Durao y Pottering reconocen la importancia del Tratado para el futuro de Europa pero recuerdan que hay que trabajar en su ratificación
LISBOA, 13 Dic. (De la corresponsal de EUROPA PRESS, Patricia Ferro) -
Los líderes europeos reconocieron que la firma del Tratado de Lisboa, que se celebró hoy en el emblemático Monasterio de los Jerónimos de la capital lusa, es un avance en el proyecto europeo, pero la sombra del fracaso de la Constitución Europea todavía persiste y todos insisten en que para avanzar antes tiene que concluir con éxito el proceso de ratificación.
La ceremonia de la firma del Tratado de Lisboa fue muy similar a la que se celebró en 2004 en Roma para la firma de la Constitución Europea. En ambas, las palabras "momento histórico" fueron las más oídas. Sin embargo, en esta ocasión el "histórico" fue más prudente y siempre estuvo acompañado del "todavía" hay que ratificarlo, ya que la sombra del fracaso del Tratado Constitucional por la negativa de Francia y los Países Bajos, planeó durante todo el acto. De hecho, en esta ocasión pocos países lo ratificarán vía referéndum, a excepción de Irlanda, que está obligada por su Constitución.
El que sí era histórico era el lugar de la ceremonia, el claustro del Monasterio de los Jerónimos, que fue construido para conmemorar los grandes descubrimientos portugueses del siglo XVI y en el que en 1985 se firmó la adhesión de Portugal a la Comunidad Económica Europea.
Un majestuoso Monasterio, de estilo manuelino, engalanado para la ocasión, y un hermoso día de sol, se encargaron de acompañar al presidente en ejercicio del Consejo Europeo, José Sócrates, en la recepción, al pie de la alfombra azul, a todos los líderes europeos, a excepción de Gordon Brown, que llegó al final del almuerzo por problemas de agenda.
El rostro de Sócrates y de su ministro de Exteriores, Luis Amado, era el retrato de la satisfacción y del trabajo realizado, y no era para menos, tal como le reconocieron en sus intervenciones, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y el de la Eurocámara, Hans Gert-Pottering. Ninguno se olvidó del trabajo de la presidencia del primer semestre y en especial del de la canciller Angela Merkel, la única mujer entre los Veintisiete, que además destacó por su chaqueta roja, que le daba un protagonismo merecido, según la opinión de todos.
El interior del claustro, espectacularmente decorado con los colores de la presidencia gracias a las últimas tecnologías, esperaba a todas las delegaciones. El acto comenzó con el 'Himno de la alegría', interpretado por el coro de niños de la Academia Popular de Lisboa, que puso a todo el aforo en pie para escucharlo y causó especial impacto en el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que al concluir la actuación se giró hacia ellos aplaudiendo entusiasmado.
UNA UNIÓN MÁS FUERTE
A continuación comenzaron los discursos. El primero el presidente en ejercicio de la UE. Sócrates, para quién este Tratado es el mayor éxito de su presidencia, recordó que "hoy necesitamos de una Unión más fuerte y más ambiciosa, porque esa es la mejor contribución que podemos dar para un mundo mejor". "La historia recordará este día como el día en que se abrieron los nuevos caminos de esperanza al ideal europeo".
El primer ministro luso reconoció lo duro que fue llegar hasta aquí y la crisis que vivió Europa tras el fracaso de la Constitución, aunque no hizo ninguna alusión al proceso de ratificación. "Con el Tratado de Lisboa Europa vence, finalmente, el paréntesis político e institucional que limitó su capacidad de acción en los últimos años", dijo. Y no se olvidó de todos los que participaron en él "el trío de las presidencias alemana, portuguesa y eslovena".
Después llegó el turno del presidente de la Comisión. Barroso sí recordó el fracaso anterior y aunque consideró que el Tratado de Lisboa "es el nacimiento de una nueva Europa" con capacidad para enfrentar los desafíos globales, recordó, a los líderes de los Veintisiete, que hay que mantener "el coraje político" demostrado hasta ahora para lograr la ratificación de todos los países.
La misma opinión compartió el presidente del Parlamento Europeo que, aunque dijo que el Tratado de Lisboa es "un maravilloso regalo de cumpleaños" para la Unión Europea en su cincuenta aniversario, instó a los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros para que ahora su "empeño" se centre en lograr la ratificación del mismo lo más rápido posible, para que pueda entrar en vigor el 1 de enero de 2009.
FIRMA DEL TRATADO
Tras la intervención de Pottering comenzó el acto formal de la firma del Tratado Reformador de la Unión Europea. Al son de la música del compositor portugués Rodrigo Leao, antiguo miembro del grupo Madredeus, comenzaron a subir, por orden alfabética, los líderes de los Veintisiete acompañados de sus jefes de la diplomacia para estampar su firma, con unas plumas de plata especialmente creadas para la ocasión, un regalo de la presidencia lusa a todos los dirigentes, en el Tratado y el Acta final.
España fue la novena. Francia la única por la que firmaron tres, jefe de Estado, de Gobierno y ministro de Exteriores, aunque los polacos también subieron tres, pero el presidente Lech Kaczinki, no firmó, tampoco tenía obligación. En la ceremonia, el Reino Unido sólo tuvo la firma de su ministro de Exteriores, David Miliband, debido a la ausencia del primer ministro Gordon Brown, que firmó dos horas más tarde, solo con Sócrates, Barroso y Pottering, como únicos testigos. La firma de Portugal fue acompañada por un aplauso del resto de los líderes europeos y los cientos de invitados presentes.
Cuando faltaban diez minutos para las dos, hora española, nacía oficialmente el Tratado de Lisboa. Para celebrarlo una de las voces portuguesas más internacionales, Dulce Pontes, que interpretó 'Canción del Mar' y 'Amar Portugal'.
Después las celebraciones. Primero el descubrimiento de dos placas, a la entrada del Monasterio. Una conmemorativa de la adhesión de Portugal a Europa, con Mario Soares como protagonista principal, ya que era primer ministro en la época. La otra en recuerdo a la firma del Tratado de Lisboa. Aquí, uno de los líderes europeos, no se sabe quién, bromeó señalando las placas y dijo "Brown firma aquí".
A continuación se realizaron la tradicional foto de familia, con la ausencia de Gordon Brown. Minutos después, todos se subieron a un tranvía, aunque de los modernos, decorado con los colores y la bandera europea. En él fueron al Museo de los coches, a unos escasos 600 metros, en donde les esperaba el Presidente Cavaco para un almuerzo oficial. Al final del cual, cuando catorce de los líderes se habían ido, entre ellos Angela Merkel, llegó Brown para firmar.
Ahora, después de vivir otro "momento histórico" como el de Roma, falta esperar que las similitudes no sean las mismas y no se produzca otra "crisis profunda" por la no ratificación del Tratado. En esta ocasión los principales problemas podrían surgir de Irlanda, obligada a hacer el referéndum, Reino Unido, debido al rechazo de los euroescépticos, o Dinamarca. El futuro dirá si el Tratado de Lisboa "marcó el inicio del nuevo proyecto europeo" o fue "el segundo gran fracaso" en los cincuenta años de la Unión.