BOMBAY 24 Jul. (EP/AP) -
Tres hombres acusados de lanzar granadas de mano durante los atentados que causaron la muerte de 257 personas en Bombay en 1993 fueron sentenciados hoy a muerte, lo que eleva el número de condenados a la horca a 10, según fuentes oficiales. Una tercera persona fue condenada a cadena perpetua por ser menor de edad en el momento en que se llevaron a cabo los atentados.
El presidente de la sala, Pramod Kode, confirmó las penas de muerte de Firoze Mallik, Abdul Akhtar y Zakir Hussain, y la cadena perpetua a Moin Qureshi, que sólo tenía 17 años cuando realizaron los ataques, por lanzar varias granadas de mano en una colonia de pescadores de un suburbio de Bombay, matando a tres personas e hiriendo a otras seis.
El ataque con granadas formó una parte de una cadena de atentados con bombas que azotaron la capital financiera de la India el 12 de marzo de 1993, cuando hicieron explosión varios paquetes bomba colocados en coches y motos cuyos objetivos principales fueron la principal Bolsa de la India, el edificio nacional de aviación, la oficina de pasaportes, varios mercados llenos de gente, una gasolinera y varios hoteles.
Kode remarcó que lo importante no es quién de ellos mató a los hombres con sus granadas sino que todos sabían que estaban cometiendo un atentado terrorista. "Es indiferente cual de las granadas fue la que mató a la gente", declaró Kode. "Realmente son todos culpables, cada uno de ellos estaba cometiendo un acto terrorista", añadió.
Después de que Kode anunciase la pena de muerte, Mallik mantuvo su inocencia. "Estaba en libertad bajo fianza", le dijo al jurado, "si fuese un terrorista no habría vuelto aquí". La Policía tuvo que sacar a los acusados de la sala cuando Akhtar comenzó a gritar "Allah Akbar" o "Dios es grande" y Mallik y Hussain se unieron a sus cánticos.
Más de 91 personas han sido condenadas en relación a este caso y más de 100 se encuentran encarceladas por participar en la trama, que se consideró como un acto de venganza por la demolición de una mezquita del siglo XVI por los nacionalistas hindúes en el norte de la India en 1992. Tras la demolición, los disturbios religiosos se sucedieron desde diciembre de 1992 hasta enero de 1993, dejando más de 800 muertos, en su mayoría musulmanes.
Kode indicó que no aceptó la defensa de que los ataques fueron en contestación a los disturbios acontecidos entre 1992-93. "Los crímenes se cometen por pasión o venganza. Aquí, no había otra intención que la de matar", señaló. También recordó que los acusados habían pertenecido durante mucho tiempo a los conspiradores que prepararon los atentados.
"Si el terrorismo de los últimos años se examina, se puede ver que los atentados terroristas han causado grandes daños sin sentido ni razón", expresó el juez. "La violencia esta directamente dirigida contra los individuos, mientras que el terrorismo se dirige contra las sociedades y las comunidades en su conjunto (...) El terrorismo no es nada más que cobardía y merece ser condenado", concluyó.