Publicado 14/12/2021 14:20CET

¿Cómo era Mallorca hace 247 millones de años?

Estudios de fósiles de fauna en las rocas de la Serra de Tramuntana
Estudios de fósiles de fauna en las rocas de la Serra de Tramuntana - ICP

"Debemos imaginar una zona de grandes ríos y llanuras de inundación y con un clima tropical", explica el investigador principal

PALMA, 14 Dic. (EUROPA PRESS) -

Una investigación del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) ha logrado describir de forma exhaustiva un ecosistema de gran diversidad de fauna y flora hace 247 millones de años a partir de las rocas de la Serra de Tramuntana.

Según ha informado el Institut Català de Paleontologia, el estudio está liderado por Rafel Matamales, quien recientemente ha sido nombrado conservador del Museo Balear de Ciencias Naturales.

El estudio detalla la fauna y flora que habitaba en esa zona poco tiempo después de una etapa de extinción devastadora, en la que desaparecieron entre un 80 y un 95 por ciento de las especies en la Tierra.

En concreto, se han referido al período Triásico medio, cuando "el planeta tenía un aspecto muy distinto" al actual. "La mayor parte de tierra emergida estaba agrupada en un único supercontinente, Pangea. En una zona próxima al ecuador terrestre de esta gran masa de tierra se ubicaba lo que, mucho tiempo después, se convertiría en la isla de Mallorca", han explicado desde el ICP.

El equipo de investigación ha analizado unas de las rocas más antiguas de Mallorca, que afloran en varios puntos de la Serra de Tramuntana. "Debemos imaginar una zona de grandes ríos y llanuras de inundación y con un clima tropical", explica Matamales.

Estas condiciones permitieron que las comunidades biológicas se recuperasen después de la gran extinción, como atestigua la gran diversidad de flora y fauna fosilizadas en estas rocas. "En los depósitos correspondientes a ríos y charcas hemos encontrado fósiles excepcionalmente bien preservados de crustáceos, insectos y peces", comenta el investigador.

Concretamente, se han identificado cuatro especies de ninfas y dos adultos de efemerópteros (unos insectos emparentados con las libélulas), alas de cucaracha y un pez. También abundan los concostráceos, unos crustáceos cuyo aspecto recuerda al de una pequeña almeja, aunque no están emparentados con los bivalvos.

En los depósitos correspondientes a la llanura de inundación se han identificado rastros de escarabajos, tortuguitas (unos pequeños crustáceos conocidos también como Triops) y otras larvas de insectos.

"Cerca de uno de estos antiguos ríos, incluso hemos identificado huellas de cuatro reptiles diferentes, parecidos a las salamandras actuales", ha detallado el investigador.

La flora asociada a este ambiente se caracterizaba por la presencia de helechos, colas de caballo (equisetos) y coníferas. Incluso se han encontrado conos (piñas) de coníferas que todavía contienen polen.

"Toda esta flora y fauna, conjuntamente con la información que nos proporciona la geología, nos hace pensar en un ambiente con mucha agua circulante y también zonas con charcas y agua estancada durante la estación húmeda, que probablemente se secaban parcialmente durante la estación seca", ha señalado Matamales.

Según ha destacado, esta fauna y la flora es parecida a la que aparece en el centro de Europa en la misma época, lo que revela una conexión biogeográfica entre estas dos zonas, aunque estaban separadas por una gran cordillera que se extendía por gran parte de la actual Europa: "O bien estas montañas no eran lo suficientemente altas para impedir el tránsito de la flora y la fauna, o bien había corredores que permitían la circulación de los animales".

Además de Matamales, el equipo de investigación que ha llevado a cabo el estudio está formado por Enrique Peñalver (Instituto Geológico y Minero de España, CSIC), Eudald Mujal (Staatliches Museum für Naturkunde Stuttgart), Oriol Oms (Universitat Autònoma de Barcelona), Frank Scholze (Institut für Geowissenschaften, Friedrich-Schiller-Universität Jena), Josep Juárez (Museo Balear de Ciencias Naturales), y Àngel Galobart y Josep Fortuny (Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont).