Las mujeres de Sudán se suman a las protestas para luchar por su libertad y su dignidad

Publicado 08/02/2019 11:57:25CET
REUTERS / MOHAMED NURELDIN ABDALLAH - Archivo

En un país donde la ley islámica condiciona la vida de las mujeres, estas se muestran desafiantes y exigen el cambio

NAIROBI, 8 Feb. (Thomson Reuters Foundation/EP) -

Cuando comenzaron las protestas en Sudán por el elevado precio del pan hace casi dos meses, la activista de los derechos de la mujer Hala al Karib no dudó en unirse a las masas en las calles desafiando a las fuerzas de seguridad para expresar su ira.

La mala situación económica, sumada a la galopante inflación, la limitación en la retirada de dinero de los bancos y la falta de combustible, se han cobrado un duro peaje sobre los 40 millones de sudaneses, de ahí que los manifestantes hayan pasado a reclamar la marcha del presidente del país, Omar Hasán al Bashir, después de tres décadas en el poder.

Pero para Al Karib y muchas mujeres que arriesgan sus vidas en primera línea de estas protestas --el reto más sostenido contra Al Bashir desde que llegó al poder en 1989-- un cambio en el Gobierno significa más que prosperidad económica.

"El precio del pan fue un detonante para las protestas, pero no se trata solo de pan, se trata de igualdad. Se trata de dignidad, se trata de libertad", defiende Al Karib, directora regional de la Iniciativa Estratégica para las Mujeres en el Cuerno de África en Jartum.

"El Gobierno tiene una ideología islámica militante que está en el corazón de sus esfuerzos para excluir a la mujer de la escena pública. Durante 30 años, las mujeres en Sudán han luchado contra esta opresión, así que no es ninguna sorpresa que se estén manifestando de modo significativo ahora", añade.

Desde estudiantes y académicos a amas de casa y vendedoras callejeras, mujeres de todos los estratos de la sociedad se están manifestando, explica a Thomson Reuters Foundation, añadiendo que las mujeres están participando en las protestas a un nivel sin precedentes.

Las mujeres sudanesas se enfrentan a numerosas amenazas, desde el matrimonio infantil pasando por la violencia doméstica y la violación. Una de cada tres mujeres están casadas antes de los 18 años, mientras que nueve de cada diez han sido sometidas a mutilación genital femenina, según la ONU.

Pese a ello, hay pocas políticas en vigor para proteger a mujeres y niñas. La violación dentro del matrimonio y el matrimonio infantil, por ejemplo, no son consideradas delitos en este país predominantemente musulmán. La ley islámica en Sudán permite que una niña se case una vez alcance la pubertad. Además, estipula que una niña de 10 años puede ser casada por su guardián con el permiso de un juez.

DUDOSO HISTORIAL EN MATERIA DE DERECHOS DE LA MUJER

El historial de Sudán en materia de derechos de la mujer atrajo la atención mundial en mayo de 2018 después de que adolescente Nura Hussein fuera condenada a muerte por matar a su marido después de que intentó violarla, pese a haber sido casada siendo una niña y actuar en defensa propia.

Su caso fue condenado a nivel internacional --hubo incluso una petición de clemencia online que reunió 1,5 millones de firmas-- y finalmente su condena a muerte fue conmutada por una pena de cinco años de cárcel.

Los grupos de defensa de los derechos de las mujeres, así como la ONU, también ponen el foco en las leyes de orden público de Sudán, que regulan la libertad de vestuario, movimiento, asociación, trabajo y estudio de las mujeres.

Estas "leyes de moralidad" han sido usadas durante años para oprimir a las mujeres, incluidas activistas, estudiantes y vendedoras callejeras, con castigos que van desde flagelación hasta pena de cárcel, denuncian.

"No podemos llevar nuestras vidas cotidianas en libertad y sin miedo", subraya Wini Omer, una periodista y activista sudanesa que fue detenida en febrero de 2018 y acusada de prostitución por mantener un encuentro con dos hombres y una mujer.

"Estas leyes de moralidad son usadas de forma arbitraria para criminalizar a las mujeres. Podemos ser flageladas o encarceladas por no llevar el pelo cubierto o por vestir pantalones", subraya Omer, que actualmente vive en Reino Unido.

Miles de mujeres han sido condenadas a latigazos como resultado de ser procesadas en virtud de la ley de orden público, según la campaña Iniciativa contra la Opresión de las Mujeres en Sudán.

El país es también uno de los pocos que no ha firmado la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW, por sus siglas en inglés), un tratado clave que busca acabar con la violencia de género.

INTERPRETACIÓN CONSERVADORA DEL ISLAM

"La élite gobernante en Sudán tiene una interpretación muy desfasada y conservadora del islam y aplica una versión muy estricta de la sharia que ofrece castigos muy duros, especialmente a las mujeres", señala Ahmed Elzobier, investigador sobre Sudán en Amnistía Internacional.

"El Gobierno se muestra muy dubitativo sobre firmar el CEDAW ya que va contra su ideología, pero las mujeres sudanesas son muy conscientes de su papel como agentes del cambio, por lo cual estamos viendo su participación en estas protestas", añade.

Desde que comenzó la última ola de protestas el pasado 19 de diciembre, estudiantes, activistas, profesores, médicos y otros se han manifestado casi a diario en Sudán. En algunas ciudades, las fuerzas de seguridad han respondido con gases lacrimógenos y testigos han denunciado el uso de munición real.

Los grupos de defensa de los Derechos Humanos sostienen que al menos 45 personas han muerto y más de 1.000 han sido detenidas en enfrentamientos con los antidisturbios. El Gobierno habla de 30 muertos. Pese a ello, los manifestantes han seguido saliendo a las calles, incluidas miles de mujeres.

PARTICIPACIÓN MASIVA DE LAS MUJERES EN LAS PROTESTAS

"En algunas protestas he visto que hay más mujeres que hombres. Algunas marchan, otras sirven te a los manifestantes", relata una activista en Jartum que prefiere no ser identificada. "Incluso esas mujeres que no pueden dejar sus casas están ayudando a acoger a la gente que es dispersada por la Policía. Las abuelas que no pueden marchar se quedan delante de sus casas y hacen sonar sartenes para motivar a los manifestantes", destaca.

Pero la respuesta ha sido severa, según los grupos de Derechos Humanos. Decenas de mujeres han sido detenidas, incluidas muchas activistas de los derechos de las mujeres, y algunas manifestantes han sido golpeadas y agredidas verbalmente y tachadas de prostitutas por las fuerzas de seguridad, según Amnistía Internacional.

Human Rights Watch (HRW) dice haber recibido informaciones de mujeres manifestantes que han sufrido tocamientos y han sido amenazadas con violación por milicias progubernamentales.

Mujeres como Al Karib se muestran desafiantes y están convencidas de que las protestas continuarán. "Estoy muy esperanzada y no lo había estado tanto nunca. Hay una fuerte demanda de cambio y, como mujeres, hemos desempeñado un fuerte papel en la oposición al régimen", defiende la activista. "No hay vuelta atrás ahora", asegura.

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