Amelia del Castillo, la pionera presidenta contra los prejuicios

Publicado 08/03/2019 9:43:24CET
- ATLÉTICO PINTO

   MADRID, 8 Mar. (EUROPA PRESS) -

   Comenzaba la década de los sesenta cuando Amelia del Castillo y su pandilla de amigos de Pinto, todos futboleros, decidieron crear un equipo para competir en torneos cercanos. Amelia, la única mayor de edad de todos ellos, fue la encargada de hacer las inscripciones, y al poco tiempo la Flecha de Pinto empezaba a despuntar. Las reglas impedían que una mujer jugase o dirigiese a un equipo, pero nada impedía que se convirtiese en presidenta, la primera de la historia del fútbol español.

   Hasta 1981, las mujeres, fuera cual fuera su edad, debían pedir permiso a su marido o a su padre para poder trabajar, cobrar su sueldo, abrir cuentas en el banco o sacarse el carné de conducir, y el fútbol tampoco estaba exento de trabas. "Mi ilusión de verdad era ser entrenadora, así que solicité hacer los cursillos en el colegio de entrenadores, pero el reglamento me lo prohibía. Solo me concedieron asistir a las clases teóricas", explicaba Del Castillo en una entrevista a la revista Líbero.

   Desafiando a las normas, Amelia lo fue todo en el Club Atlético de Pinto, que fundó el 15 de octubre de 1963: entrenadora, delegada y, por supuesto, presidenta. Sin embargo, los recursos económicos eran limitados, y para conseguir federarlo buscó ayuda; ella, que quiso celebrar su comunión ataviada con un pin del Atlético de Madrid, lanzó una llamada de socorro a Vicente Calderón. Y encontró respuesta.

   EL ATLÉTICO DE MADRID, UN CLUB HERMANO

   El máximo dirigente colchonero no dudó en echar una mano al joven club pinteño. Les mandó equipaciones, balones, les permitió usar sus servicios médicos e incluso les proporcionó material de su empresa de construcción para cerrar el campo. Cuando Amelia apareció en su despacho para ofrecerle rifas para el sorteo de una cámara de fotos, con las que esperaban recaudar fondos, Calderón se las compró todas. En homenaje al apoyo rojiblanco, Amelia ya había decidido que su nuevo club llevaría en su nombre Atlético.

   El club despegó y la presencia de una mujer al frente del proyecto llamó la atención de medios nacionales y extranjeros. En los campos, escuchó de todo sentada en el banquillo, y desde el Ayuntamiento de la pequeña localidad madrileña ya se la tenían jurada. En 1973, el entonces alcalde de Pinto, Daniel Martín, que años atrás había rechazado el cercado del campo, le envió una carta exigiéndole su dimisión. El fútbol no era "cosa de mujeres".

   Las amenazas del primer edil de crear otro equipo con el apoyo del consistorio fueron pesando en Del Castillo, que en 1975 se vio forzada a dimitir para impedir que el Atlético de Pinto se muriera. La Federación madrileña se negó a aceptar su renuncia al saber que era forzada, pero la decisión estaba tomada y no había vuelta atrás.

   CAMPO AMELIA DEL CASTILLO

   Durante un tiempo dejó de acercarse a ver al equipo; el dolor era todavía profundo. Tuvo que esperar un cuarto de siglo desde su dimisión para recibir el homenaje merecido: después de una recogida de firmas promovida desde el club, en el año 2000 fue designada presidenta de honor, y el campo del equipo de su vida recibió el nombre de Amelia del Castillo. "Amelia del Castillo es nuestro campo, allí cada domingo disfrutamos de nuestro equipo campeón, aquel que Meli formó con ilusión", rezan los versos del himno del 50 aniversario el Atlético de Pinto.

   Amelia solo fue la primera de muchas y se encargó de abrir el camino. Tras ella llegaron, entre otras, Teresa Rivero (Rayo Vallecano), Ana Urquijo (Athletic Club), María de la Peña Berraondo (Real Sociedad), Victoria Pavón (Leganés), Layhoon Chan (Valencia) y Amaia Gorostiza (Eibar). Pero fue Amelia la que, por primera vez, entró en un mundo de hombres dando un portazo y dejó la puerta abierta.