MADRID, 9 Jun. (EUROPA PRESS) -
Fernando Benzo Sáinz, el director de la Fundación de Víctimas del Terrorismo y autor de 'Héroes inesperados. La otra cara del 11-M' señaló durante la presentación del libro en Madrid que el motivo que le movió a escribirlo fue buscar la esperanza en la tragedia de los atentados que asolaron Madrid el 11 de marzo y mostrar lo positivo de la solidaridad colectiva y la humanidad ante un hecho tan dramático.
'Héroes inesperados', un libro en el que ha participado también activamente el periodista Fernando Delgado, recoge la historia de ciudadanos anónimos, vigilantes jurados, bomberos, enfermeras y policías que en aquella jornada trabajaron sin dejarse vencer por el cansancio y el horror de lo que estaban viviendo, convirtiéndose en héroes improvisados. Todos los beneficios de este libro serán donados a las víctimas del terrorismo.
Benzo explicó que todos los que colaboraron en las tareas de coordinación y atención a las víctimas y cuyos testimonios han sido recopilados son símbolo de las cientos de personas que no aparecen en el libro. A la vez, mostró su agradecimiento a todas las personas que cedieron su testimonio para la causa y a los cuerpos a los que pertenecen, declarando que después del 11-M se siente más seguro en Madrid porque sabe que hay mucha gente dedicada a salvar vidas.
SAMUR, BOMBEROS Y POLICÍA MUNICIPAL
A la presentación del libro también acudieron Mariluz Sabín, Rosa García y el subinspector Pérez Soria, representantes del SAMUR, Policía Municipal y bomberos de Madrid respectivamente cuyo testimonio aparece reflejado en 'Héroes inesperados'. Todos ellos coincidieron en que sus cuerpos gestionaron la crisis de forma correcta, aunque aún siguen haciendo evaluaciones de su actuación para analizar fallos y corregirlos.
Sabín, desde su posición de directiva del SAMUR, afirmó que el 11-M fue un reto para su cuerpo debido a que el atentado tenía cuatro focos diferentes, pero que supieron resolver la situación "con rapidez y eficacia" y señaló la coordinación de los equipos y la colaboración de la gente de la calle.
Por su parte, Pérez Soria comentó que, desde el punto de vista profesional, el trabajo de los bomberos no tuvo dificultad alguna porque con más o medios medios todo se puede solucionar, pero que a nivel personal fue una situación muy difícil de superar y recordó cómo el día de los atentados vio a sus compañeros más veteranos encerrarse a llorar desbordados por la tragedia y a los más jóvenes quedarse ausentes cuando les dirigían la palabra. "Son de esos hechos que no te dejan dormir por la noche", sentenció.
El Subinspector de bomberos también dijo que su cuerpo contó con un número duplicado de efectivos, pues los atentados se produjeron a la vez que el cambio de turno del servicio y que su tarea se vio facilitada por la ayuda de un compañero que vivía en la calle Téllez y conocía bien la zona de actuación.
Rosa García destacó que en el seno de la Policía Municipal la coordinación fue espontánea en las primeras horas debido a la gravedad de la situación y que las órdenes de coordinación empezaron a llegar más tarde. "Yo lloraba ante esta tragedia como si las víctimas fueran familiares míos", dijo.
LAS VÍCTIMAS
Los representantes de los tres cuerpos fundamentales en las labores de ayuda del 11-M destacaron que a día de hoy no han mantendio ningún contacto con las víctimas a las que ayudaron, porque "no es algo que hagan habitualmente". Mariluz Sabín se excusó diciendo que no podía mantener contacto personal con las víctimas porque ni si quiera "había podido leer las historias que publicaron los diferentes periódicos de cada uno de los fallecidos" en los trenes de cercanías.
Benzo dejó constancia del deseo de todos los afectados de que no se olvide lo sucedido. Recordó que muchos miembros de la plantilla del SAMUR están en tratamiento y que los policías municipales que prestaron declaración para los medios de comunicación como testigos directos de la tragedia han sido los que peor han salido parados psicológicamente.
Todos los congregados en la mesa coincidieron en que, en un principio, contaban con 15 víctimas mortales, pero que según pasaron las horas se "temieron lo peor". Sabín subrayó que lo que más le impresionó fue que estaban tratando como heridos leves a personas que en cualquier otra situación hubiesen sido considerados de gravedad y que esos mismo heridos se iban por su propio pie a los hospitales o a los centros habilitados como tal, como el polideportivo Daoiz y Velarde, donde reinaba "un silencio absoluto" a pesar de los cientos de personas que allí se congregaron.