Una pancarta con las imágenes del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el líder de la oposición, Gadi Eisenkot, durante la campaña para las elecciones del 27 de octubre en Israel - Jamal Awad/dpa
El creciente peso de la religión en un país preocupa a los israelíes que temen incluso una guerra civil
TEL AVIV, 26 Oct. (De la enviada especial de EUROPA PRESS, Leyre Guijo) -
Israel se juega su identidad como Estado judío, democrático y liberal en las elecciones de este martes, según alertan desde la oposición al primer ministro, Benjamin Netanyahu, en un país en el que la fractura en dos grandes bloques que representan a quienes apuestan por una visión nacionalista y religiosa, que se ha ido abriendo camino desde antes del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, y quienes reivindican los valores sobre los que fue creado el Estado en 1948.
A la falta de rendición de cuentas por parte del Gobierno respecto a lo que fue el mayor ataque terrorista sufrido por el país en su historia se ha sumado lo que se percibe como una injusticia al no reclutarse a los ultraortodoxos para combatir en los varios frentes militares que ha abierto Netanyahu.
En estas circunstancias, según la última 'Evaluación Anual del Pueblo Judío', elaborada por Instituto de Política del Pueblo Judío (JPPI), el 55% de los israelíes apuntan a la polarización y la división interna como el mayor peligro para Israel, por delante de la amenaza nuclear iraní (23%) y del conflicto israelo-palestino (18%). Es más, seis de cada diez consultados consideran que existe un riesgo real de una guerra civil.
De acuerdo con esta encuesta, al 78% de los israelíes les preocupa la cohesión social. Aquí el porcentaje de quienes apuntan a la tensión entre derecha e izquierda ha pasado del 56 al 46% en el último año, mientras que quienes señalan a la tensión entre judíos religiosos y laicos han pasado del 20 al 32%, el nivel más alto de los últimos tres años. El dato alcanza el 36% entre los judíos.
Para el JPPI, "este cambio no es accidental", sino que refleja el conflicto vivido en el último año entre la mayoría de la sociedad israelí y la comunidad ultraortodoxa (los haredíes), principalmente por su negativa a su reclutamiento obligatorio en el Ejército. En este sentido, el 80% de los encuestados apoyan que los ultraortodoxos sirvan en el Ejército, mientras que entre los haredíes el 93% rechazan esta cuestión, considerando que es inaceptable.
COMISIÓN DEL 7-O Y RECLUTAMIENTO DE LOS ULTRAORTODOXOS
Según un sondeo realizado de cara a las elecciones por el Instituto para la Democracia en Israel (IDI), el 72% de los judíos israelíes defienden que lo primero que tiene que hacer el nuevo Gobierno es aprobar una ley que obligue a los haredíes a entrar en el Ejército, mientras que el 71% defiende que tiene que nombrar una comisión que investigue el atentado del 7-O, un dato que cae al 52% en el caso de los árabe-israelíes.
Desde la oposición, coinciden en que estas dos cuestiones son prioritarias y entran en sus promesas electorales. "Estas son unas elecciones sobre la identidad del país, los valores de la nación y quiénes vamos a ser", resume Lianne Pollack-David, miembro del partido Yashar que encabeza Gadi Einsenkot, quien podría convertirse en el próximo primer ministro.
En un encuentro con periodistas organizado por Fuente Latina, defiende que "Israel es un Estado judío democrático y también liberal" y deja claro que eso es lo que buscan recuperar desde la oposición, un mensaje que ratifica el exministro Eitan Ginzberg, candidato por el partido Juntos que lideran Naftali Bennett y Yair Lapid. "Lo que está en juego es qué Israel queremos tener", añade.
"Este es un momento crucial, no podemos seguir actuando como hasta ahora. Esto es una amenaza existencial, mucho más que cualquier amenaza externa", alerta Pollack-David. De ahí que, además de la comisión de investigación por el 7-O para "depurar responsabilidades", aprender de los errores y garantizar que no se repita, también apuesten no solo por obligar a enrolarse a todos los sectores de la sociedad sino también por establecer un único sistema educativo, ya que ahora los ultraortodoxos cuentan con uno propio aunque financiado por el Estado.
