Actualizado: martes, 17 diciembre 2013 21:23


MADRID, 30 Sep. (EUROPA PRESS) -

El Cuerpo de Coordinación Nacional (NCB) ha celebrado la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el desarme químico de Siria al considerar que "salvará muchas vidas" al no desencadenar automáticamente el uso de la fuerza en caso de incumplimiento.

"Ayudará a retirar las armas químicas de Siria y alejará de nosotros la amenaza de una agresión militar extranjera, salvando a la región de una guerra a gran escala", ha dicho el miembro del NCB Safwan Akasé, en una entrevista concedida a la agencia de noticias china Xinhua.

Además, el portavoz de la oposición interna ha celebrado que, al adoptar esta resolución, "la comunidad internacional se haya convencido de una vez por todas que no hay una solución militar a la actual crisis siria".

"Nosotros creemos que no hay una solución militar y que nuestro destino depende de una solución política que solamente puede llegar a través de la Conferencia de Ginebra", ha dicho, en alusión al foro creado por Estados Unidos y Rusia.

En consecuencia, Akasé ha instado "a todos los partidos políticos honorables en Siria a acudir a la Conferencia de Ginebra para trabajar con el fin de hacer posible esta solución".

El NCB es uno de los pocos grupos opositores radicado en Siria. Está liderado por Hasán Abdel Azim e integrado por 13 partidos políticos de izquierda. Al principio, estaba formado por las facciones kurdas que decidieron unirse bajo el Consejo Nacional Kurdo en octubre de 2011.

Los principales grupos opositores en el extranjero consideran que el NCB es en realidad una organización oficialista creada para expresar las posturas más moderadas del Gobierno de Bashar al Assad y generar así una apariencia democrática.

RESOLUCIÓN DE LA ONU

Los 15 miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobaron el pasado sábado por unanimidad la resolución acordada por sus cinco miembros permanentes --Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China-- para el desarme químico.

La resolución impone a "todas las partes", aunque sobre todo al régimen de Al Assad, la obligación de cooperar con la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW) para inventariar, trasladar y destruir los arsenales sirios.

Además, prohíbe a Gobierno y oposición "usar, desarrollar, producir, adquirir, almacenar, retener o transferir a actores no estatales armas químicas", argumentando que "cualquiera de estas actividades supondría una amenaza para la paz y la seguridad internacionales".

En caso de incumplimiento, el Consejo de Seguridad ha ordenado imponer las medidas contempladas en el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas", que incluye sanciones diplomáticas y financieras y, en última instancia, el uso de la fuerza.

ACUERDO BILATERAL

La resolución del Consejo de Seguridad parte del acuerdo alcanzado el pasado 14 de septiembre por Estados Unidos y Rusia, según el cual Siria debe informar detalladamente de su arsenal químico para que la comunidad internacional lo verifique y destruya en un proceso que debería acabar en 2014.

El presidente sirio, Bashar al Assad se ha comprometido a hacer un listado, entregar y destruir sus armas químicas, aunque ha advertido de que se trata de una "operación muy compleja" que llevará un año y costará unos 1.000 millones de dólares.

El acuerdo entre Washington y Moscú consiguió frenar temporalmente una intervención militar en Siria para responder al uso de armas químicas, que parecía inminente. No obstante, el presidente estadounidense, Barack Obama, ha subrayado que aún contempla esta opción, si la vía diplomática fracasa.

INFORME DE LA ONU

Un grupo de expertos de Naciones Unidas liderados por el sueco Ake Sellstrom llegó a Siria a finales del pasado mes de agosto para investigar el supuesto uso de armas químicas en la guerra civil, después de que el Gobierno diera su visto bueno tras meses de negativa.

Aunque las denuncias sobre el supuesto uso de armas químicas comenzaron en marzo, el engranaje de la política internacional se activó a causa del ataque perpetrado el pasado 21 de agosto con gas sarín sobre los suburbios del este de Damasco, que dejó miles de muertos y heridos.

En su informe los inspectores de la ONU confirman el uso a "gran escala" de gas sarín en Siria, basándose en los síntomas de las víctimas --pérdida del conocimiento, irritación de los ojos, vómitos, asfixia y convulsiones-- y en las muestras de pelo, sangre y orina.

Además, aunque no detallan la autoría, porque ese no era su cometido, especifican que el gas sarín fue lanzado desde cohetes tierra-tierra aprovechando unas condiciones meteorológicas ventajosas, de acuerdo con "pruebas claras y convincentes".

Desde que comenzó la guerra civil en Siria, en marzo de 2011, más de 110.000 personas han muerto a causa de los combates y más de seis millones de personas, incluidos un millón de niños, se han visto obligadas a abandonar sus hogares.

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