Archivo - Imagen de pago con tarjeta de Mastercard. - BRYAN DERBALLA, MASTERCARD - Archivo
MADRID, 8 Oct. (EUROPA PRESS) -
La compañía de servicios financieros Mastercard desplegará progresivamente en toda Europa la tecnología de pagos sin conexión ('offline'), de modo que todas las tarjetas de nueva emisión en el continente estarán habilitadas para esta función a partir de febrero del próximo año, según ha informado este jueves la entidad.
La firma tecnológica ha fijado para mayo de 2027 la fecha límite para que todos los terminales de punto de venta (TPV) nuevos y de sustitución sean plenamente compatibles con este sistema.
Una vez completada la implantación de estos requisitos en el mercado europeo, los usuarios podrán utilizar el chip y el PIN durante una interrupción del servicio técnico o de red para adquirir productos esenciales en supermercados, tiendas de alimentación, estaciones de servicio y farmacias, así como en máquinas expendedoras de billetes y terminales de autoservicio de transporte.
El funcionamiento de los pagos sin conexión se basa en el almacenamiento seguro de límites de gasto directamente en el chip de la tarjeta. Así, ante una caída de conexión en el terminal, la transacción podrá aprobarse de forma local hasta un límite máximo de 200 euros por operación --cuantía fijada previamente por la entidad bancaria del titular--. Posteriormente, cuando la red se restablece, la operación se envía automáticamente para su compensación bancaria.
PRUEBAS DE RESILIENCIA EN EL NORTE Y ESTE DE EUROPA
Esta medida se produce tras la implantación con éxito de la tecnología en Dinamarca, Suecia, Estonia y Letonia. Según destaca la compañía, durante un reciente temporal en Letonia, los pagos con tarjeta continuaron operativos en comercios con generadores locales. Asimismo, esta primavera en Dinamarca, ante un fallo técnico que aisló los terminales del sistema general, los protocolos de crisis de Mastercard permitieron mantener la operatividad en comercios esenciales.
Tras coordinarse con socios del sector, gobiernos nacionales, reguladores y bancos centrales, la firma ha decidido extender la cobertura a todo el continente. El despliegue se enmarca en el plan de inversiones desarrollado por la firma durante los últimos 12 meses en infraestructura local y ciberseguridad con el objetivo de reforzar la resiliencia de las redes de pago europeas.
"Cuando se interrumpe el suministro eléctrico o la red, las personas siguen necesitando comprar alimentos, combustible y medicamentos. Hemos comprobado que los pagos sin conexión pueden marcar una verdadera diferencia. Al ampliar esta tecnología por toda Europa, podemos ayudar a las personas a seguir pagando por aquello que necesitan, incluso cuando sucede algo inesperado", ha destacado el vicepresidente ejecutivo de Core Payments de Mastercard, Brice van de Walle.
COMPETENCIA CON EL EURO DIGITAL
El movimiento de Mastercard coincide con el impulso que las autoridades comunitarias y el Banco Central Europeo (BCE) están dando al futuro euro digital. Entre las especificaciones clave exigidas por los reguladores de la eurozona para la futura moneda pública digital destaca la obligación de disponer de la funcionalidad 'offline', una de las principales ventajas con las que iba a contar la divisa comunitaria digital respecto a las soluciones privadas.
Al mismo tiempo, desde Fráncfort se ha explicado de manera reiterada que la puesta en marcha del euro digital estaba motivada por la necesidad de garantizar la soberanía monetaria europea y garantizar el comercio cotidiano ante contingencias o crisis de gran escala en los medios de pago, puesto que actualmente la gran mayoría de las transacciones con tarjeta en el continente dependen de la infraestructura de gigantes tecnológicos y financieros estadounidenses como Visa o Mastercard.
Con el despliegue de esta tecnología en las tarjetas de plástico tradicionales, el sector financiero privado busca anticiparse y reforzar su resiliencia operativa y competitividad en el ecosistema de pagos europeo antes de la llegada formal de la divisa digital del BCE, que se espera que esté operativa para 2029 tras el visto bueno del Parlamento Europeo.