Palabra de vasco

Europa Press Sociedad
Actualizado: jueves, 11 diciembre 2008 20:08

Ignacio Uría fue "abatido como una pieza de caza". Lo dijo el señor obispo en la homilia por la última víctima de ETA. Tenía 71 años y se dirigía a echar una partida de cartas cuando fue alcanzado por dos de esos "cazadores-gudaris" del "Abertzale Club de Tiro de Euskal Herria", cuya especialidad y oficio es el disparo en la nuca.

Fue en su pueblo. Lo conocían todos, daba trabajo a muchos, pero en el lugar del crimen la Ertzaintza no tuvo que dispersar a ningún curioso. Nadie perdió el temple, nadie gritó: -¡Asesinos! Ni sus amigos de cuadrilla que buscaron a un suplente para seguir con la partida, ni su Ilustrísima el señor Obispo, que en el funeral, con la víctima de cuerpo presente, apeló a la "palabra", al diálogo con los cazadores del "Club de Tiro" y enigmático dijo que "no basta la pura justicia".

La "pura justicia", de la que recela Su Eminencia, debe ser la ley, la Guardia Civil, la Policía y el cumplimiento íntegro de penas. Xabier Arzalluz, otra voz profética de la tierra -suya es la parábola del árbol y las nueces- lo dijo más claro: "el pueblo tiene que aguantar, es el mejor camino para acabar con ETA, mucho más que los policías de Rubalcaba".

Es una doctrina que la Ertzaintza ya cumple a rajatabla. Mejor la resignación y el "valium" que otro sobresalto como el del "Espíritu de Ermua", aquel momento de rebelión ciudadana en el que los estrategas de Sabin Etxea ( la Casa de Sabino) temieron que la derrota de ETA fuese también la del nacionalismo democrático. Así piensa, así se expresa con su voto la mayoría, en las abertzales tierras de San Ignacio de Loyola, donde la esquizofrenia más que una demencia, es una ideología muy enraizada.

Ignacio Uría, "bueno como el pan", "era un hijo de este pueblo". Un "amante de Euskal Herria", según la declaración escueta y medida del gerente de su empresa. "Nació y ejercio su profesión" en Azpeitia, un pueblo gobernado por ANV, de la gran familia de los batasunos, que allí mismo, en el Santuario de Loyola, se sentaron con todos los parabienes a la mesa de negociación en los días de la tregua. Parientes también de los cazadores del Club de Tiro, de las "nekanes" de las Tierras Vascas que en el Parlamento Vasco votaron a favor de los sueños de autodeterminación del lehendakari Ibarretxe. Euskadi es una tierra de biografías cruzadas, de fines compartidos.

Hay quienes sostienen que el doctor Sigmund Freud hubiera hecho una gran carrera en el País Vasco. Tratan de explicar desde la psiquiatría que la Ertaintza no detenga a etarras, que el Gobierno vasco abomine de la derrota de la banda, que la Administración autonómica, con el apoyo socialista, financie los viajes a las cárceles para visitar a los etarras. También que después del asesinato de un vecino no se disuelvan inmediatamente los ayuntamientos gobernandos por ANV. Y sin embargo, la lógica es puramente política. Y más en vísperas de elecciones. Manda la táctica, el cálculo de los votos, esa "ética del poder" a la vasca, en la que es normal cuando asesinan a un vecino, que las cuadrillas, los políticos y hasta los monseñores, sigan con "su" partida de cartas.

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