Las mujeres de la revolución sudanesa

Actualizado 14/07/2019 14:25:43 CET
Mujeres de Sudán
REUTERS / UMIT BEKTAS

Activistas, madres y hermanas narran su lucha frente a la violencia y los abusos de las milicias para instalar el cambio en el país

JARTUM, 14 Jul. (Reuters/EP) -

Tras seis años en el extranjero, Jadiya Salé decidió regresar a Sudán el pasado mes de marzo para unirse a la ola de manifestantes que acabaron forzando, un mes después, el golpe militar que acabó con tres décadas de mandato de Omar Hasán al Bashir.

Salé no se limitó a ver las protestas desde los márgenes, ni se conformó con la salida de Al Bashir. De hecho, fue una de las participantes en las siguientes manifestaciones contra la junta militar que derrocó al dictador para exigirles el traspaso de poderes definitivo a un gobierno de transición civil. 

El 3 de junio, la Policía y las temibles milicias de la Fuerza de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), al servicio de la junta, cargaron contra la protesta en la que participaba Salé, la sentada que cientos de personas mantenían frente al Ministerio de Defensa.

La carga supuso un punto crítico en el proceso de transición. Entre 61 y 110 personas perdieron la vida por la acción de las milicias, según balances respectivos del Gobierno y de las asociaciones civiles sudanesas.

Días después, se supo que la RSF -- los antiguos 'yanyauid' conocidos principalmente hasta ahora por su implicación en supuestas atrocidades perpetradas en las regiones de Darfur, Nilo Azul y las montañas Nuba -- perpetró "decenas de violaciones" a hombres y mujeres durante el acto de dispersión, según informó a mediados del mes pasado el responsable de atención mental de las urgencias de la Universidad de Afhad, Sulaima Ishaq Sharif.

Sharif atendió a doce mujeres, pero cree que el número total es muy superior. A su entender, mujeres y hombres tratan de ocultarlo por su propia seguridad y por la vergüenza que supondría en la conservadora sociedad sudanesa.

La investigación posterior realizada por la ONG estadounidense Doctores por los Derechos Humanos confirma que las RSF perpetraron numerosas violaciones durante la dispersión pero, como Sharif, creen que la violencia sexual fue mucho mayor de lo que arrojan los datos concretos.

Las masacres de principios de la pasada década en Sudán, Darfur particularmente, pusieron de manifiesto la "cultura de la violación" reinante en el país africano. Las milicias, como ya hicieran entonces, colgaron al aire ropa interior femenina para simbolizar a las mujeres a las que habían agredido sexualmente.

"Si humillan a las mujeres, humillan a un pueblo entero. Y lo saben", denuncia la activista de 42 años Hadia Hasbalá. "Como saben que ninguna de las mujeres dirá nunca que la han violado por el estigma que ello supone en la sociedad sudanesa", lamenta.

Otra activista, Nahid Gabralla, de 53 años, constató que las milicias amenazaron con violarla tras expulsarla a golpes de la sentada y su compañera, Mahi Aba Yazid, aseguró que recibió una ración "extra" de golpes solo por ir con pantalones a la sentada, un atuendo en contra de las estrictas leyes de moralidad que defienden los sectores más conservadores de la sociedad sudanesa. "Ya me habían pegado un tiro en el brazo pero les dio igual: siguieron dándome palos", lamenta.

Con todo, recuerda Amel Tajedin, hubo mujeres afortunadas. Tajeldin, de 41 años y madre de cuatro niños, acudió a la sentada gracias a que su marido aceptó cuidar de los niños. No fue tanto a protestar como a cuidar de varios pequeños mientras sus padres participaban activamente en la sentada.

La carga cogió a todos por sorpresa. "Alguien me dijo que me pusiera a correr, pero enseguida acabamos rodeados por militares y Policía. Me molieron a golpes mientras corría", recuerda ahora con sus brazos envueltos en vendajes.

"Los llevo porque usé mis brazos para protegerme la cabeza. Por eso tengo los dos brazos rotos. Y nosotras fuimos afortunadas porque nos pegó la Policía. Quienes fueron golpeados por las RSF acabaron brutalmente heridos", asegura.

BAJO INVESTIGACIÓN

La junta militar ha confirmado que las milicias 'yanyauid' fueron responsables de "excesos" durante la dispersión de la sentada y ha garantizado que están siendo investigados. Sus responsables, prometen, serán llevados ante la justicia.

Sin embargo, entre los activistas reina el escepticismo. Sobre todo, porque el líder de las RSF no es otro que el "número dos" de la junta, Mohamed Hamdan Dagalo alias 'Hemedti', cuyas milicias siguen campando a sus anchas tras la guerra de Darfur, como recuerda otra de las manifestantes, la traductora Nagda Mansour, de 39 años de edad, que ya se pasó más de dos meses en la cárcel por participar en las protestas iniciales contra Al Bashir.

El reciente acuerdo de poder alcanzado en Sudán, donde los militares aceptan por fin la opción de compartir con los civiles un Gobierno de transición, no parece aclarar mucho el panorama. "Es el principio, no el final, asegura Mansur, quien no creerá la existencia de este nuevo Ejecutivo hasta que la vea con sus propios ojos.

El hijo de Manal Fará, de 49 años, murió durante la dispersión. Tenía 22 años e ignoró la orden de su madre para que se quedara en casa. Manal aplaude que su hijo decidiera protestar de todas formas.

"Ahora lo que quieren es que las madres de los revolucionarios impidan a sus propios hijos que se unan a la revolución, pero sabemos que nuestros hijos nunca se detendrán hasta conseguir sus objetivos", asegura la mujer. "Mi hijo murió por cambiar las cosas y rezo para que los sueños de mi hijo se hagan realidad", añade.

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