Las empresas, grandes y pequeñas, somos en gran medida responsables de la forma en la que evoluciona nuestra sociedad. Por eso, además de añadir valor a nuestros clientes y accionistas -condición básica para nuestra supervivencia-, debemos comprometernos con el sentir de la sociedad y con la realidad física que nos rodea. A eso me refiero cuando hablo de crecer de manera responsable y sostenible.
Estamos seguros de que en nuestro crecimiento debemos coordinarnos y escuchar las aportaciones de gobiernos, empresas, entidades no gubernamentales y del conjunto de la sociedad, siendo conscientes de que nuestra contribución a la sostenibilidad del entorno es imprescindible.
En DuPont, como compañía científica que somos, poseemos la experiencia y el saber hacer necesarios para diseñar nuevos productos con atributos que ayuden a proteger o mejorar la salud, la seguridad y el entorno natural. Usamos la ciencia para desarrollar productos y procesos en los que juega un papel condicionante la utilización de recursos y energías renovables, y la eficiencia en el uso del agua y los materiales.
Entendemos que por ahí ha de pasar nuestra manera de crecer y en base a estos preceptos articulamos nuestra actividad. Pero si me preguntan por nuestras claves del éxito (llevamos más de 200 años siendo líderes del mercado) les diré que el punto de partida de nuestra estrategia, es el compromiso con nuestros valores -Seguridad, Salud y Medioambiente, Ética en los Negocios y nuestra Gente-. Sólo de esa manera, los esfuerzos que dedicaremos a su salvaguarda serán sostenidos y pasarán a formar parte de los principios que guían nuestras decisiones de negocio.
A partir de ahí y como antes decíamos, hemos de ligar este empeño a un factor de competitividad y viabilidad empresarial. No olvidemos que las empresas no se pueden desligar de su deber de añadir valor al accionista, al tiempo que disminuyen el impacto ambiental y mantienen sus relaciones con la Comunidad. Así, tendremos que buscar la manera de convertir un reto en una oportunidad, por ponerles un ejemplo, a través de nuevas tecnologías que diferencien nuestro producto del de la competencia, usando energías renovables en nuestros procesos o añadiendo a nuestra oferta un mejor servicio.
Saber cómo y dónde podemos encontrar esas oportunidades suele ser la parte más complicada del proceso. Nuestros clientes, nuestros empleados o el departamento de I+D pueden ser interesantes fuentes de inspiración. Pero el ejercicio debe ser exhaustivo. Debemos analizar cada uno de nuestros procesos para conocer la causa de nuestros potenciales impactos en el entorno y trabajar de manera concienzuda y creativa para lograr reducirlos o eliminarlos. Estas soluciones pueden pasar por mejorar la productividad, recurrir a fuentes de energía alternativas, rediseñar la manera en la que los productos llegan al consumidor o, incluso, asesorar al cliente para que utilice nuestros productos de manera más eficiente.
En todo este proceso, como acicate y motivación, es imprescindible establecer métricas. Una referencia que nos ayude a valorar si nuestros pasos van en dirección correcta y que permitan también que esta eficiencia sea comprobada por entidades exteriores. Que nos permitan reconocer cuáles de los esfuerzos son más acertados y cuáles no llegan a justificar nuestro empeño.
De manera inherente al propio compromiso de la empresa que antes mencionábamos, está la necesidad de dedicar a este proceso recursos tanto profesionales como económicos. En nuestro caso una y otra vez se ha puesto de manifiesto que, lejos de suponer un coste, nuestro esfuerzo se ha convertido en una inversión que nos mantiene en el liderazgo de los mercados en los que operamos.
Enrique Macian Cardete.
Ingeniero industrial y director general del complejo de DuPont en Asturias.