Las otras elecciones de este domingo en Brasil

Camiseta con la imagen del candidato presidencial Jair Bolsonaro
REUTERS / PAULO WHITAKER 
Actualizado 06/10/2018 9:21:36 CET

Los cambios en la ley electoral y unos escándalos de corrupción amortizados garantizan el 'statu quo'

MADRID, 6 Oct. (EUROPA PRESS) -

Brasil celebra este domingo las primeras elecciones tras la catarsis nacional que ha supuesto el descenso a los infiernos del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su protegida, Dilma Rousseff. El plato fuerte será la carrera por el Palacio de Planalto, pero también se decidirá el reparto de poder en el Congreso y en los territorios.

Este 7 de octubre, 147 millones de brasileños están obligados a votar para elegir al presidente y al vicepresidente del país, así como a los gobernadores de los 26 estados y el Distrito Federal, y 567 escaños en el Congreso --dos tercios del Senado (54 de 81) y toda la Cámara de Diputados (513)--.

Los ojos de todo el mundo están clavados en la pelea que librarán en las urnas el candidato de la ultraderecha brasileña, Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal, PSL), y el líder izquierdista Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT) que han dejado huérfano Lula y Rousseff.

Los sondeos auguran que Bolsonaro ganará la primera vuelta con al menos diez puntos de ventaja sobre Haddad y que ambos se medirán en la segunda vuelta del 28 de octubre, en la que, de acuerdo con los mismos pronósticos, el ex militar se impondría por apenas dos puntos.

Al margen de la competición presidencial, tanto el PSL como el PT han quedado completamente desdibujados, el primero por su escasa presencia y el segundo por el 'impeachment' contra Rousseff y la sucesión de casos de corrupción, uno de los cuales ha llevado a Lula a prisión.

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UN CONGRESO ATOMIZADO

En el caso de los comicios parlamentarios, sea quien sea el próximo presidente del gigante suramericano tendrá que lidiar con un Congreso sumamente fragmentado donde ni el partido de Bolsonaro ni el de Haddad ni sus respectivos aliados --dos formaciones pequeñas-- conseguirían, ya no mayoría, sino al menos una presencia notable.

El PSL, que actualmente cuenta con ocho diputados, sí capitalizaría la popularidad electoral de Bolsonaro hasta afianzar unos 20 asientos en la cámara baja. El PT, en cambio, caería desde los 68 escaños que posee en estos momentos hasta unos 50. Los dos partidos quedarían como fuerzas minoritarias.

El 'gran centro' será el bloque con mayor representación parlamentaria, con unos 170 diputados. Sin embargo, Bolsonaro podría pescar en este caladero forjando una base aliada en el Congreso similar a la que sostuvo a los gobiernos del PT durante trece años, gracias en parte al creciente sentimiento 'antipetista'.

Ejemplo de ello es el todopoderoso Frente Parlamentario de la Agropecuaria (FPA), el 'lobby' del sector agrícola y ganadero de Brasil, que concita a más de 260 diputados y senadores y que se ha decantado por Bolsonaro porque el candidato presidencial del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), al que era leal, Geraldo Alckim, apenas tiene opciones.

Íntimamente relacionado con este espaldarazo del FPA está el del grupo de presión pro armas. Bolsonaro ha prometido una regulación más flexible sobre la tenencia y el uso de armas de fuego para permitir a los campesinos que defiendan sus tierras y animales de los cada vez más habituales ataques en zonas rurales.

También podría seducir a los influyentes 'caucus' evangélico y católico del Congreso por su encendida defensa de los valores tradicionales, que incluyen jugosas promesas electorales, como frenar la legalización del aborto y de los matrimonios homosexuales.

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TENDENCIA CONSERVADORA

El leve ascenso del PSL y el desplome del PT no tendrán un gran impacto en la configuración del Congreso, que permanecerá con una marcada tendencia conservadora --debido a la cercanía del centro a la derecha--, de acuerdo con un reciente estudio del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP).

Una de las razones es que, de los 513 diputados salientes, 457 competirán por la reelección y eso a pesar de que el 40 por ciento se enfrentan a juicios por corrupción en el Tribunal Supremo. En el Senado, el panorama no es muy diferente: de los 54 escaños en juego, 32 de sus actuales inquilinos buscarán un segundo mandato.

La reforma electoral ha favorecido la continuidad de los congresistas en el cargo. Ha reducido los días de campaña (de 90 a 45) y el tiempo de exposición en radio y televisión y ha prohibido las donaciones empresariales, de modo que los nuevos candidatos cuentan con menos recursos para darse a conocer entre los votantes.

Ayuda igualmente que la corrupción ya no es la principal preocupación de los brasileños. La mayoría de los votantes la ha dado por amortizada con los procesos judiciales del 'Mensalao' y 'Lava Jato' y con la expulsión de Rousseff. Según una encuesta de Datafolha, la sanidad encabeza la lista (23 por ciento), seguida de la educación (20) y la corrupción (15).

La novedad será, si se produce, el regreso de Rousseff a la primera línea política. Desde que fue destituida del cargo en agosto de 2016 por irregularidades contables se ha mantenido en segundo plano pero pretende recuperar su voz pública como senadora de su estado natal, Minas Gerais.

La Justicia brasileña, que analizaba la legalidad de su candidatura, decidió 'in extremis' esta misma semana que el 'impeachment' con el que fue cesada acabó con su mandato presidencial pero no con sus derechos políticos, lo que le da vía libre este domingo.

Además, se espera que haya más mujeres, jóvenes y afrodescendientes en el Parlamento por el empuje de siglas como Agora, Partido Novo y RenovaBR, lo que provocará una leve mutación en el perfil tradicional del congresista brasileño: un hombre blanco de 50 años con activos por valor de 250.000 dólares.

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PODER TERRITORIAL

Tampoco habrá una transformación del mapa brasileño en las elecciones regionales. De los 27 gobernadores salientes, 20 optan por la reelección y todo apunta a que la conseguirán, aunque tengan que hacerlo en segunda vuelta, neutralizando así la irrupción de nuevos partidos.

El PSDB y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) --la nueva cara del partido del presidente saliente, Michel Temer-- son los mejor posicionados. Ambos cederían terreno --el PSDB pasaría de cuatro a tres gobernadores y el MDB de ocho a cinco--, si bien se rifarán el mayor trozo del pastel regional: Sao Paulo.

Por otro lado, el PT conservaría los cinco estados en los que gobierna con la posibilidad de añadir otro más (Santa Catarina) y el PSL de Bolsonaro solo daría la batalla en el estado brasileño de Roraima, obteniendo de esta forma su primer gobernador.

En Río de Janeiro, los Demócratas y PODE se disputan la plaza. Anthony Garothino, del Partido Republicano Progresista (PRP), iba en cabeza hasta que el pasado 27 de septiembre la Justicia Electoral le vetó por corrupto. Ahora el ex futbolista Romario de Souza Faria (PODE) ha ocupado el primer puesto del podio, seguido del 'demócrata' Eduardo Paes.

Así las cosas, las expectativas de cambio generadas por la judicialización de los escándalos políticos y las multitudinarias manifestaciones por la crisis económica han quedado matizadas por el fuerte arraigo de los partidos tradicionales. El único interrogante está en la Presidencia.