1 de abril de 2020
 
Publicado 21/02/2020 22:38:58 +01:00CET

Arrancan los siete días de "reducción de la violencia" en Afganistán, paso previo a un posible acuerdo de paz

Milicianos talibán se entregan en Herat
Milicianos talibán se entregan en Herat - GETTY IMAGES / MAJID SAEEDI - Archivo

La firma del acuerdo el 29 de febrero abrirá un proceso de conversaciones entre Kabul y los talibán

MADRID, 21 Feb. (EUROPA PRESS) -

El periodo de siete días de "reducción de la violencia" pactado entre el Gobierno de Estados Unidos y los talibán ha entrado en vigor en la medianoche de este viernes (las 20.30 en la España peninsular y Baleares), un avance que abre la puerta a un posible acuerdo de paz entre el Ejecutivo afgano y los insurgentes tras más de 18 años de guerra.

El acuerdo, anunciado este viernes por el secretario de Estado y confirmado posteriormente por los talibán, da el pistoletazo de salida a siete días que se verán seguidos, en caso de que se respeten los compromisos, a la firma del acuerdo entre ambas partes.

La firma de este acuerdo entre Washington y el grupo armado derivará en la salida del país de las tropas internacionales, desplegadas tras la invasión del país en 2001 para derrocar el Emirato Islámico de los talibán, lo que era la principal exigencia de los insurgentes.

Este repliegue y retirada final cumplirá con el deseo del presidente estadounidense, Donald Trump, de poner fin a la presencia militar extranjera en el país centroasiático.

Fuentes oficiales citadas por la cadena de televisión CNN han indicado que en un primer momento se reducirá el nivel de militares estadounidenses desplegados de entre 12.000 y 13.000 hasta los 8.600, tras lo que habrá pasos progresivos y "condicionados".

Una vez se concrete la firma del acuerdo de paz entre Estados Unidos y los talibán se abre un periodo en el que se espera que el Gobierno de Kabul --que hasta ahora no ha participado en los contactos de forma directa-- inicie conversaciones con los insurgentes.

El propio presidente del país, Ashraf Ghani, ha manifestado durante la jornada de este viernes que el acuerdo "es un paso importante hacia un alto el fuego y una paz duradera" y ha pedido "actuar con cautela" durante este periodo de "reducción de la violencia", que no una tregua.

Así, ha recalcado que las fuerzas afganas "sólo actuarán si tienen que defenderse a sí mismas o a la población", al tiempo que ha asegurado que las operaciones contra Al Qaeda y el grupo yihadista Estado Islámico continuarán en marcha.

En esta línea se ha expresado el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Yaued Faisal, quien ha destacado que las fuerzas de seguridad están preparadas para aplicar el plan y ha expresado su deseo de que los talibán se ciñan igualmente a los compromisos.

Por su parte, los talibán han dado instrucciones a sus combatientes para que respeten el periodo de "reducción de la violencia" y ha informado a sus combatientes de que "todos los muyahidín tienen que acatar las obligaciones que se les asignen en los próximos siete días, mantenerse en alerta defensiva en caso de violación por la oposición y contenerse estrictamente de entrar en territorio enemigo".

EL ACUERDO

El acuerdo anunciado este viernes es el colofón a varios meses de esfuerzos diplomáticos por parte de Estados Unidos y los talibán, principalmente en la capital de Qatar, Doha, para intentar alcanzar un acuerdo que permita el fin de la guerra en el país.

Pompeo ha destacado que las conversaciones buscan "facilitar un acuerdo político para poner fin a la guerra en Afganistán, reducir la presencia de fuerzas estadounidenses y aliadas y garantizar que ningún grupo terrorista usa el territorio afgano para amenazar a Estados Unidos o a sus aliados".

Asimismo, ha resaltado que las partes se preparan para firmar el acuerdo el 29 de febrero, cuando finalizarán los siete días de "reducción de la violencia" y que "las negociaciones intraafganas empezarán poco después" para intentar pactar un alto el fuego permanente y una 'hoja de ruta' política".

En este sentido, los insurgentes han confirmado que las partes han llegado al compromiso de que "no se permitirá que la tierra de Afganistán sea usada contra la seguridad de otros para que nuestro pueblo pueda vivir una vida próspera y pacífica a la sombra de un sistema islámico, si Dios quiere".

Por otra parte, los talibán han incidido en que el acuerdo alcanzado con Washington también prevé la liberación de prisioneros así como "estructurar una vía para la negociación entre afganos con varios partidos políticos del país" y "en último término, sentar las bases para la paz en todo el país, con la retirada de todas las tropas extranjeras".

El 'número dos' de los talibán, Sirajudín Haqqani, resaltó el jueves en un artículo de opinión publicado en 'The New York Times' que los insurgentes "están totalmente comprometidos" con cumplir a rajatabla el acuerdo y agregó que "la muerte y las mutilaciones deben terminar".

El también líder de la Red Haqqani manifestó que "ningún acuerdo de paz (...) llega sin compromisos". "Que hayamos mantenido estas turbulentas conversaciones con el enemigo al que hemos combatido amargamente durante dos décadas, incluso cuando llovía muerte desde los cielos, es prueba de nuestro compromiso con el fin de las hostilidades y con lograr la paz en el país", agregó.

En lo relativo al futuro político de Afganistán, Haqqani sostuvo que "dependerá de un consenso entre los afganos" y argumentó que los afganos serán capaces de "encontrar un camino para construir un sistema islámico en el que todos los afganos tengan los mismos derechos, donde los derechos de las mujeres garantizados por el islam (...) sean protegidos y donde el mérito sea la base para la igualdad de oportunidades".

Los derechos fundamentales de la población, y especialmente de las mujeres, estuvieron severamente coartados durante el régimen talibán entre 1996 y 2001 debido a la estricta interpretación de la ley islámica por parte del grupo.

CONTEXTO POLÍTICO

El acuerdo ha sido anunciado tras un año en el que los talibán han incrementado el número de ataques contra las fuerzas de seguridad y las tropas internacionales y apenas unos días después de que la comisión electoral haya confirmado la victoria de Ghani en las presidenciales de 2019.

Los resultados han sido rechazados por sus principales rivales, incluido el primer ministro, Abdulá Abdulá, quien había denunciado irregularidades en la votación y había presentado numerosas demandas contra la declaración de Ghani como ganador.

El mandatario se impuso con poco más del 50 por ciento de los votos en unas elecciones en las que participaron 1,9 millones de afganos, lo que supone menos del cinco por ciento de la población del país, de unos 40 millones de habitantes.

La victoria de Ghani fue igualmente rechazada por los talibán, cuyo portavoz recordó que el grupo ya había manifestado su oposición a las "elecciones falsas bajo la sombra de la ocupación" y, por tanto, tampoco aceptan la victoria del presidente.

Los insurgentes han rechazado en todo momento la participación de Ghani y su Gobierno en las conversaciones, al considerarlos "títeres" de Washington y considerar prioritario acordar primero los principales puntos con la Administración de Trump.

De esta forma, el presidente tendrá que iniciar próximamente un proceso de conversaciones directas con los insurgentes, que han logrado avances territoriales en los últimos años, y con una importante división en el seno de la población y los líderes políticos.

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