El Parlamento debe elegir un nuevo jefe de Estado en un plazo de poco más de un mes a partir de este sábado
ESTAMBUL (TURQUIA), 31 (del corresponsal de EUROPA PRESS, Ildefonso González)
Apenas una semana después de las elecciones legislativas anticipadas, en las que el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) consiguió una aplastante mayoría absoluta, Turquía se dispone a conocer el nombre de su futuro presidente en una serie de votaciones parlamentarias que comenzarán mediado el mes de agosto. Anoche, el todopoderoso Ejército dejó claro que ésta vez tampoco permitirá que el ministro de Asuntos Exteriores, el islamista moderado Abdulá Gül, se convierta en jefe de Estado.
"Las opiniones de las Fuerzas Armadas turcas no cambian de un día para otro. Mantenemos lo que dijimos el 12 de abril", señaló ayer el jefe del Estado Mayor, el general Yasar Buyukanit. Aquél día, el mismo Buyukanit mostró su confianza en que el próximo presidente fuera "una persona verdaderamente comprometida con los valores fundamentales de la República, como la laicidad, no sólo de palabra".
Sus declaraciones se interpretaron entonces como un rechazo a la eventual candidatura del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, a la Presidencia de la República. Pronunciadas tres meses más tarde, representan un veto directo por parte del estamento castrense a las renovadas aspiraciones de Gül al cargo. El jefe de la Diplomacia turca dejó entrever la semana pasada que volvería a ser el candidato del AKP a la Jefatura de Estado. "No puedo decir que no vaya a ser el candidato (...) No puedo ignorar lo que nuestro pueblo ha indicado (en los comicios generales)", subrayó.
La toma de posición del Ejército no entraña ninguna novedad, pero supone su primera manifestación pública desde las elecciones del 22 de julio, según se encargó de recordar hoy la prensa local. Las palabras de Buyukanit vienen a confirmar que, a pesar de que uno de cada dos turcos votó a favor del AKP hace tan sólo nueve días, las Fuerzas Armadas no van a ceder ni un ápice en su oposición a que un islamista moderado se haga con la Jefatura de Estado.
El 'establishment' laico de Turquía ya se confabuló en primavera para impedir la elección de Gül como presidente, por lo que no habría que descartar que en agosto se reproduzca una situación similar que sumiría al país euroasiático en una crisis institucional sin precedentes.
¿PRESIDENTE EN SEPTIEMBRE?
Una vez publicados hoy los resultados finales de los comicios en el Boletín Oficial del Estado, el nuevo Parlamento se reunirá por primera vez el próximo sábado. El siguiente trámite es el nombramiento de un presidente de la Cámara de Diputados, lo que debería ocurrir el 14 de agosto a más tardar, según la agencia de noticias Anatolia. Dos días después comenzaría el proceso para elegir al jefe de Estado en el seno del Parlamento, primero con la presentación de candidaturas y después con una serie de votaciones. Si se cumplen los plazos previstos, Turquía conocería el nombre de su presidente para los próximos siete años durante la primera quincena de septiembre, según la misma fuente.
En principio, el aspirante del AKP, ya sea Gül o cualquier otro, debería salir nombrado presidente en la tercera ronda de votaciones, momento en que tan sólo necesitaría el apoyo de la mayoría absoluta del Parlamento (276 diputados de un total de 550). Además, ésta vez sí que se alcanzará el quórum de dos tercios (367 parlamentarios) en la primera vuelta --tal y como ha fijado el Tribunal Constitucional--, siempre que el ultranacionalista Partido de Acción Nacionalista (MHP) cumpla su promesa de asistir a la misma con los 70 escaños que logró en las elecciones legislativas.
Sin embargo, sopesando el escenario que se vivió en abril y mayo y después de las declaraciones de ayer de Buyukanit, nadie da por seguro en Turquía que la República fundada en 1923 cuente con un nuevo presidente dentro de dos meses. En dicho caso, habría que convocar una segunda cita con las urnas, según establece la Constitución, y Ahmet Necdet Sezer conservaría el puesto en funciones.
De momento, los actores implicados en el proceso presidencial van mostrando sus cartas y poco o nada de lo que se dijo durante la campaña electoral vale ahora, empezando por el AKP. Los islamistas moderados prometieron que tratarían de presentar a un candidato de consenso, esto es, que pactarían con la oposición el nombre de un aspirante que satisficiera a la mayoría. No obstante, dejaron claro que éste debería ser un miembro del Parlamento y en ningún momento descartaron a Abdulá Gül. Mientras, el principal rival del AKP, el nacionalista y laico CHP, se mostró abierto a un acuerdo pero impuso que el pretendiente no debería ser un diputado, lo que en la práctica significaba un nuevo veto al ministro de Exteriores.
GÜL, UN PROBLEMA PARA ERDOGAN
Curiosamente, la prensa turca lleva varios días cuestionándose si Gül sigue siendo la baza preferida por Erdogan para la Jefatura de Estado. En opinión de varios columnistas, el jefe de la Diplomacia ha puesto en un serio compromiso al primer ministro con su anuncio de postularse otra vez para el cargo.
"Antes de las elecciones Erdogan le dijo a Gül que éste debía tomar una decisión sobre la Presidencia, y agregó que presentaría a la oposición a candidatos alternativos a la Presidencia. Algunos miembros del AKP consideran que estas declaraciones eran un mensaje para Gül. Erdogan insinuó que Gül no debería competir por la Presidencia", indicó hoy Bilal Çetin, del diario 'Vatan'.
Hace una semana, otro columnista del mismo periódico, Mehmet Tezkan, valoró que Gül era un obstáculo para las ansias de poder de Erdogan. "Erdogan quiere convertirse en un líder con un poder omnipotente similar al del presidente ruso, Vladimir Putin (..) Gül es el único poder que podría impedir que Erdogan se convirtiese en otro Putin", anotó.