. Más del 66% de las personas mayores atendidas por Cruz Roja están en riesgo de pobreza o exclusión social
Actualizado 29/09/2022 23:17

Más del 66% de las personas mayores atendidas por Cruz Roja están en riesgo de pobreza o exclusión social

Una anciana acompañada por personal de Cruz Roja.
Una anciana acompañada por personal de Cruz Roja. - CRUZ ROJA

La situación de las mujeres mayores atendidas por Cruz Roja es de mayor vulnerabilidad que la de los varones

MADRID, 29 Sep. (EUROPA PRESS) -

Más del 66 por ciento de las personas mayores atendidadas por Cruz Roja están en situación de riesgo de pobreza o exclusión social. Incluso, un 5,7% tiene dificultades para hacer frente al pago de la vivienda o los suministros, el 14,6 sufre pobreza energética y el 4,3% no puede permitirse tomar alimentos con proteínas tres veces a la semana.

Así se desprende de los datos del Boletín de Vulnerabilidad Social que ha presentado Cruz Roja acerca de la situación de las personas mayores atendidas en el contexto de la crisis de la COVID-19

La entidad advierte de que las personas mayores con pensiones no contributivas o de viudedad han tenido que afrontar gastos relacionados con medidas de protección por la pandemia sanitaria y al encarecimiento de la cesta de la compra, al tiempo que ayudaban a hijos e hijas con problemas de desempleo. El personal de Cruz Roja ha llegado a calificar estos casos como "situaciones límite".

Cerca del 10% han ayudado económicamente a otras personas, principalmente, hijos e hijas, pero también a personas de su entorno que experimentaban dificultades económicas en el contexto de la pandemia.

Las mujeres son mayoría entre las personas que viven solas (78,5%) y entre las que declaran tener dificultades para llegar a fin de mes (76,4%). La situación de las mujeres mayores atendidas por Cruz Roja es de mayor vulnerabilidad que la de los varones, tanto en lo que respecta a la salud física y psicológica como a la situación socioeconómica o a los problemas de accesibilidad.

Para las personas mayores, adaptarse a los cambios que ha ido marcando la COVID-19 ha supuesto un esfuerzo adicional, a veces incluso inalcanzable, especialmente cuando se habla de la tecnología.
Así, el 73,4% de las personas participantes en el estudio nunca utiliza internet a través del ordenador o el teléfono móvil, porcentaje que sube hasta casi el 90% si la población supera los 80 años de edad.

Entre quienes sí usan esta tecnología, los servicios de mensajería y las videollamadas (33,1%) les han permitido mantenerse en contacto con sus seres queridos. Sin embargo, uno de los impactos más negativos de esta brecha digital es la falta de acceso y manejo de las nuevas aplicaciones digitales para la gestión de servicios, prestaciones o incluso atención médica u otras gestiones sanitarias. La paralización de procedimientos administrativos ha afectado a personas mayores que estaban en proceso de tramitar algún tipo de pensión, ayuda técnica o determinación de la dependencia, lo que pudo dar lugar a la falta de ingresos o de cuidados.

El 50,5% de las personas encuestadas que no utilizan internet, o lo hace escasamente, asegura no saber cómo hacerlo, ni tener interés en ello, aunque un 6,7% quisiera aprender y no sabe cómo hacerlo; un 16,6% no dispone de ordenador o Tablet, y un 11,4% móvil con acceso a internet.

Asimismo, la pandemia ha enclaustrado a las personas mayores y ha cercenado sus posibilidades de socialización y envejecimiento activo. También les ha restado la capacidad para tomar decisiones, viéndose obligadas a seguir la normativa, los consejos o los mandatos de los demás en aras de su protección, pero sin su opinión en muchos casos.

DISCRIMINACIÓN POR "EDADISMO"

Esto también ha provocado un aumento en la discriminación por "edadismo" y más de un 80% afirman que reciben un trato diferente debido a su edad un 8,6% afirman que en los últimos 12 meses alguien ha tomado una decisión en su nombre sin consulta previa, y el 8% afirma que un profesional de la sanidad justifica sus dolencias como 'cosas de la edad', "recibiendo así un trato discriminatorio".

El 0,6% reconoce maltrato físico o psicológico, aunque el personal de Cruz Roja afirma que hay indicios de que estas situaciones se han agravado con la pandemia vinculado, entre otras causas, al incremento del estrés sufrido también por el personal cuidador, encerrados con la persona dependiente.

ESTADO DE SALUD

El 62,4% de las personas encuestadas ha afirmado tener un estado de salud regular, malo o muy malo, y un 22,9% señala que éste ha empeorado tras la pandemia.

El 44,9% afirma haber sufrido mucho con la suspensión y reducción de las consultas médicas, un 44,5% afirma haber experimentado un considerable deterioro del estado físico, y un 44,4% ha sentido soledad y aislamiento, y un 44,9% angustia y preocupación.

El miedo a los contagios y la enfermedad (cerca del 51%) ha actuado como factor de aislamiento y marginación, incluso cuando las medidas se fueron relajando. Más de la mitad de las personas mayores atendidas por Cruz Roja viven solas; el 55,6% afirma que se trata de una elección personal, y es mucho más frecuente entre las mujeres, y aún más entre las mayores de 80 años, que se convierte en el tipo de hogar mayoritario (62,7%).

El sentimiento de soledad es mucho más frecuente entre las personas mayores que viven solas, entre las cuales afecta a un 37,2% y, sobre todo, entre quienes no han elegido vivir en soledad, para las que la tasa alcanza el 48%. Además, en algunos casos también han tenido que superar en soledad duelos por la pérdida de un ser querido, la angustia, el miedo por la situación, o tristeza y dolor.

Los equipos de Cruz Roja señalan el fortísimo impacto psicológico de la pandemia en las personas cuidadoras, subrayando incluso intentos de suicidio. En general, se trata de cadenas de cuidado femeninas que, con la pandemia, el peso de la responsabilidad ha recaído aún más sobre ellas.

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