MADRID 30 Jun. (EUROPA PRESS) -
El realizador manchego Pedro Almodóvar, tras conocer el fallecimiento de la coreógrafa y bailarina alemana Pina Bausch, confesó hoy que la artista fue para él "una revelación" y "una fuente constante de placer. "Me provocaba emociones muy diversas y me inspiraba siempre", añadió el cineasta.
Almodóvar conoció a Bausch en los años noventa. En un comunicado asegura que ambos coincidían en muchos aspectos, "tanto artísticos como personales (el uso ecléctico de la música y el de la mujer como icono total)".
"Nuestra amistad fue fulminante y para siempre. Pina era una mujer muy femenina y muy sensual. Todas sus bailarinas tenían largas y salvajes melenas, en el vestuario abundaban los vestidos largos y floreados, los tacones y los cigarrillos", recuerda Almodóvar.
Asimismo señala que la coreógrafa introdujo el agua en el baile, la tierra, las flores, el verde del campo y la arena de la playa. Siempre había un momento en que las parejas se agarraban y empezaban a bailar, en la feria de cualquier pueblo.
UN MILAGRO
También alude Almodóvar al momento en que el grupo de bailarines "se enlazaba y bailaban emparejados al final de su pieza 'Mazurca Fogo', a ritmo de música caboverdiana, uno de esos milagros que no se pueden agradecer lo suficiente".
"Pina me permitió que trasladara su magia al final de 'Hable con ella'. También tengo que agradecerle que al principio de la película ella misma bailara, acompañada por la pionera y mítica Malú, 'Caffe Müller' para mí. Imposible soñar mejor comienzo para una película que cuenta la historia de dos mujeres en coma que las imágenes de Pina y Malú, vestidas en combinación blanca, caminando a ciegas por un escenario lleno de sillas y mesas, en cuyas paredes acababan chocando. No puedo explicar la emoción que me agarrotó cuando lo vi por primera vez", asegura.
RELACIÓN DE LOS CUERPOS
Pedro Almodóvar se refiere también a la "relación de los cuerpos", "esencial" en el trabajo de Bausch. "Una relación a veces lúdica, sensual, especular, autoritaria o dolorosa. Sus espectáculos desbordaban fisicidad, instinto y una sensibilidad indómita, delicada y original", afirma.
"A Pina le gustaba abrazar, y sentir la mejilla del otro contra la suya. Se inventó un modo de mover como flotando los brazos y las manos, entre otras muchas cosas", continúa. "No le gustaba hablar de lo que había detrás de sus coreografías, las depositaba en el escenario para que cada espectador las sintiera a su manera", dice. "Todas las reacciones eran legítimas, y todas las aceptaba con esa sonrisa única y tan característica. Incluso la patosa violencia de un público emperifollado que había ido al Real para ver 'Nelken' (Claveles) creyendo que iban a ver una zarzuela", critica.
Por último, el cineasta señala que Pina Bausch "creó un antes y un después en la danza contemporánea del último cuarto del siglo pasado". "Sus coreografías están vivas, imagino que la compañía que acaba de dejar huérfana seguirá mostrándolas ante el asombro del mundo".
De momento, su compañía, se mantiene para abrir la próxima edición del Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid, según informaron a Europa Press fuentes del certamen.