Israel/Líbano.- Los fiscales militares israelíes no emprenderán acciones legales contra Israel por usar bombas de racimo

Actualizado 24/12/2007 19:43:46 CET

JERUSALÉN, 24 Dic. (EP/AP) -

Los fiscales militares israelíes han cerrado la investigación sobre el uso, por parte de Israel, de bombas de racimo durante la guerra de Líbano del verano de 2006 y han decidido no emprender acciones legales contra el Estado hebreo, según informó hoy el Ejército israelí.

La investigación concluyó que si Israel utilizó estas armas fue por una "necesidad militar concreta" y que no violó el Derecho internacional humanitario.

En un comunicado, el Ejército afirmó que el jefe de la investigación, el comandante general Gershon HaCohen, afirmó que "estaba claro que la mayoría de las municiones de racimo fueron disparadas en zonas abiertas y no habitadas, zonas desde las que operaban las fuerzas de Hezbolá y en las que no había civiles".

También explica el comunicado que las bombas de racimo fueron lanzadas sólo "como una respuesta de defensa inmediata ante los ataques con cohetes por parte de Hezbolá" y que las tropas israelíes hicieron todo lo posible por minimizar el número de bajas civiles. En este sentido, asegura que siempre se han "respetado las leyes del conflicto armado (...) y preservado los valores éticos" del Ejército israelí.

El Ejército justifica el uso legal de estas armas durante el conflicto señalando que se determinó que, "con el objetivo de evitar el disparo de cohetes contra Israel, su utilización era una necesidad militar concreta".

Las conclusiones de la investigación se transmitieron al fiscal general del Ejército, el general de brigada Avihai Mendelblit, que aceptó la recomendación y decidió no presentar cargos contra el Estado.

La ONU y varios grupos de defensa de los Derechos Humanos han acusado a Israel de lanzar unos cuatro millones de submuniciones de bombas de racimo durante los 34 días que duró la guerra contra Hezbolá.

Estas bombas se abren en el aire y expulsan decenas de submuniciones, de las que, según la ONU, un millón no llegaron a explotar, por lo que suponen un grave riesgo para los civiles. Más de treinta personas han muerto en Líbano como consecuencia de la explosión de bombas de racimo o de minas de tierra desde el verano de 2006.