El segundo en la línea de sucesión se ha propuesto acabar con la "adicción al petróleo" de la economía del país
RIAD, 7 May. (Reuters/EP) -
El príncipe Mohamed bin Salmán, segundo en la línea de sucesión al trono en Arabia Saudí, recibió una cerrada ovación cuando visitó una reunión de jóvenes saudíes el mes pasado. La semana pasada, tras anunciar sus planes económicos en una reunión con líderes religiosos, uno de los jeques más conservadores del reino tuiteó un sonriente 'selfie' suyo con el príncipe.
Si el hijo de 31 años del rey Salmán logrará su objetivo de modernizar la economía del reino es objeto de un animado debate en las redes sociales, en las oficinas y en las cafeterías de Riad.
Los planes, que buscan acabar con la dependencia del petróleo para 2030, requieren remodelar la burocracia que ha obstaculizado los cambios en el pasado, retar a los poderosos religiosos conservadores y construir un sector privado que actualmente depende del gasto estatal.
Diplomáticos y economistas afirman que el programa, que depende de que el sector privado lidere el crecimiento y ofrezca nuevas fuentes de ingresos al Estado a través de impuestos y tasas, será excepcionalmente difícil de poner en práctica.
Los asistentes más cercanos del príncipe reconocen las dificultades. Algunos miembros de la familia real temen que cambios económicos muy rápidos puedan provocar inestabilidad social o tensión dentro de la dinastía Al Saud, según analistas saudíes.
Aún así, en este país de 20 millones de saudíes y 10 millones de expatriados, el ascenso del príncipe Mohamed --vicepríncipe heredero que se encarga de la estrategia económica, de defensa y petrolera-- pone de manifiesto un dramático cambio hacia un liderazgo aparentemente más a tono con las necesidades de un país donde el 70 por ciento de la población tiene menos de 30 años.
GERONTOCRACIA SAUDÍ
Esta es la primera vez que el poder efectivo ha sido cedido de la gerontocracia real de gobernantes de entre 70 y 80 y tantos años a una tercera generación de una familia fundada por el abuelo del príncipe, Ibn Saud. El rey Salmán todavía tiene la última palabra, pero ha delegado poderes prácticamente sin precedentes en su hijo.
Esto ha ocasionado cambios en el estilo y la sustancia. El príncipe Mohamed trabaja 16 horas al día --al contrario que los horarios más relajados de sus antecesores-- y ha designado a personas del mundo de los negocios y expertos económicos en lugar de a otros miembros de la casa real para altos cargos.
Muchos jóvenes saudíes ven el ascenso de un hombre al que normalmente se refieren como "MbS" como prueba de que su generación finalmente está desempeñando un papel en un país cuyas tradiciones patriarcales han hecho del poder el coto de los ancianos.
"Quiero que sea nuestro rey ahora mismo. Tiene una mentalidad abierta, tiene un gran plan y quizás sea algo guapo", comenta Najla, de 20 años. Ese apoyo, y los temores desatados por la caída de los precios del petróleo, están dando a MbS una importante trampolín para sus esfuerzos.
Cuando en diciembre él y su equipo subieron los precios del petróleo --un paso que anteriores administraciones habían dudado dar por temor a la reacción ciudadana--, los saudíes se lo tomaron con filosofía. La falta de protestas sorprendió a MbS, según su entorno, pero también le ayudó a convencerse de que los saudíes ahora están preparados para el cambio.
DESCONOCIDO HASTA EL AÑO PASADO
Pocos habían escuchado hablar del príncipe Mohamed antes de su que padre, un hijo de 80 años del fundador de la Arabia Saudí moderna, se convirtiera en el séptimo monarca en enero de 2015. Ahora, es el segundo en la línea sucesoria detrás de Mohamed bin Nayef, su primo y príncipe heredero, que también es ministro del Interior.
Al contrario que otros miembros de su familia, el príncipe Mohamed no estudió en el extranjero sino que se graduó en Derecho en la Universidad Rey Saud. Los saudíes informados que siguen los asuntos reales afirman que es el favorito del rey Salmán, quien le hijo su asesor personal a muy temprana edad.
En sus pocas apariciones públicas con periodistas, el poderoso príncipe proyecta confianza. Escucha a las preguntas en inglés pero responde a través de un intérprete y en ocasiones le corrige en sus traducciones al inglés.
VISIÓN 2030
La semana pasada, el príncipe Mohamed desveló oficialmente Visión 2030, su plan para llevar a la economía de forma decisiva desde su "adicción al petróleo" hacia el sector privado. La supresión por fases de los subsidios al combustible, el agua y la electricidad --parte del sistema de bienestar del que gozan los saudíes, de los que cuatro de cada cinco trabajan en el sector público-- ya está en marcha.
El nuevo plan incluye obtener ingresos no petrolero de inversiones privadas y la privatización y establecimiento del mayor fondo soberano en el mundo. La idea es crear millones de nuevos puestos y elevar la participación de las mujeres en la fuerza laboral, del 22 por ciento actual al 30 por ciento para 2030.
Los planes también incluyen la venta de algo menos del 5 por ciento de la petrolera Aramco y poner las ganancias y a la compañía en el Fondo de Inversión Pública (FIP), junto con otros bienes que eventualmente podrían crear un vehículo de inversión de 3 billones de dólares.
Otro ambicioso objetivo que el 50 por ciento de las necesidades militares del país --con el tercer mayor gasto en defensa del mundo-- sean cubiertas a nivel nacional para 2030, frente al 2 por ciento actual.
RELIGIOSOS CONSERVADORES
También hay retos sociales, ya que algunas de las ambiciones del príncipe Mohamed, incluido dar a la mujer un mayor papel económico, enfurecerán a los religiosos conservadores, fuente de la más peligrosa amenaza a la dinastía Al Saud desde la fundación del reino.
Algunos esperaban, por ejemplo, que Visión 2030 incluyera pasos para levantar la prohibición de conducir a las mujeres, pero no lo hizo. Respondiendo a una pregunta sobre ello, el vicepríncipe heredero dijo que la cuestión es más social que religiosa y por tanto corresponde a la sociedad decidir.
Además, el sistema educativo del país está tradicionalmente bajo el control de fundamentalistas religiosos que, entre otras cosas, insisten en enclaustrar y segregar a las mujeres, frenando su capacidad de trabajar.
Algunos saudíes de más edad, miembros de la familia real y empresarios temen que los planes del príncipe Mohamed de modernizar la burocracia del reino puedan provocar fracturas sociales si no consiguen mantener el confortable estándar de vida o aplacar a los conservadores.
Y el meteórico ascenso de MbS también ha generado rumores entre algunos analistas saudíes de fricciones con el príncipe Mohamed bin Nayef, de 56 años, un veterano jefe de seguridad y el favorito del principal aliado de Riad, Estados Unidos. Hasta ahora, ambos hombres se han mostrado cautos en público, con el joven príncipe mostrando deferencia y respeto por su primo, según diplomáticos.
Por otra parte, el príncipe Mohamed, como su padre y los anteriores monarcas, ha dedicado un esfuerzo significativo a cortejar a los clérigos, que tienen una gran influencia en el sistema legal. Un asesor ha dicho que el príncipe se reúne con entre cuatro y cinco líderes religiosos a la semana.
La semana pasada, justo después de anunciar Visión 2030 a la prensa, se reunió con un grupo de líderes religiosos e intelectuales en la siguiente sala y les aseguró directamente que no iría demasiado lejos. Al ser preguntado por la cuestión de las mujeres al volante, se volvió a mirar a los líderes religiosos y les dijo que no ocurriría aún, según uno de los presentes.