FALTA DE EQUILIBRIO ENTRE LO JUDÍO Y LA DEMOCRACIA
También en esto los israelíes parecen estar de acuerdo. En otro sondeo publicado el viernes por el IDI, solo el 24% de los judíos israelíes considera que existe un equilibrio entre los componentes judío y democrático en Israel, mientras que el 41% cree que el componente judío es demasiado dominante y el 23% cree que lo es el democrático.
Entre los judíos, el dato es mayor entre los que se dicen de izquierda (76%) y de centro (66%), mientras que la derecha se muestra más dividida. Así, el 31% considera que el componente democrático es demasiado dominante, el 25,5% cree que lo es el judío y el 30% considera que ambos están equilibrados.
Desde el punto de vista religioso, el 69% de los ultraortodoxos consideran que el componente democrático está demasiado presente, mientras que entre los laicos el 71% cree que el componente judío es demasiado dominante. Por otra parte, entre los árabe-israelíes, el 65% piensa que pesa demasiado el componente judío del Estado.
Tal y como subraya Beth Oppenheim, experta en Oriente Próximo del 'think-tank' Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), desde su creación, en Israel ha habido fuerzas que han peleado por la identidad del Estado. Inicialmente imperó la idea de los fundadores sionistas laboristas: "un Estado judío con instituciones laicas y aspiraciones liberal-democráticas".
LO MARGINAL HA DEJADO DE SERLO
El modelo siempre tuvo fallos, defiende en un artículo sobre 'Las ideas de Israel' publicado por ECFR, ya que al mismo tiempo se excluía a los palestinos y desde 1967 eran objeto de ocupación tanto en Gaza como en Cisjordania. Sin embargo, incide, "en los últimos años las ideas iliberales que otrora estaban confinadas a los márgenes políticos y religiosos de Israel se han convertido en la corriente principal".
Hoy en día, destaca, "un liderazgo radical religioso nacionalista está impulsando un mayor papel de la legislación judía en el Estado, así como una soberanía judía sobre el 'Gran Israel'", que abarca Palestina y más allá. Estas ideas han influido a la derecha tradicional que "ha ido abrazando un concepto etnonacionalista y mayoritario de democracia, en el que la mayoría electoral debería enfrentarse a menos limitaciones institucionales".
En este contexto, añade, el apoyo a la creación de un Estado palestino prácticamente ha desaparecido del espectro político judío mientras que "el control permanente israelí sobre los palestinos se ha normalizado".
"Tras el 7-O los israelíes entienden que el Estado palestino no es posible en estas condiciones", subraya Ginzburg, una postura ampliamente compartida por otros partidos de la oposición, al igual que en el bloque de Netanyahu. Asimismo, aunque se muestra crítico con lo que está pasando en Cisjordania dice que su partido solo se opone a quienes tratan de instalarse en territorios palestinos sin permiso del Gobierno o el Ejército.
La excepción la constituyen Los Demócratas, donde se engloba el Laborismo y el Meretz (izquierda). "Somos el único partido que todavía habla de la paz", subraya Tomer Avital, candidato por este partido a la Knesset. "Israel antes era un faro en la región y ahora somos el país más odiado del mundo", lamenta en conversación con periodistas organizada por Fuente Latina. "Nos merecemos la imagen por lo que pasa en Cisjordania", subraya, convencido de que tras las elecciones el nuevo Gobierno "liberal" podrá mostrar al mundo su verdadera cara que no es la actual.
En la Lista Árabe Conjunta, uno de los dos partidos árabes-israelíes en estos comicios, van más allá. "Somos los únicos que hablamos de paz y del fin de la ocupación", reivindica su director de campaña, Mauricio Lapchik, para quien "la solución más justa" en el contexto actual es que los palestinos puedan ejercer su "derecho a la autodeterminación" como hicieron en su momento los israelíes y tener su propio Estado.