Las minas antipersona: la amenaza que persiste

Actualizado 04/04/2015 8:15:59 CET
Limpieza de minas en el Sáhara Occidental
Foto: MARTINE PERRET/NACIONES UNIDAS
 

MADRID, 4 Abr. (EDIZIONES) -

   Cada día, unas 10 personas mueren o pierden alguno de sus miembros a causa de la explosión de una mina antipersona o de un explosivo abandonado tras un conflicto. Cada año, 4.000 personas fallecen o resultan heridas por unos artefactos que siguen siendo una amenaza latente en alrededor de 60 países.

   Desde que la Asamblea General de Naciones Unidas así lo proclamó en 2005, el 4 de abril es el día internacional para la sensibilización de las minas antipersona. Las organizaciones aprovechan esta simbólica jornada para recordar los retos que siguen pendientes y que llevan el nombre y los apellidos de miles de víctimas.

   La Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona --premio Nobel de la Paz 1997-- recuerda con datos por qué estos explosivos "siguen siendo un problema". Aunque una amplia mayoría de Estados han suscrito la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersona, aún quedan 35 que no han firmado y que siguen reservándose el derecho de recurrir a estas armas.

   En total, unos 50 millones de minas continúan en arsenales de todo el mundo, principalmente almacenadas por China, Rusia, Estados Unidos, India y Pakistán. India, Birmania, Pakistán y Corea del Sur siguen produciendo este tipo de arma, a pesar de los llamamientos de la mayor parte de la comunidad internacional.

60 PAÍSES 'CONTAMINADOS'

   La Campaña Internacional, de la que forman parte numerosas ONG, ha advertido de que unos 60 países siguen 'contaminados' por las minas. Cada día, unas 10 personas pierden la vida o alguno de sus miembros por una explosión, lo que suma anualmente alrededor de 4.000 víctimas.

   Los efectos trascienden también al ámbito económico, ya que las comunidades no pueden aprovechar las tierras 'contaminadas' y la sensación de inseguridad lastra el desarrollo de los países durante años. Además, también tiene consecuencias en el caso de procesos de paz.

Limpieza de minas en Somalia

Foto: ONU

   Naciones Unidas, que cuenta con un servicio específico (UNMAS), coordina a sus agencias en torno a una estrategia para combatir las minas antipersona en el periodo 2013-2018. Aunque no establece compromisos concreto, establece una serie de "objetivos estratégicos" sobre los que desarrollar los esfuerzos en ese periodo.

   En este sentido, aboga por reducir el riesgo para los individuos y el impacto socioeconómico de las minas y otros explosivos, dar un mayor apoyo a las víctimas y potenciar la implicación nacional en la limpieza de territorios, entre otras prioridades.

UN RETO ACTUAL

   La Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona señala en su página web que el Gobierno de Birmania es la única Administración de todo el mundo que ha utilizado en los últimos años este tipo de recursos para sus objetivos de seguridad.

   Sin embargo, los conflictos recientes también han dejado otros casos significativos que van a contracorriente de la tendencia internacional. El régimen de Muamar Gadafi en Libia recurrió a las minas antipersona en el marco de los combates de 2011, al igual que el régimen de Bashar al Assad en Siria.

   El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha denunciado esta semana que al menos 42 niños han muerto y 109 han resultado heridos desde marzo del año pasado a causa de las minas y las municiones sin explotar en las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk, en el este de la exrepública soviética.

   El caso de Colombia, por su parte, es un claro ejemplo de las consecuencias derivadas de la actividad de grupos armados no estatales. El país sudamericano cuenta con una Dirección para la Acción Integral contra las Minas Antipersona que coordina las operaciones y evalúa los efectos de los explosivos. Entre 1990 y el 31 de marzo de 2015, Colombia registró oficialmente 11.075 víctimas --56 de ellas en lo que va de año--.

   Como mensaje de futuro, la mayor parte de la comunidad internacional comparte el deseo expresado por voces como la del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon: "Espero fervientemente que el mundo esté algún día libre de las amenazas causadas por las minas y los artefactos sin explotar".

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