Julián Casanova afirma que los conflictos con el clero, ETA y Gernika marcan la "difícil" relación de Franco y Euskadi

El historiador repasa en su reciente biografía de Franco episodios de su "persistente y compleja" vinculación de 40 años con el País Vasco

Archivo - El escritor Julián Casanova durante la presentación de su nuevo libro llamado ‘Franco’, en el Instituto Cervantes en Madrid.
Archivo - El escritor Julián Casanova durante la presentación de su nuevo libro llamado ‘Franco’, en el Instituto Cervantes en Madrid. - Fernando Sánchez - Europa Press - Archivo
Europa Press País Vasco
Publicado: viernes, 2 mayo 2025 13:08

BILBAO, 2 May. (EUROPA PRESS) -

El escritor e historiador Julián Casanova (Teruel, 1956) considera que la relación de Franco con Euskadi aunque "muy persistente en el tiempo", fue "compleja y muy difícil", marcada por los conflictos que tuvo que afrontar con el clero vasco, el surgimiento de ETA o el bombardeo de Gernika por sus aliados fascistas, episodio que marcó "un antes y un después" por "las mentiras que hubo que inventar para justificarlo".

En declaraciones a Europa Press Euskadi, el profesor de la Universidad de Zaragoza y la Central European University de Viena ha explicado los principales episodios vividos entre Euskadi y el dictador franquista, y que aborda en "Franco" (Crítica), biografía con la que culmina 40 años de investigación y tras consultar más de 150.000 documentos y archivos.

"La relación de Franco con el País Vasco fue muy diversa y persistente a lo largo del tiempo, desde el golpe de Estado de julio del 36 hasta su muerte en noviembre del 75", explica Casanova, quien detalla que "ya durante la Guerra Civil, Franco tuvo algunos conflictos con la Iglesia en Euskadi, especialmente en dos ocasiones".

Primero, indica, "a propósito del asesinato por parte de las tropas de los militares rebeldes de 16 sacerdotes vascos en el momento de la ocupación de San Sebastián, en septiembre del 36, cuando el cardenal Gomá le pidió a Franco que eso no se repitiera".

El segundo episodio, relata, fue el bombardeo de Gernika, "momento bastante conflictivo" cuando Franco, "dadas las mentiras que tuvieron que inventar sobre los autores del bombardeo", y preocupado por la repercusión en Europa, "pidió ayuda a la Iglesia Católica y trasladó al cardenal Gomá que necesitaba una carta pastoral donde dijera al Episcopado de todo el mundo que en zona nacional, no se asesinaba y la justicia reinaba en la zona nacional".

Casanova considera que, desde el País Vasco no solo es que empezara ETA, que fue sin duda "un producto de Franco", sino que, además, fue parte de la iglesia vasca la que "empezó a resistir y a disentir del franquismo" para ya, en sus momentos finales, es "cuando la Iglesia desempeña un papel bastante importante de disidencia y resistencia que a Franco le molestó especialmente y que provocó mucha desazón tanto en él como a las autoridades franquistas".

El autor afirma que Franco era consciente de que el País Vasco era "muy importante desde el punto de vista industrial y había desempeñado un papel muy importante también durante la guerra".

Sin embargo, esa visión no estaba exenta de conflictos, como los asesinatos de sacerdotes, "cuando se suponía que solo se asesinaban sacerdotes en la zona republicana".

Casanova también apunta como otros de los momentos difíciles la derogación del Estatuto de Autonomía y de todos los acuerdos económicos y de los fueros en Bizkaia y Gipuzkoa, no así en Álava, por considerarlas "traidoras a la patria".

VERANEOS EN SAN SEBASTIÁN

El historiador también alude, pasada la guerra, a la relación "muy muy persistente que inició con San Sebastián, después de que, en 1940, el alcalde carlista de San Sebastián, Antonio Pagoa, comprara el palacio de Aiete para cedérselo a Franco.

Desde allí, recuerda, "partió Franco para la famosa entrevista de Hendaia, y a partir de 1941, comenzaba sus veraneos desde allí, donde además celebraba un consejo de ministros y partía, como una rutina todos los veranos hacia Meiras, normalmente en el Azor".

Durante esos veranos, subraya Casanova, "Franco tenía muchísima relación y muy intensa con las autoridades militares y civiles, iba a corridas de toros, a campeonatos de pelota vasca".

Igualmente, a partir de la Ley Orgánica de 1966, era durante su estancia en Aiete donde designaba a los 40 procuradores a las cortes franquistas que eran conocidos como 'los 40 de Ayete'.

Casanova fija la fase final de esta relación a partir del proceso de Burgos y periodo en el que Franco mantiene "una relación muy difícil con ese clero del País Vasco que empieza a apoyar a comunidades cristianas y a obreros y que, por supuesto, protestan frente a la dictadura, frente a la tortura", y cuando, además, "algunos de ellos tienen conexiones con ETA" y que, entre los encausados, "figuraban dos sacerdotes que acaban siendo indultados en ese proceso".

Otro episodio en el que se detiene Casanova es el conocido como caso Añoveros, el obispo de Bilbao, quien, en 1974, en el tardofranquismo, pronuncia una homilía a favor de la "justa libertad" del pueblo vasco y de un sistema político que fuese respetuoso con su "identidad específica".

Aquello, recuerda Casanova, desencadenó "un conflicto profundo" ya que el presidente del Gobierno, Arias Navarro, quería echarlo de España y el enfrentamiento obligó a Franco a tener que "intervenir".

UNA BIOGRAFÍA NO CONVENCIONAL

Casanova explica en la nota final de su obra, que va por su segunda edición, que no ha planteado en su obra "una biografía convencional en la que el individuo o fuerzas impersonales o estructuras sin identificar determinan la historia".

Se trata de una biografía "escrita después de muchos años de investigación dedicados a su dictadura, la violencia y los debates sobre fascismo y autoritarismo" porque, subraya, "Franco no fue la causa de todo lo que pasó en España de 1936 a 1975, ni la consecuencia inevitable, una especie de predestinación por la que todas sus acciones estaban ya asignadas para acabar como sucedieron".

El historiador aragonés reconoce que "se sabe mucho sobre Franco, más que sobre cualquier otro personaje de la historia contemporánea de España", por lo que el reto, 50 años después de su muerte, ha sido para él "usar la biografía para los procesos históricos complejos que protagonizó y no concentrar el foco en su vida privada y personalidad".

Su biografía tiene, en ese sentido, "dos grandes ambiciones", por un lado, que los lectores comprendan que "la historia es una herramienta que ilumina acontecimientos que solo se entienden mediante la indagación seria y minuciosa de las fuentes".

Por otro, que "frente a lo que muchos creen, amparados en el uso político de la historia desde el presente, el juicio sobre la maldad o bondad de los personajes del pasado no es un concepto histórico".

Tal y como destaca, "la función de la historia es comprender las fuerzas políticas, sociales y culturales que configuraron el ascenso al poder y las decisiones tomadas por Franco durante cuatro décadas".

En su opinión, "tiene que ser posible, 50 años después, volver la vista a ese pasado y no buscar solo aprobación o condena". Conseguirlo, concluye, "sería una buena recompensa" para su biografía y sus enseñanzas como historiador.

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