Crónica Francia.- Sarkozy promete una ruptura "con las ideas del pasado" tras vencer en las presidenciales

Actualizado 07/05/2007 1:20:10 CET

Los líderes internacionales, en especial Bush, felicitan a Sarkozy por su victoria

PARÍS, 6 May. (del corresponsal de EUROPA PRESS, Salvador Martínez) -

Nicolas Sarkozy, el aspirante del partido gubernamental francés Unión por un Movimiento Popular (UMP), ganó las seguda vuelta de las presidenciales con un 53,36 por ciento de los votos. Su rival, la aspirante de Partido Socialista (PS) francés, Ségolène Royal, consiguió el 46,64 por ciento de las papeletas, según el Ministerio del Interior Francés, que cuenta con datos relativos al 80 por ciento del escrutinio.

La participación final podría rozar el 85 por ciento, una cifra que casi alcanza el récord histórico de participación de la segunda vuelta de la elección presidencial de 1974, en la que un 87,3 por ciento del electorado acudió a la cita con las urnas.

La movilización, un 6,39 por ciento mayor que en la última elección presidencial, no favoreció a la aspirante socialista, quien inmediatamente después la publicación de las primeras estimaciones sobre los resultados de la votación celebrada en la jornada de hoy protagonizó una alocución en la que asumió la derrota.

Sin embargo, Royal mostró su esperanza de "renovación de la izquierda" que ella pretende "profundizar" gracias al mantenimiento "de la energía" y a través de "nuevas convergencias más allá de las fronteras actuales". El esfuerzo político que ella pretende liderar, "estoy segura", dijo, "traerá sus frutos en nuevas citas electorales".

SARKOZY, PRESIDENTE DE TODOS LOS FRANCESES

Poco después de que Royal admitiera su derrota, el nuevo presidente electo protagonizó una intervención en la que se presentó como "el presidente de todos" los franceses y, en este sentido, mostró "respeto" por Ségolène Royal y unas ideas "en las que tantos franceses se han reconocido". "Un presidente debe amar a todos los franceses", dijo el nuevo presidente electo.

"Ahora me toca darle a Francia todo lo que me ha dado", dijo en su intervención tras afirmar que amaba a Francia "como a un ser querido" que le ha dado todo. "Voy a rehabilitar el trabajo, la autoridad, el respeto, el mérito, la nación y la identidad nacional", proclamó.

Tras dirigirse tanto a los franceses que le votaron como a los que no lo hicieron, la intervención de Sarkozy adquirió un remarcable acento internacional.

De este modo Sarkozy se dirigió a los países miembros de la Unión Europea (UE), al afirmar que durante toda su vida ha sido "europeo" y que cree "profundamente en la construcción europea", razones por las cuales manifestó que, con él en la jefatura del Estado, "Francia está de nuevo en Europa".

También se dirigió a los Estados Unidos. Si bien confirmó su "amistad" hacia ese país y la alianza entre franceses y estadounidenses, Sarkozy recordó que la amistad "es aceptar que sus amigos puedan pensar de manera diferente". Así, el nuevo presidente francés electo reprochó a los Estados Unidos "obstaculizar la lucha contra el calentamiento del planeta".

Del mismo modo, Sarkozy insistió en su proyecto de "construcción de una Unión Mediterránea" para imponerse "a los odios a través de un "gran sueño de paz". Será, según Sarkozy, lo que se hizo "hace 60 años para Europa" pero "puesto en marcha para el Mediterráneo".

En última instancia, Sarkozy lanzó una llamada "fraterna" al continente africano para "decidir juntos una política de desarrollo ambiciosa y una política de inmigración controlada".

FELICITACIONES INTERNACIONALES A SARKOZY

El ámbito internacional reaccionó rápido a la victoria de Sarkozy anunciada por las primeras estimaciones. En los instantes posteriores a la victoria del líder de la UMP se dio a conocer que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, llamó por teléfono a Sarkozy para "felicitarle" y "confirmar la alianza histórica" entre galos y estadounidenses.

Por su parte, cinco líderes europeos, Romano Prodi, Tony Blair, José Luis Rodríguez Zapatero, Ángela Merkel y José Manuel Durao Barroso se manifestaron rápidamente para felicitar a Sarkozy por el resultado previsto por las estimaciones.

También hubo felicitaciones de la rivera sur del mediterráneo, pues el presidente Argelino, Abdelaziz Bouteflika y el rey de Marruecos, Mohammed VI, manifestaron que hoy era "un día histórico" para las relaciones entre esos países y Francia. Por su parte, Hosni Mubarak, el presidente Egipcio también felicitó a su nuevo homólogo galo. En Francia, el presidente, Jacques Chirac también quiso manifestar su felicitación a Sarkozy.

En un tono menos amable se pronunció el centrista François Bayrou, quien se comprometió "vigilar" la gestión del nuevo presidente electo gracias a un nuevo partido que verá la luz esta semana, el Movimiento Demócrata, con el cual pretende realizar la tarea del "contrapoder" que a su modo de ver, necesita Francia.

SARKOZY CELEBRA LA VICTORIA

Tras cenar en un restaurante parisiense situado en los Campos Elíseos, Sarkozy celebró su victoria en la Plaza de la Concordia con sus militantes en pleno Corazón de París -- quienes todavía lo hacen --.

Los militantes de la UMP sabían desde las 16:00 horas de esta tarde que en caso de que ganara su candidato deberían acudir a la céntrica plaza parisiense, para protagonizar una "gran fiesta popular" en la que participan varios artistas franceses y entre los que se encontraron diversas personalidades del mundo del espectáculo que han participado en la campaña de Sarkozy, como el rockero Jhonny Holliday o el cantante árabo-andaluz, Enrico Macias.

Los militantes socialistas se reunieron en la Plaza de la Bastilla, no para celebrar la victoria como preveían, sino para protagonizar una reunión de apoyo a una Royal decidida "renovar la izquierda" y, como se ocurrió al final de la manifestación, protestar de manera violenta contra la policía que velaba por la seguridad de los manifestantes afines a Royal.

Se registraron algunos lanzamientos de piedras contra los agentes del orden aunque los autores fueron reprendidos. Las imágenes de violencia se repitieron en ciudades como Lyon o Brest sin que se pudiera hablar de verdaderas alteraciones del orden público.