MADRID, 25 Oct. (EUROPA PRESS) -
El historiador Manuel Fernández Álvarez cree que la Ley de la Memoria Histórica "deberían hacerla los historiadores, no los políticos", según dijo hoy en declaraciones a Europa Press.
Fernández publica 'El Duque de Hierro', biografía de Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, el "soldado más importante de la España imperial". El libro presenta la figura de un guerrero clave en la historia del país que dedicó 65 años de su vida a defender a la Monarquía a través del oficio militar y la diplomacia.
El historiador, considerado un gran experto en el siglo XVI español, ve en Álvarez de Toledo a una figura simbólica: "Fue el prototipo de la España negra, represora y cruel. Hoy en día es recordado como sofocador implacable de las rebeliones en los Países bajos". Fernández ha indagado en la leyenda para averiguar "qué se ha olvidado y qué se ha silenciado" en la visión del duque. Para lograr su objetivo, no ha eludido ningún aspecto, ya que "la misión del historiador es no silenciar nada" si no quiere "hacer trampas con la Historia".
Fernández no ha querido "hacer un panegírico". La figura del III Duque de Alba está plagada de aristas: "Se le encargaron tareas de represión y cumplió perfectamente con su deber haciendo mucho daño. Sin embargo, sabemos por confesiones escritas que no quería hacerlo". El historiador sabe bien que "un imperio se forja con las armas en la mano", lo que explica la importancia de personajes históricos como Álvarez de Toledo.
COMPLEJA PERSONALIDAD
Así, vemos que el duque era un hombre "implacable, pero no cruel". Su importancia histórica tiene también una vertiente diplomática, ya que el Álvarez de Toledo "estuvo metido de lleno en las grandes operaciones políticas europeas de su tiempo". Como ejemplo, el historiador citó el momento tenso que España vivió cuando el Papa Pablo IV declaró la guerra a la nación: "El Duque de Alba asistió acompañado apenas de unos caballeros, casi sin protección, a ver al Pontífice. Le llamaron loco porque pensaban que era una emboscada, pero él volvió a España con la paz con Roma debajo del brazo".
Bajo esa apariencia de dureza forjada en seis duros años en los Países Bajos, se escondía así un hombre reflexivo e intelectual. Como muestra, el autor desvela una curiosa relación: "Garcilaso de la Vega era el mejor amigo del duque, al que admiraba. Este aspecto humano del caballero le llevaba a conocer y admirar los valores culturales de su época". Fernández recordó también que Boscán fue el preceptor de un joven Duque de Alba.
MEMORIA HISTÓRICA NECESARIA
Sin embargo, esta faceta humana no debe ocultar la fiereza del guerrero: "Era sólo nombrar al duque y toda Europa se echaba a temblar. Cuando ya tenía 70 años y estaba retirado fue llamado por Felipe II para sofocar una rebelión en Portugal. Fue un paseo militar". Su formación religiosa llevaba a Álvarez de Toledo a un "fanatismo" que alimentaba su ansías de matar "a todos los herejes".
Historiador contrastado y de premiada trayectoria, Fernández Álvarez opinó sobre la Ley de la Memoria Histórica: "Bienvenida sea, pero debería ser más amplia, el Gobierno debería impulsar un conocimiento de los aspectos más controvertidos de España a lo largo de toda su historia". Con todo, hay que tener mucho cuidado con este tipo de leyes: "Deben redactarlas los historiadores porque si lo hacen los políticos sólo cogen e interpretan partes del pasado con fines partidistas".
Por último, Manuel Fernández Álvarez adelantó que su próximo libro será 'Historia para gente menuda y para la que no lo es tanto', donde escribirá pequeños capítulos en forma de cuento con ilustraciones para que los más pequeños se interesen por la Historia. El lanzamiento está previsto para la próxima primavera.