MADRID 8 Ene. (EUROPA PRESS) -
Abrir la nevera y notar un olor desagradable es una de esas pequeñas molestias domésticas que desesperan. Da igual que se haya limpiado hace poco o que todo esté bien guardado en tuppers: hay olores -sobre todo los persistentes- que parecen instalarse en el frigorífico y no marcharse nunca.
En cocinas donde los alimentos fermentados forman parte habitual del día a día, como ocurre en muchos hogares asiáticos, la gestión de los olores del refrigerador es un problema conocido desde hace tiempo. En Corea se ha popularizado un truco doméstico sencillo y eficaz, que se utiliza como recurso cuando las soluciones habituales no dan resultado.
POR QUÉ EL MAL OLOR SE QUEDA EN LA NEVERA
El frigorífico es un espacio cerrado, frío y con una humedad constante. Cuando se guardan alimentos con olores intensos -pescado, quesos, cebolla, ajo, salsas o productos fermentados-, pequeñas partículas aromáticas quedan suspendidas en el aire y terminan adhiriéndose a las superficies interiores.
Si a eso se suma la humedad, el olor no solo permanece, sino que puede intensificarse con el tiempo. Por eso, en muchos casos, pasar un paño o colocar un ambientador no es suficiente: el problema no está solo en el aroma, sino en cómo se queda atrapado dentro del frigorífico.
EL TRUCO COREANO QUE MARCA LA DIFERENCIA
La clave de este método está en absorber el olor, no en taparlo. En Corea se utiliza algo tan básico como pan tostado, aprovechando la estructura porosa que adquiere una vez seco.
Al tostarlo, el pan pierde humedad y se vuelve mucho más absorbente, con un comportamiento similar al del carbón activo. Para usarlo correctamente, se envuelve en papel de aluminio ligeramente perforado, lo justo para protegerlo sin impedir que el aire circule. De este modo, el pan puede "capturar" las partículas responsables del mal olor.
Colocado en uno o varios puntos de la nevera, este sistema ayuda a neutralizar los olores persistentes de forma progresiva, sin perfumes ni productos químicos.
CÓMO USARLO BIEN PARA QUE FUNCIONE
El pan debe estar bien tostado y completamente seco. Si está blando o húmedo, no solo no absorberá el olor, sino que puede estropearse con rapidez.
Una vez preparado, conviene cambiarlo cada dos o tres días para evitar que acumule humedad o aparezca moho.
Este truco no funciona por arte de magia si la nevera está sucia. Antes de aplicarlo, conviene retirar los restos de comida y limpiar las baldas con agua y un poco de bicarbonato, asegurándose de secar bien el interior. A partir de ahí, el pan tostado ayuda a devolver el equilibrio al ambiente del frigorífico, algo que muchos métodos rápidos no consiguen.