Pocos son los conductores que aprovechan las vacaciones para solventar las deficiencias que tienen a la hora de conducir, y es que para sacarse el permiso de conducir generalmente se busca la superación del examen, y no el dominio del vehículo o la comprensión de los peligros que se afrontan en las vías públicas.
Por ello, en vacaciones hay muchas opciones de ocio para aprender a conducir, desde cursos para aprovechar la conducción ecológica con el menor gasto en combustible, la conducción todoterreno, el mantenimiento del coche, la conducción en situaciones extremas, clases de seguridad vial y una multitud de opciones, desde campamentos a universidades de verano.
Sin embargo, se trata solo de una parte de la reeducación necesaria para reducir las muertes en carretera, que nos sitúan como país en cabeza de Europa -uno de cada diez-. Pero todos somos conscientes de que reeducar implica que, previamente, se ha educado. En nuestro sistema actual de formación de conductores, el objetivo se centra en la memorización de conocimientos y la adquisición de habilidades, dejando de lado el tema de adquirir actitudes y valores, es decir, no se tiene en cuenta la Educación Vial del conductor.
En este aspecto, desde la Fundación José Pons consideramos que los profesores de autoescuela tienen un amplio papel que jugar, es el colectivo más preparado para transmitir, no sólo los conocimientos técnicos, sino los peligros que la falta de valores ante el volante pueden suponer para el propio conductor, pero sobre todo para el resto de la sociedad.
Estos profesionales ya están dando el "do de pecho" en los cursos de reeducación en las comunidades autónomas, al menos en la mayoría, porque es el único colectivo que puede desarrollar este papel con la dignidad necesaria.
También es necesario ponderar el valor de las cátedras de seguridad vial, cada vez más numerosas. Sus estudios, las aportaciones al conocimiento de la accidentalidad son de un valor incalculable para todos los sujetos implicados en la labor de acabar con los accidentes de tráfico.
El actual modelo de formación impartido en las autoescuelas cumple, salvo horrorosas excepciones, con las exigencias que les demanda la Administración, pero no parece el más adecuado a la vista de las estadísticas oficiales, puesto que los períodos de permanencia en los centros resultan insuficientes para formar conductores de "calidad".
Además, no se priman los contenidos de formación en lo concerniente a la educación' y "prevención". El objetivo y fin principal es obtener el permiso de conducir en el mínimo tiempo y en la casi totalidad de los casos bajo la presión de los aspirantes a conductor, que quieren obtenerlo lo antes y los más barato posible.
El verano es un buen momento para buscar soluciones a esas carencias que todos sabemos y que nos acompañan a la hora de de conducir, porque nuestra vida puede depender de esos conocimientos, ante un reventón, un encuentro frontal o un desfallecimiento por el calor. Lo más importante, ir y volver a casa en cada viaje. Algo, que desgraciadamente para muchos será un imposible.