Actualizado 16/06/2007 19:20 CET

Crónica Sri Lanka.- Ejército y LTTE se preparan para enfrentarse por el control de Jaffna antes del monzón de agosto

Centenares de personas han sido secuestradas en los últimos meses por fuerzas paramilitares, dada su presunta relación con los rebeldes

MADRID, 16 Jun. (EUROPA PRESS) -

En Sri Lanka, tanto población como Gobierno se preparan para lo que podría ser la ofensiva más intensa protagonizada por los rebeldes contra la provincia de Jaffna, capital de la provincia Noroeste y corazón de la tierra tamil, donde miles de personas aguardan ser evacuadas en medio de un toque de queda permanente, y la sombra de los secuestros, y en donde el Ejército ceilandés espera librar una "importante" batalla contra los rebeldes del Frente de Liberación de la Tierra Tamil (LTTE), por el control de la región antes de las primeras lluvias monzónicas de agosto.

Jaffna es un territorio en guerra, un lugar "donde cualquier cosa puede ocurrir", según uno de sus residentes, Ravindram Ramanathan. Al menos 15.000 personas están esperando ser trasladadas a la capital, Colombo a través de barcos del Gobierno, dado que la carretera que conduce a la península permanece cerrada desde casi un año, tal y como explica la corresponsal del diario estadounidense New York Times en el país, Somini Sengupta.

Que el acuerdo de paz gestionado por Noruega y firmado en 2002 ha fracasado es un hecho reconocido tanto por el Gobierno, como por los rebeldes como por la población. La violencia registrada desde entonces ha debilitado los cimientos de un alto el fuego que, en su texto original reconocía la "importancia de poner fin a las hostilidades y mejorar las condiciones de vida de los habitantes afectados por el conflicto".

Nada de eso ha sucedido. Según el Ministerio de Defensa de Sri Lanka, más de 4.800 personas, contando soldados, rebeldes y civiles han perdido la vida desde la reanudación de los combates en diciembre de 2005. En Jaffna, la situación es más delicada. "Es el premio por el que han luchado soldados contra tamiles los últimos 25 años", afirma el artículo del Times. Los soldados permanecen apostados en los callejones de la ciudad, vacíos tras el toque de queda que entra en vigor todos los días, a partir de las ocho de la tarde.

ENFRENTAMIENTO ABIERTO

El comandante militar de las fuerzas ceilandesas que operan en la provincia, el general G.A. Chandrasiri, reconoció que antes del monzón de agosto se espera una "fuerte ofensiva" tamil para conseguir establecer el dominio sobre la provincia.

Jaffna se encuentra, en estos momentos, afectada por unos combates que difieren en su naturaleza de los que se libran en el resto del país. Según el periodista Rajesh Ramachandran, los tamiles no efectúan operaciones de intervención rápida en Jaffna, ni atentan en manifestaciones políticas, ni realizan asesinatos selectivos contra líderes políticos. En vez de eso, "la península", afirma Ramachandran, "es el escenario de una guerra, con fronteras bien dibujadas, y dos ejércitos que intercambian disparos, como si la zona que asaltaran fuera territorio enemigo".

"Tras el cierre de la autopista A9 a la altura de Muhmalai --a 30 kilómetros al sur de Jaffna ciudad--, las colas de personas en busca de alimentos comienzan desde el fin del toque de queda a las seis de la mañana", afirma el periodista. "La comida no es suficiente, no hay alimentos infantiles ni medicinas al margen de las que se encuentran en el Hospital General" de la ciudad.

El Gobierno ha criticado el incremento del mercado negro en la zona, pero los residentes de la zona lo consideran poco menos que un fenómeno obvio, dadas las circunstancias. Muchos de los habitantes de la ciudad destacan que los alimentos proporcionados por la cooperativa gubernamental son insuficientes, y que cualquier momento es bueno para canjear azúcar por arroz o combustible.

