra Mundial, o El soplo al corazón de 1971 que evoca la relación incestuosa entre una madre y su hijo; o La pequeña de 1978, cuya primera adolescencia transcurre en un prostíbulo.

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