El director de investigaciones de Oxfam Internacional, Duncan Green, presenta su libro 'De la pobreza al poder', una obra que recopila la experiencia acumulada tras largos años trabajando al pie de la desigualdad e intentando explicar las causas de la pobreza extrema así como sus posibles soluciones.
-. ¿En qué consiste su teoría sobre la 'lotería del nacimiento'?
Parte del hecho de que cuanto pasa en la vida de una persona, la mayor parte de su destino, está decidido en su nacimiento. Depende de si naces en un país rico o pobre, en una ciudad o en el campo, y todo el esfuerzo que uno hace para mejorar su propia vida tiene un impacto muy pequeño comparado con la importancia de la determinación de su lugar de nacimiento. Es importante luchar contra la desigualdad para evitar diferencias como que una niña nacida en Sierra Leona tenga menos probabilidades de llegar a la adolescencia que otra nacida en Noruega.
-. Pero la igualdad en este sentido ¿No es una utopía?
Es utópico pedir que todos seamos iguales, pero sí podemos acabar con un sistema en el que los 500 más ricos del mundo ganan igual que los 416 millones de pobres. Esto es un desgaste terrible del potencial humano, algo inmoral amén de insostenible y contra lo que se puede luchar. Podemos reducir esta desigualdad extrema y obscena.
-. 'De la pobreza al Poder' plantea muchas realidades similares a ésta, que hacen difícil el optimismo.
Este libro es un paso atrás, una parada para dar una visión más general de la pobreza en el mundo. Es muy ambicioso, porque invita a conversar y sacar conclusiones sobre lo que pasa a nuestro alrededor a la vez que resume las conclusiones de ese tipo de conversaciones recogidas a lo largo del trabajo de Oxfam.
Además, en él hay muchas razones para el optimismo. En dos o tres siglos hemos vivido la abolición esclavitud, el sufragio universal, una reducción enorme de la pobreza desde el fin II Guerra Mundial, la desaparición del colonialismo. Ahora tenemos el desafío de acabar con la desigualdad extrema y encontrar un nuevo camino económico que se ajuste a la era del cambio climático, pero si hemos conseguido todo eso en tan poco tiempo, hay motivos para creer que podemos conseguirlo. Se puede aprender del éxito anterior.
-. En su opinión, ¿saldrá este nuevo modelo económico de la actual situación de crisis económica?
Los grandes cambios salen de las épocas de crisis, como la de los años 30, que dio a luz al Estado del Bienestar, y suelen ser cambios muy positivos. Ojalá que de este gran lío que tenemos ahora salga un cambio hacia un papel del Estado y las instituciones globales que traten de acabar con la extrema desigualdad.
-. ¿Cuáles serían las claves de ese cambio?
Lo más importante es que se necesitan Estados eficaces, que garanticen la salud, la educación, las infraestructuras y que hagan posible a la empresa invertir. A la vez, necesitas ciudadanos activos que empoderen a los pobres y los llamen a tomar su destino en sus manos. Ciudadanos que pueden hacer al Estado rendir cuentas ante la sociedad. El desarrollo verdadero está en la sociedad, pero para que cristalice, hace falta un Estado eficaz al frente.
-. ¿Considera que las sociedades modernas no consiguen hacer rendir cuentas a sus Estados?
Se ha mejorado mucho en cuanto a la transparencia de los Gobiernos, el ejemplo claro es el de América Latina, porque en los años ochenta casi la mitad de los países vivían bajo dictaduras militares. Ahora es al revés, hay una especie de nacimiento político y mucha gente se involucra para influir en la vida de la sociedad. Este es el camino que se está abriendo en África, porque aunque hay problemas muy serios en los distintos países, se empiezan a abrir paso los derechos humanos.
-. Entonces, ¿tiene solución el problema de África?
Allí empiezan a ver que el problema del continente es una cuestión política de construcción de Estados eficaces. El argumento del libro es muy similar al de los ciudadanos de África. La clave está en que hay que usar bien la ayuda oficial al desarrollo y lo que se recibe mediante la cooperación, aunque no se trata sólo de dinero, porque el problema fundamental es el Estado que garantiza la salud o las infraestructuras. En África falta ese Estado.
-. ¿Y por dónde empezar para construir ese Estado?
Por la educación, porque asegura que la siguiente generación va a tener un conocimiento sobre sus derechos y unas expectativas en la vida para ellos y su comunidad, pero también hay que empezar a construir instituciones. En esto trabajan desde hace muchos años las organizaciones y ya empieza a haber entidades asociativas africanas que pueden dar lugar a su creación.
-. ¿Qué pueden hacer el resto de ciudadanos del mundo?
El desarrollo parte de los mismos países y es un juego entre el ciudadano y el Estado. En el caso de los países del Sur, los actores principales están allí y no aquí. Sin embargo, tenemos un papel importante, aunque sea secundario, que consiste en asegurar que nuestros gobiernos y nuestras empresas hacen el bien y no el mal, en aquellas regiones. Tenemos que poner las instituciones cuando se necesitan y demostrar solidaridad con las luchas y los esfuerzos de los ciudadanos del Sur.