Actualizado 24/11/2022 18:32

El Jurado declara culpable al acusado de drogar y ahogar a su esposa en un jacuzzi en Menorca

El acusado por el crimen del jacuzzi, escuchando el veredicto.
El acusado por el crimen del jacuzzi, escuchando el veredicto. - TSJIB

   La defensa pide la pena mínima

   PALMA, 24 Nov. (EUROPA PRESS) -

El Jurado ha declarado a Eduardo E.E.R. culpable de asesinato, considerando acreditado que el 18 de junio de 2018, en Menorca, drogó a su esposa, Elisabeth P.M., preparándole un cóctel con una dosis letal de MDMA en un vaso de sangría, y que después la ahogó introduciendo su cabeza bajo el agua en un jacuzzi para fingir una muerte accidental.

El Jurado reunido en la Audiencia Provincial de Palma ha emitido este veredicto por unanimidad. Tras escucharlo, la Fiscalía y el Govern balear han reiterado su petición para que se condene al acusado a la pena máxima, de 25 años de cárcel, mientras que la defensa ha solicitado la mínima aplicable.

Las acusaciones también piden una indemnización de 150.000 euros para los padres de la fallecida.

El suceso tuvo lugar en una nave industrial de Ciutadella, en junio de 2018, e inicialmente se trató como un accidente por la versión que el hombre contó a la Policía: que se había quedado dormido y se había encontrado a su mujer ahogada.

Por ello, el viudo no fue detenido hasta noviembre de 2019, cuando una grabación de ocho horas encontrada en el móvil de la víctima le incriminó. Este audio se ha convertido en una prueba fundamental para condenarle. En él se escuchan vómitos y náuseas, a ella decir "me muero" y a él decir "déjala que se muera".

En el juicio, el hombre, de origen venezolano, mantuvo la versión del accidente. Sus explicaciones no han logrado convencer al Jurado, que de forma contundente ha apoyado las tesis del Govern y la Fiscalía. "La declaración del acusado es incongruente respecto a las pruebas", recoge el veredicto.

Así, el Jurado ha considerado probado que, sobre las 3.20 horas, Eduardo E.E.R. preparó un vaso de sangría con una dosis importante de MDMA, se dirigió al cuarto de baño y se lo ofreció, siendo perfectamente consciente de las consecuencias que tendría. El Jurado entiende que el acusado conocía los efectos de la droga en su esposa, puesto que se la había administrado otras veces y él era consumidor habitual.

Siguiendo con el veredicto emitido, sobre las 3.40 horas la mujer comenzó a sentir los efectos del éxtasis pero su esposo no hizo nada por ayudarla. Como ha señalado el Jurado, en la grabación encontrada en el móvil de la mujer se puede oír a la víctima agonizando entre vómitos, sin que se escuche al hombre intervenir ni pedir auxilio.

A las 4.16 horas la mujer cayó al suelo golpeándose la cabeza y el hombre la arrastró hasta la habitación en la que estaba el jacuzzi, parcialmente lleno de agua. Según los testigos, apenas había dos palmos, otro indicio que ha llevado a descartar la posibilidad del ahogamiento accidental. Así, el Jurado ha considerado probado que el hombre metió la cabeza de su mujer bajo el agua hasta matarla.

La hora de la muerte se situó aproximadamente a las 5.00 horas, y el hombre no llamó al 112 hasta las 5.50 horas.

Además, en cuanto a las agravantes, el veredicto también considera que el hombre actuó asegurando la muerte de su mujer al drogarla con una dosis letal, de manera que no pudiera defenderse. Respecto al parentesco, víctima y asesino llevaban casados desde 2010.

"SUMAMENTE CELOSO Y POSESIVO"

El veredicto también se ha pronunciado sobre la dinámica de sometimiento entre ambos. Al menos desde 2012 el hombre era "sumamente celoso y posesivo", con una actitud "controladora y de dominación hacia ella". Las conversaciones de sus familiares, una vecina y una trabajadora social, mensajes entre los esposos y las denuncias y partes médicos por graves episodios ocurridos en Barcelona y Menorca, "corroboran el control y sumisión" sobre la víctima.

