El catedrático Ángel Esteban publica este miércoles 'París en femenino' (Espasa). - (ESPASA)
MADRID, 3 Mar. (EUROPA PRESS) -
El catedrático Ángel Esteban publica este miércoles 'París en femenino' (Espasa), la historia de lo que se podría definir como "las ingobernables de París": "una crónica de vida personal, literaria, cultural, profesional, social y artística de treinta escritoras que triunfaron en la ciudad sin límites desde las últimas décadas del siglo XIX hasta más o menos la mitad del siglo XX, el período en que París fue la capital cultural del mundo".
Así lo explica el doctor en Filología Hispánica y catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Granada en una entrevista concedida a Europa Press con motivo del lanzamiento de su nuevo trabajo.
En este ensayo, según avanza su autor, "se habla de sus éxitos, de sus fracasos, de sus luchas por hacerse un nombre en el contexto cultural de París y, sobre todo, de su necesidad de libertad, en un contexto en que no podrían haber conseguido todo ello en muchos de los países donde nacieron o residieron con anterioridad".
"Son en general mujeres rebeldes, que desean ser autónomas, pensar y actuar por sí mismas, sin cortapisas procedentes de estereotipos o convenciones", apunta Esteban, quien tuvo la idea de este libro "hace más de diez años".
Ángel Esteban indica que "ya cuando estudiaba las vanguardias, hace muchos años", sintió que "no había nombres de mujeres en las listas y los manuales" en las que siempre se citaba a Hemingway, Proust, Joyce, César Vallejo, Cocteau, Breton, Henry Miller, Ezra Pound, Paul Valéry, Eliot, Picasso, Dalí, Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Rubén Darío, Vicente Huidobro, Jarry, Apollinaire, Duchamp, Matisse, Stravinski y un "larguísimo" etc.
"Todos hombres, todos magníficos, escritores y artistas geniales que marcaron una época de oro en París, pero nunca se citaba a una sola mujer. Es decir, las mujeres existían, escribían y eran artistas consolidadas, incluso algunas de ellas vendían mejor sus obras que los hombres, pero las historias de la literatura y el arte las ignoraban. Esta paradoja me llevó a interesarme por ellas y darles la visibilidad que merecen", reconoce.
UNA LISTA QUE PODRÍA SER "MUCHO MÁS EXTENSA"
Respecto a la selección de las protagonistas, el autor confiesa que la "lista podría ser mucho más extensa" y que, de hecho, en el prólogo hace una breve reseña de quince escritoras que no están en el libro pero que "merecerían formar arte de ese canon por igual".
De este modo, para elegir el corpus comenzó por aquellas cuya presencia le parecía "indiscutible", como Colette, Gertrude Stein, Anaïs Nin, Simone de Beauvoir, Edith Wharton, Natalie Barney, Djuna Barnes, Bryher o Marcelle Auclair.
"Después fui eligiendo mujeres de diversa procedencia que, por una u otra razón, vivieron poco o mucho tiempo en París y allí desarrollaron su actividad literaria, cultural y artística, para demostrar que París fue una ciudad de acogida, adonde iban todas aquellas personas que, o bien querían triunfar o bien deseaban encontrar un espacio de libertad que en sus países les era vedado, por su ideología, su condición genérica, su decisión de convertirse en artista o su moral poco convencional", detalla.
Así fue como aparecieron Sylvia Beach, Elsa Triolet, Lydia Cabrera, Teresa de la Parra, Elvira de Alvear, Victoria Kent, Victoria Ocampo, Elena Garro o María Bashkirtseff.
"Lo que más me interesaba es descubrir que la ciudad de París fue un crisol donde se mezclaron mujeres de varios países y continentes, convirtiendo a la capital francesa en la primera aldea global de la historia de la cultura contemporánea. En el grupo de las treinta hay solo doce francesas, menos de la mitad, y después seis estadounidenses, dos rusas, dos peruanas, dos argentinas, dos cubanas, una mexicana, una inglesa, una española y una venezolana", destaca Ángel Esteban.
El autor deseaba un libro donde estuvieran todas: "marquesas, condesas, nuevas ricas, riquísimas, descendientes de casas nobles de cuatro o cinco siglos de antigüedad, clasemedieras, pobres, delincuentes sin otra formación que la escuela de la calle, heterosexuales, lesbianas, bisexuales, tapadas, libertinas, mordaces, deslenguadas, vergonzosas, caraduras, vedettes, casadas, solteras, divorciadas, viudas, adúlteras, fieles, conformistas, resignadas, feministas, antifeministas, coleccionistas de amantes, católicas, ateas, pero todas con un punto en común, la voluntad de ser escritoras, ser reconocidas por ello y vivir en libertad".
NO SOLO SE DEDICABAN A ESCRIBIR
Para Ángel Esteban, "uno de los grandes descubrimientos" ha sido que, "por regla general, no eran mujeres que solo se dedicaban a escribir, sino que combinaban esa tarea con otras muchas de tipo cultural, social, diplomático, político, etc".
"Lo más sorprendente de todo es que sin su ayuda, muchos de los hombres que sí están en todas las historias de la literatura y del arte, quizá no habrían llegado a culminar sus carreras, o bien no habrían sido tan conocidos en su tiempo, porque gracias a ellas pudieron terminar y difundir su obra, o simplemente pudieron sobrevivir económicamente", reflexiona.
En este contexto, el autor indica que James Joyce publicó 'Ulises' porque Sylvia Beach creó un sello en su librería para que "la monumental novela viera la luz, cuando había sido rechazado, condenado, perseguido, marginado y excluido por el mundo editorial y moral biempensante".
"Años antes, Margaret Anderson había publicado algunos capítulos de 'Ulises' en su revista, 'The Little Review', y fue juzgada por ello y obligada a cerrarla, aunque hizo caso omiso de aquella disposición", añade.
A su juicio, "Oscar Wilde quizá no hubiera escrito y publicado 'El retrato de Dorian Gray', o quizá sí lo hubiera publicado pero pasando desapercibido, si no hubiera sido por la amistad, la acogida y el ímpetu de Rachilde, que también ayudó y promocionó a Mallarmé, José María de Heredia (el francés de fin de siglo), Remy de Gourmont o el jovencísimo Alfred Jarry, y socorrió a Paul Verlaine cuando fue expulsado del apartamento donde vivía y no tenía ni dinero ni un lugar digno donde vivir".
"Y ¿qué habría sido de Henry Miller, no solo de sus trópicos, sino de su propia vida y subsistencia, sin el apoyo moral y económico, también sexual, de Anaïs Nin? Y todavía con más descaro, alcance e intensidad, ¿cómo se habría fraguado la obra de genios como Hemingway, Fitzgerald, Max Jacob, Ezra Pound, Paul Bowles, sin los consejos y la acogida de la 'Mamá Grande' Gertrude Stein quien, además fue marchante de arte y llevó a la cumbre a algunos pintores que luchaban por un puesto en el Olimpo, como Picasso o Matisse?", plantea Ángel Esteban.
Sobre si después de 'París en femenino' imagina una segunda parte en otra ciudad o en otro periodo, el autor no cree que haya otro ejemplo igual en la historia de la literatura. "Esa ciudad y esa época son insustituibles, inimitables", afirma.
"A veces pienso que me hubiera gustado vivir allí y en ese tiempo. Woody Allen ya lo hizo en 'Midnight in Paris'. Daría la mitad de mi reino por ser el protagonista de esa película, que retrocede 90 años, después de una noche de copas, y se encuentra a toda esa fauna literaria. Por cierto, todo hombres. Tampoco Woody Allen pensó en ellas", concluye.