En las últimas décadas ha habido cambios sustanciales en materia de igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Sin embargo, la discriminación de género sigue perpetuándose, minando los derechos de mujeres y niñas y aumentando su vulnerabilidad ante la pobreza extrema, la violencia y pandemias como el VIH/sida.
Es cierto que las mujeres tienen un mayor riesgo de contraer el VIH sida por factores biológicos; sin embargo, factores como la violencia y la discriminación, y sus consecuencias, son los que más están influyendo sobre la transmisión de la pandemia a millones de mujeres y niñas.
Según estudios recientes, el VIH puede ser causa y consecuencia de la violencia y discriminación de género. Vivir con el VIH aumenta la dependencia y marginación social de las mujeres, mina su autoestima y su autonomía y, por tanto, su capacidad de decidir sobre sus propias vidas. Esto repercute directamente sobre las relaciones de poder en el ámbito de la pareja y aumenta su vulnerabilidad ante la violencia ya que en muchos casos se produce o agrava el maltrato al culpárseles de contagiar al resto de la familia. El sida es a su vez, en muchos casos, consecuencia de la violencia de género al transmitirse, por un lado, a través del abuso sexual, de matrimonios forzados y por otro por la práctica de sexo no seguro impuesto por los varones ante la imposibilidad de las mujeres de negociar con sus parejas el uso de métodos preventivos.
Los acuerdos firmados por los gobiernos comprometiéndose a eliminar todas las formas de violencia y discriminación contra las mujeres no se están cumpliendo y la relación entre violencia, discriminación de género y transmisión del VIH sigue sin ser un eje prioritario de análisis y abordaje en las políticas, programas y prioridades de financiación.
Sin embargo, de cara a la prevención, es necesario, en primer lugar, garantizar que tanto hombres como mujeres estén debidamente informados; que se aborde en los programas de estudios la prevención del VIH y educación sexual desde la perspectiva de género para potenciar que se cuestionen los estereotipos y prejuicios existentes; que se promueva la responsabilidad de los varones y estén disponibles los medios necesarios (preservativos masculinos y femeninos) para prevenir la transmisión de la pandemia.
Debemos promover programas de capacitación como los que ya se está llevando a cabo en muchos contextos de Asia y África que proporcionen herramientas acerca de las relaciones y la comunicación intergeneracional para que hombres y mujeres de todas las edades trabajen codo a codo para reducir los conflictos familiares, potenciar que los varones se involucren en las tareas domésticas, aumentar las oportunidades de que las viudas reciban sus herencias, reducir y denunciar la violencia de género, aumentar el respeto y apoyo hacia los y las personas con VIH y aumentar el uso de los preservativos tanto dentro como fuera del matrimonio.
En segundo lugar, es imprescindible asegurar el acceso universal e igualitario al tratamiento ya que, aunque esté disponible en muchos casos, las mujeres son las últimas en acceder a él. Ante recursos limitados se sigue priorizando el bienestar de los varones por razones sexistas o incluso prácticas: los hombres son los que pueden mantener mejor a las familias ya que son los únicos que pueden acceder a la titularidad de la tierra debido a las leyes de herencia y propiedad discriminatorias.
Por último, es crucial que se proporcionen servicios de apoyo y asistencia a personas enfermas de VIH y dependientes y posibilidades de generación de recursos para mujeres que quedan a cargo de familias extensas afectadas por el VIH. En el mundo, las mujeres llevan a cabo hasta un 90% de la atención a las personas enfermas de sida además de desempeñar el resto de su trabajo. Asimismo, existen graves carencias en la atención a las víctimas de explotación sexual y violencia, atención en salud sexual y psicológica y programas de planificación familiar y prevención de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.
Rompamos el silencio, analicemos las causas de las desigualdades de género, cuestionemos los estereotipos, luchemos contra la discriminación sexista, promovamos los derechos de las mujeres a una vida digna, a una vida libre de violencia, con autonomía para tomar sus propias decisiones. Continuemos trabajando con paso firme a través de la educación para la igualdad y abordemos desde lo personal a lo político las causas de las desigualdades, denunciemos la discriminación y presionemos a nuestros gobiernos para que cumplan sus compromisos.
No podemos permitir que cada vez más mujeres y niñas sigan atrapadas en el círculo de la pobreza, la violencia y la discriminación, sin opciones ni capacidad de elección a la hora de prevenir la transmisión del VIH.
Ana Lydia Fernandez-Layos.
Responsable de género de Ayuda en Acción.