Una solución al conflicto es improbable, a corto plazo. El secretario de Defensa de Sri Lanka, el influyente Gotabhaya Rajapakse, afirma que las instrucciones del Ejército son claras: acabar con el líder tamil, Velupillai Prabhakaran y erradicar a su organización de una vez por todas. "Destruir su liderazgo es nuestro principal objetivo", afirmó el secretario en una entrevista concedida al medio estadounidense el pasado mayo y en la que reconoció que dicha operación podría prolongarse durante los próximos tres años.

La opinión generalizada es que India guarda la llave para acabar con el conflicto. Pero la muerte del ex primer ministro indio, Rajiv Ghandi, en 1991 en un atentado suicida perpetrado por el LTTE ha convertido a los tamiles de Sri Lanka en unos "olvidados" por sus correligionarios indios en Tamil Nadu, en su lucha por la independencia. Portavoces tamiles han lamentado en numerosas ocasiones el incidente, y han insistido muchas veces en que los tigres de Tamil han sido "la única protección en épocas de limpieza étnica".

Estudiantes de la universidad de Jaffna comparten cierta afinidad por los rebeldes, pero puntualizan que "una patria tamil autónoma no es deseo exclusivo del LTTE. El Tamil Eelam ha sido, desde 1977, nuestra demanda formal". Sin embargo, la ayuda de India es imprescindible, ya que sin ella "no podríamos encontrar una solución al conflicto", por lo que piden "el perdón" por el asesinato de Ghandi.

SECUESTROS

Y en los últimos meses, una nueva ola de miedo ha asaltado a la provincia. Según la Comisión de Derechos Humanos, dependiente del Gobierno, se han recibido 805 denuncias por desaparición en la península desde diciembre de 2005 hasta abril de 2007. El Ejército ceilandés, por su parte, afirma estar al tanto de 230 desapariciones.

Evidentemente, cada bando tiene sus propias teorías al respecto. El general Chandrasiri ha responsabilizado a grupos paramilitares tamiles afines al Gobierno de Sri Lanka que intentan "eliminar a operativos" rebeldes. Según afirma, los secuestrados no son simples civiles, sino efectivos de las guerrillas.

Los tigres tamiles, por su parte, afirman que las abduciones son obra de bandas criminales controladas por las fuerzas de seguridad del Estado, un punto que posteriormente reconoció, en cierto modo, el propio general Chandrasiri. "No digo que toda nuestra gente esté limpia", afirmó, antes de indicar que en ese caso, el deber consiste en "detenerles y castigarles".

Las denuncias por secuestro, así como la presunta implicación del Gobierno en las mismas, han provocado las críticas de los aliados de Sri Lanka, entre los que se incluye Estados Unidos a través del subsecretario de Estado para Asuntos del Sur y Centro de Asia, Richard A. Boucher. En las semanas posteriores a la visita del funcionario, el número de denuncias disminuyó ostensiblemente.

Según los testigos, la estructura de los secuestros es similar en muchos casos: hombres armados, generalmente en pequeños grupos, irrumpen en domicilios con el objetivo de llevarse a al menos una persona "para su posterior interrogatorio". No responden a pregunta alguna ni explican a dónde se llevan al detenido. Todos los secuestradores llevan ropa civil, y suelen tener especial preferencia por estudiantes universitarios afiliados a organizaciones antigubernamentales.

Uno de ellos, Arunagirinathan Niruparaj, logró escapar con vida de sus captores, tras ser secuestrado en su pueblo y transportado a lo que identificó posteriormente como un "campamento militar" donde fue severamente interrogado por sus presuntos lazos con los rebeldes tamiles.

Según Niruparaj, sus captores le colgaron boca abajo del techo, mientras golpeaban sus pies. Cubrieron su cabeza con una bolsa de plástico empapada en gasolina, y le introdujeron un palo por el recto. Siete días después, fue hallado en una vía férrea, con fallo hepático, sordera en un oído y un grave trastorno digestivo. Niruparaj tiene 26 años. Nadie ha sido detenido en relación a su secuestro.

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