Actualizado 03/06/2007 16:25 CET

Crónica S.Leona.- Taylor comparece mañana ante el Tribunal Especial para S. Leona para responder por crímenes de guerra

Liberia acoge el juicio a su ex presidente entre la indiferencia y el deseo de olvidar su mandato y seguir adelante

MADRID, 3 Jun. (EUROPA PRESS) -

El ex presidente de Liberia, Charles Taylor, comparece mañana como acusado ante el Tribunal Especial para Sierra Leona, con sede en La Haya, para responder de hasta 11 cargos --entre los que se cuentan los de asesinato, violación, tortura, empleo de niños-soldado y participación en actos de terrorismo--, por su respaldo a las milicias rebeldes durante el conflicto civil en su país vecino. Taylor, que se ha declarado inocente de todos los cargos, se enfrenta a la pena máxima de cadena perpetua si es declarado culpable en un proceso que, a pesar de las atrocidades cometidas por el ahora depuesto señor de la guerra, ha provocado una enconada división de opiniones en su país.

Taylor fue detenido el 29 de marzo de 2006. Ya no ejercía como presidente de Liberia, cargo que había abandonado en 2003, tras seis años en el poder; pero detrás de él dejaba uno de los legados más sangrientos de la historia reciente de África occidental. Antes de convertirse en presidente liberiano, Taylor empleó el entrenamiento militar que había recibido en Libia para apoyar a Sam "Mosquito" Bockarie, líder de las milicias del Frente Revolucionario Unido de Sierra Leona y conocido por sus tácticas brutales en un conflicto que terminó cobrándose la vida de decenas de miles de personas, provocó más de dos millones de desplazados y que, al final terminaría convirtiéndose en la principal causa contra Taylor --quien se cree terminó ordenando la ejecución del mismo Bockarie--.

Entre 1989 y 1997, Taylor lideró el Frente Patriótico Nacional de Liberia, cuyo objetivo era derrocar al entonces presidente, Samuel K. Doe. Se cree que Taylor se convirtió por entonces en uno de los primeros 'señores de la guerra' en reclutar a niños, organizados en 'Unidades Infantiles' y bautizadas con nombres como 'Asesinos de Niños'. La guerra subsuguiente dejó decenas de miles de muertos a lo largo de los 14 años durante los que se prolongó.

Lo que vino después, sin embargo, es una de las grandes paradojas de la historia de Liberia: una victoria legítima de Taylor en su primera participación en unas elecciones presidenciales. El antiguo líder rebelde obtuvo el 75 por ciento de los votos en unos comicios considerados por los observadores internacionales como "libres y justos". Algunos de los eslóganes que se cantaban durante la campaña eran simplemente incomprensibles "Mató a mi mamá. Mató a mi papá...¡pero le votaré de todas maneras!".

UN JUICIO ESPERADO

El Tribunal Especial para Sierra Leona es una corte puesta en marcha conjuntamente por Naciones Unidas y por el país africano, concebido para actuar con independencia, financiada a través de contribuciones voluntarias y encargado de juzgar a aquellos considerados responsables directos o partícipes en las atrocidades cometidas durante el conflicto.

Taylor comenzará a comparecer mañana ante el tribunal, presidido por la juez Julia Sebutinde, y en el que la acusación estará dirigida por el anteriormente fiscal del Tribunal Criminal Internacional para Ruanda, Stephen Rapp. De la defensa de Taylor se encargará Karim Khan, de probada experiencia en los tribunales internacionales para la antigua Yugoslavia y Ruanda.

Este proceso debería haber supuesto un motivo de celebración en Liberia. Pero no es así. Centenares de partidarios del ex presidente han colocado esta semana enormes carteles en la capital, Monrovia, con imágenes de Taylor saludando al pueblo, con el eslogan "Dios mediante, volveré". Sus antiguos camaradas han lanzado, incluso, una página web en favor de Taylor y han ordenado la creación de rótulos brillantes que llegarán por barco desde Europa a tiempo para el inicio del juicio.

A pesar de que muchos liberianos se sienten aliviados por ver a Taylor ante un tribunal, muchos prefieren olvidarse de ese período, y seguir adelante. Su indiferencia es muestra de su complicada relación no sólo con Taylor, sino con la historia de violencia que ha consumido al país durante las últimas décadas y que ha llegado hasta el último de los hogares. "Si empiezas a juzgar a crímenes de guerra en Liberia, vas a tener que juzgar a todos los liberianos", afirmó Paul Tolbert, de 28 años y antiguo niño soldado.

Taylor sólo comparece por su participación en las masacres de Sierra Leona, a pesar del tremendo impacto internacional que tuvieron las atrocidades que supervisó en la misma Liberia antes de su llegada al poder y durante su presidencia. La comunidad internacional, sin embargo, contempla este detalle como una pequeña victoria, dado que ésta es la primera vez que se juzga a un ex presidente africano por crímenes regionales, más allá de los de su propio país.

La justicia se deja en manos del Tribunal Internacional, mientras que la población liberiana ha elegido iniciar un "proceso de reconciliación" que ha permitido a algunos criminales de guerra reinventarse a sí mismos. Por ejemplo, el general Adolphus Dolo --conocido por el nombre de guerra de 'Mantequilla de Cacahuete', y a cuyo pelotón se le acusa de tirar a un centenar de personas a un río con las manos atadas a la espalda, es ahora senador del país.

Eso sin olvidar a Prince Johnson, el hombre encargado de ejecutar al antecesor de Taylor, Samuel Doe. Johnson se grabó a sí mismo mientras ordenaba a sus hombres que amputaran las orejas de Doe, mientras se bebía una cerveza Budweiser. La cinta dio la vuelta al mundo y todavía se encuentra disponible en algunas tiendas de la capital. Ahora, Johnson es compañero de Dolo en el Senado.

"Dicen que para matar a una serpiente, tienes que arrancar su cabeza. Quizás Taylor es la cabeza", afirma el ex ministro de Información de Taylor, Reginald Goodridge. "Pero nuestro Congreso está lleno de criminales. ¿Quién los juzga?", se pregunta, haciéndose eco de un razonamiento al que suele recurrir la familia del ex presidente y acusado: Taylor no controlaba a aquellos que llevaban a cabo sus crímenes. "Está cargando con la culpa de lo que hicieron otros" afirma su hija de 25 años, Charen Taylor, criada en Estados Unidos y que ahora forma parte del equipo de defensa de su padre.