El integrante mallorquín de la flotilla denuncia agresiones, malos tratos y hacinamiento: "Lo tienen todo muy estudiado"

Activists, journalists and medics gather aboard boats during the departure of the Global Sumud Flotilla mission from Marmaris, Turkeye, and set sail for Gaza in an international humanitarian effort aimed at challenging the blockade.
Activists, journalists and medics gather aboard boats during the departure of the Global Sumud Flotilla mission from Marmaris, Turkeye, and set sail for Gaza in an international humanitarian effort aimed at challenging the blockade. - Abdelrahman Alkahlout / Zuma Press / Europa Press
Europa Press Islas Baleares
Publicado: sábado, 23 mayo 2026 19:35

PALMA 23 May. (EUROPA PRESS) -

El integrante mallorquín de la Global Sumud Flotilla, Toni Riera, ha denunciado públicamente las agresiones, malos tratos y hacinamiento sufridos por los activistas durante el tiempo que han estado retenidos por las autoridades de Israel.

Riera ha aterrizado la tarde de este sábado en el aeropuerto de Palma después de que tras semanas a bordo de la flotilla a Gaza fuese interceptado y detenido por las fuerzas israelís.

Después, junto al resto de activistas españoles --al menos seis de ellos, contando a Riera, son de Baleares--, fueron deportados a Turquía, desde donde han regresado a sus casas.

El activista mallorquín, en declaraciones a los medios de comunicación recogidas por IB3 Ràdio, ha recordado cómo un grupo de soldados abordó la embarcación en la que él navegaba.

"Íbamos en dirección a Gaza cuando se nos acercó un barco de guerra, los soldados bajaron en una zódiac e hicimos todo lo que nos dijeron: plegamos las velas, apagamos el motor y nos pusimos en la proa con la cabeza en el suelo", ha rememorado.

De allí les llevaron hasta una embarcación de grandes dimensiones y les pusieron, tirados en el suelo y con los ojos tapados, en una zona de la cubierta cercana al motor.

"Lo tienen todo muy bien estudiado, porque no sabes a dónde te llevan y estás horas y horas sin moverte. Los soldados pegaban gritos, hacían ruidos, todo muy preparado. Después nos dimos cuenta que nos estaban dando vueltas. Esos son sus sistemas", ha explicado.

Tiempo después pasaron a un segundo barco con estructuras similares a los contenedores de mercancías, donde introdujeron, siempre según el activista, a cerca de dos centenares de personas.

"No había sitio para todos, había diez o doce que siempre tenían que estar de pie, toda la noche. Si salías fuera, te ponían el puntero láser de los soldados encima, te apuntaban en la cabeza. Todo el tiempo así, sin comer, sin servicios sanitarios, con unos bidones en los que se iban acumulando los excrementos y los orines...", ha señalado.

Los soldados, en grupos de siete u ocho, les tiraron al suelo y les comenzaron a pegar patadas y a arrebatarles las gorras o las gafas. Antes de dormir, ha dicho, les mojaban la ropa para que estuvieran incómodos.

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