En Barcelona, la mujer fue hospitalizada con desgarros en la zona anal y genital tras una agresión sexual por la que denunció a su esposo. Acusó a su marido de haberle introducido con violencia un aparato de masturbación mientras la llamaba "puta" y aseguraba que ella le había sido infiel, ignorando su llanto mientras lo hacía. Esta agresión la dejó sangrando y fueron al hospital, donde estuvo ingresada dos días. Tuvo que recibir puntos de sutura. En el hospital pudo aprovechar un momento de distracción para pedir auxilio.

Sin embargo, terminó retirando su denuncia. Lo mismo hizo con la denuncia que presentó en 2013 por otro episodio de violencia de género. El hombre, tras cerrar con llave la casa, la habría golpeado mientras le decía que había sido infiel. Ella escapó por una ventana y pidió ayuda a una vecina. Tras pasar un tiempo por un piso de acogida, volvió con él.

El Jurado se ha pronunciado desfavorablemente sobre un posible indulto.

UN SEGURO DE 300.000 EUROS SOBRE EL QUE MINTIÓ

La víctima tenía dos seguros de vida por 300.000 euros, y sí cubrían el ahogamiento, algo que el esposo acusado del crimen negó en su declaración.

En un mensaje enviado a un amigo, Eduardo manifestaba: "Joder, vamos a por los seguros de vida de Elisabeth, uno tiene 150.000 y el otro también 150.000, ahí está el futuro de Barbarroja [su empresa]".

La empresa estaba a nombre de su mujer, si bien cuatro meses antes del crimen él se interesó por conseguir poderes para su control en caso de enfermedad, accidente o muerte.

UNA TESTIGO CLAVE NO QUISO DECLARAR

En la nave industrial, la noche de los hechos, se encontraba una amiga de la infancia de la víctima que había ido a visitarla. Sin embargo, según los policías locales que acudieron al lugar, estaba "aterrorizada" del acusado. En cuanto pudo se marchó y no quiso declarar desde Venezuela.

Sin embargo, han sido fundamentales los mensajes en los que esta mujer avisaba de la muerte a la hermana de la fallecida, y le rogaba que no viajara a Menorca. La hermana recibió estos mensajes al aterrizar en Barajas, en el lapso antes de tomar la conexión a Mahón, y se los enseñó a un Policía Nacional.

"No vengas para Menorca, pasó una tragedia, algo malo. No sé cómo decírtelo, Eli ha fallecido, creo que no fue un accidente, para mí Eduardo tiene que ver. No vengas porque es peligroso", le advertía. La mujer también indicó a la hermana de su amiga que creía que el hombre la había intentado drogar. "No vengas, a tu hermana la asesinó Eduardo. Él drogó a Eli, siento que la ahogó en el jacuzzi", le dijo.

BUSCADO INTERNACIONALMENTE POR EL HOMICIDIO DE OTRA MUJER

Cabe señalar que Venezuela dictó una orden de extradición contra el hombre por el homicidio de una mujer en 2010. Sin embargo, al contar con nacionalidad española, la extradición se denegó.

Según consta en una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, la mujer desapareció el 31 de diciembre de 2009. Sólo dos días después, Eduardo E.E.R. abandonaba el país rumbo a Europa para nunca más volver. El 5 de enero de 2010, sobre las 6.00 horas, el cadáver de la mujer fue encontrado sobre la tierra cerca de un pozo, en un lugar apartado, en el estado venezolano de Miranda.

El cuerpo fue hallado en estado de descomposición y sin ropa. Presentaba una herida en la sien izquierda y junto al cadáver se encontraron un zapato, una pulsera y una pieza de un vehículo. La investigación de las autoridades venezolanas señaló como responsable a su pareja, y en febrero se dictó una orden de detención por delitos de homicidio y violencia sexual.

En 2015 fue detenido por la Guardia Civil en Barcelona pero la extradición fue denegada. Cuando huyó de Venezuela, el hombre ocultó a la que ya era su esposa que le buscaban por homicidio. En cambio, le dijo que había sufrido un secuestro, en el que le habían encañonado y robado un vehículo y que eso le había producido "un trauma psicológico muy grave" que le había llevado a marcharse.

Así, cuando ella viajaba a Venezuela para realizar gestiones, él jamás la acompañó, a pesar de que se ponía "muy celoso" y estaba "obsesionado" con que le engañaba con otros hombres en América; hasta el punto de que le hacía dejar encendido un portátil con una cámara web para que él pudiera comprobar que por la noche no entraba nadie en su habitación.

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