NUEVA YORK, 16 Mar. (EUROPA PRESS) -
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, desvelará hoy una nueva Estrategia de Seguridad Nacional, actualizada por primera vez desde 2002, y en la que confirmará su doctrina de la guerra preventiva en la lucha contra el terrorismo o contra Estados hostiles con armas biológicas, químicas o nucleares, según avanzan hoy varios diarios que recibieron ayer el documento.
La guerra preventiva se incluyó por primera vez y no sin polémica en la Estrategia de 2002 y la que se presentará hoy mismo afirma que ésta "sigue igual", sin extraer lecciones de la dramática experiencia de Irak, ni aportar más razones concretas para justificar aquel ataque preventivo.
Muchos de los críticos pensaban --según señala el 'Washington Post'-- que el hecho de que no se encontraran armas de destrucción masiva en el país árabe había echado por tierra una de las bases de la guerra preventiva: que las informaciones de Inteligencia sean suficientes para predecir la capacidad y las intenciones de un enemigo, y para justificar la guerra preventiva.
Tal vez en un intento de tender la mano a Europa, el documento pone más énfasis en la necesidad de trabajar más con los aliados y declara que la diplomacia es "la vía prioritaria para hacer frente a las armas de destrucción masiva".
"Sin embargo, si es necesario, y bajo los tradicionales principios de autodefensa, no descartamos el uso de la fuerza antes de que se produzcan los ataques, incluso si sigue habiendo incertidumbre respecto al lugar y el momento del ataque enemigo", añade, argumentando: "cuando las consecuencias de un ataque con armas de destrucción masiva son potencialmente tan devastadoras, no podemos permitirnos permanecer ociosos mientras se están materializando graves peligros".
"El mundo está mucho mejor si los tiranos saben que si buscan armas de destrucción masiva es a costa de su propio riesgo", apunta, añadiendo que "siempre habrá cierta incertidumbre sobre la situación de programas ocultos, porque los proliferadores son en general regímenes brutales que llegan muy lejos para esconder sus actividades".
El documento, de 48 páginas, identifica a Irán como el país más susceptible de plantear el mayor reto a Estados Unidos en el futuro. Según el 'New York Times', el documento es mucho menos ideológico que el de 2002, elaborado meses después de los atentados del 11-S, y mucho más concentrado en determinados países.
Respecto a Irán, la Estrategia dice que la diplomacia, liderada por Estados Unidos, "debe tener éxito si hay que evitar la confrontación", pero no dice qué pasos se darían si la diplomacia falla, y tampoco habla de "confrontación" con Corea del Norte, cuyo régimen comunista afirma haber desarrollado ya armas nucleares.
Sin embargo, el consejero de Seguridad Nacional, Stephen Hadley, afirmó en una entrevista con el diario neoyorquino que los mismos términos se aplican a los dos países. Hadley afirmó que no se pretende sugerir que Washington esté más dispuesto a entrar en "confrontación" con Irán, sino sólo aumentar la presión.
El documento parte de la visión de unos Estados Unidos poderosos y con la responsabilidad de promover el cambio en el mundo. Menciona, así, desafíos como los genocidios, el tráfico de seres humanos y el sida.
'AMENAZA' CHINA
Pero además, incluye por primera vez referencias a China, alertando de que el país conserva "formas antiguas de pensar y actuar" en su competencia feroz por los recursos energéticos del mundo. El régimen chino, sostiene, "está ampliando el comercio, pero actuando como si de alguna manera intentaran bloquear suministros energéticos en todo el mundo o dirigir los mercados en lugar de abrirlos, como si pudieran seguir un mercantilismo prestado de una era ya desacreditada".
Pero además, en un reflejo de las crecientes tensiones entre Washington y Moscú, la Estrategia afirma que Rusia está demostrando un "compromiso decreciente con las libertades democráticas y las instituciones". Así, el futuro de las relaciones "dependerá de las políticas, interiores y exteriores, que adopte Rusia". Otra novedad es la inclusión de Siria, que aparece en el nuevo documento como un patrocinador del terrorismo.