La necesidad de reformas en la economía y la adopción del euro, cuestiones a las que se enfrentará el nuevo Gobierno
BUDAPEST, 22 Abr. (EP/AP) -
La coalición de partidos en el poder, dirigida por los socialistas, llega a la segunda vuelta de las parlamentarias de mañana con una ligera ventaja, de manera que el Gobierno del primer ministro Ferenc Gyurcsany podría ser el primero en hacerse con un segundo mandato desde la caída del comunismo en Hungría.
Los votantes decidirán mañana quién ocupara los 174 escaños que quedan por cubrir del total de 386 que tiene el Parlamento, después de los comicios del pasado 9 de abril, en los que los socialistas se impusieron con el 43,21% de los votos.
Mientras, los conservadores de la Unión Cívica Húngara, o Fidesz, en la oposición, se hicieron entonces con el 42,03% de los apoyos electorales, en una primera vuelta marcada por una asistencia menor que hace cuatro años, aunque relativamente alta, con una participación del 67,83%.
De esta manera, el bloque liberal socialista de Gyurcsany se encuentra bien posicionado para hacerse mañana con el triunfo electoral, después de conseguir 113 escaños en la primera vuelta, frente a los 97 obtenidos por el partido de oposición, de centro derecha, que además no ha logrado convencer a formaciones más pequeñas para unir fuerzas antes de la cita con las urnas de mañana.
En la primera vuelta, los dos partidos más pequeños lograron los votos suficientes para superar el 5% mínimo para volver al Parlamento. Así, el partido Alianza de los Demócratas Libres, aliado de los socialistas, logró el 6,5% de los votos, y los conservadores del Forum Democrático Húngaro, el 5,04%.
"APROVECHAR EL IMPULSO"
Por su parte, Gyurcsany ha centrado el mensaje de su campaña en convencer a los votantes de que la continuidad beneficiará más al país que el cambio en el Gobierno. "Necesitamos aprovecharnos de nuestro impulso, en vez de romperlo", asegura el actual primer ministro en un mensaje telefónico grabado dirigido a los votantes de los barrios que acudirán mañana a las urnas.
Gyurcsany, de 44 años, llegó a la jefatura del Gobierno en septiembre de 2001, después de que el primer ministro Peter Medgyessy dimitiera, presionado por los partidos de su coalición, por su falta de liderazgo y la escasa popularidad del Gobieno.
El líder de los socialistas fue un joven dirigente comunista en la década de 1980 que después se convirtió en uno de los hombres de negocios más ricos de Hungría. Gyurcsany ha prometido ahora implementar reformas estructurales y conseguir que el país esté preparado para adoptar el euro.
El alto déficit presupuestario, el desempleo creciente y la necesidad de modernizar los sectores sanitarios y de educación mantendrán ocupado al próximo Gobierno. Los dos partidos han prometido aumentar el gasto en colegios y carreteras, aumentar las pensiones y recortar los gastos.
En septiembre, Hungría debe proporcionar a la Unión Europea los detalles de su plan de convergencia, que les llevará a alcanzar los criterios económicos necesarios para la adopción del euro. Después de posponer la fecha original de entrada en la comunidad de la moneda única, prevista para 2008, otro retraso podría minar la confianza en la economía húngara.
"Muchos inversores están esperando a ver si el nuevo Gobierno tomará pasos decisivos de reforma", aseguró el analista político Csaba Toth. "Si no lo hace, la economía húngara podría enfrentarse a serios problemas", agregó. Sin embargo, dado que el próximo mes de septiembre habrá elecciones municipales, la nueva Administración podría ser reacia a tomar decisiones impopulares.
En un mitin en apoyo a la coalición del primer ministro, el presidente del Partido Socialista, Istavn Hiller, prometió ante la multitud que, si es reelegido, el Gobierno "proporcionará a este país, calma, tranquilidad y seguridad".
Mientras, en otra manifestación separada organizada por la principal fuerza de la oposición, el líder del Fidesz, Viktor Orban, advirtió de que cuatro años más del actual Gobierno traerán cortes presupuestarios, un desempleo más alto y el incremento de los precios.
"Necesitamos abrir los ojos a los húngaros para hacerles ver lo que ocurrira si no hay cambio de Gobierno", sostuvo Orban ante sus simpatizantes reunidos cerca del río Danubio. El líder del Fidesz, que fue primer ministro entre los años 1998 y 2002, estimó que su formación necesitaría ganar en 70 de los 110 distritos en juego mañana para hacerse con el control del Parlamento.
Asimismo, Orban ha prometido continuar al frente del Fidesz aunque no ganen mañana. Con sólo 42 años y sin un claro sucesor, podría continuar al frente de los conservadores durante los próximos años.
PROGRAMAS DE CAMPAÑA SIMILARES
La liza para la primera vuelta ya era muy ajustada, aunque los socialistas partieron con una ligera ventaja. De la misma manera, sus programas electorales eran muy semejantes: ambos preconizaban el papel central del Estado en la economía. Así, dado que sus mensajes variaban más en el estilo que en el contenido, la personalidad de los candidatos en cabeza ha desempeñado un papel importante durante la campaña electoral.
"Antes, los partidos intentaba atraer a los votantes principalmente con sus programas electorales. Ahora, se ha convertido más en algo parecido a Estados Unidos, con las personalidades de los candidatos ganando importancia", señalaba el analista Zoltan Kiszelly. Tanto Gyurcsany, de 44 años, como Orban, de 42, son líderes dinámicos que podrían seguir siendo rivales durante años.
Gyurcsany ha intentado reorganizar su partido --fundado por el ala reformista de los comunistas en 1989-- y convertirlo en una fuerza de izquierda del mismo cariz que el "nuevo laborismo" del primer ministro británico, Tony Blair. Mientras Orban, en un esfuerzo por atraerse a los indecisos y a los situados ideológicamente en el medio, ha acallado algunas de las tendencias más nacionalistas de su partido y ha atenuado la agresividad de su mensaje.