Raif Badawi: 751 aplausos frente a 950 latigazos

Actualizado 19/12/2015 8:40:52 CET
Entrega del premio Sajarov a la mujer de Raif Badawi
AMNISTÍA INTERNACIONAL

MADRID, 19 Dic. (Por Ana Gómez Pérez-Nievas, periodista en Amnistía Internacional España) -

   La sala es imponente. Caben 751 europarlamentarios. Pero el miércoles 16 de diciembre estábamos algunas personas más. Nos habían invitado a asistir a la entrega del Premio Sajarov 2015 a la Libertad de Conciencia. Y allí estaba ella. Emocionada, sonriente y con la mirada rebosante de esperanza, sin importarle las cámaras, los asistentes, los periodistas.

   Su mirada estaba puesta lejos, en la cárcel donde su marido cumple condena en la ciudad de Yida, en Arabia Saudí. Así recibió Ensaf Haidar, la mujer de Raif Badawi, el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia 2015. Un galardón que espera aumentar la presión para liberar al bloguero que ha sido condenado a 10 años de cárcel y 1.000 latigazos por ejercer su derecho a la libertad de expresión y que Amnistía Internacional considera preso de conciencia.

   Según cuenta su mujer*, exiliada en Canadá con sus tres hijos, Raif fue trasladado el pasado jueves a otra prisión en Yida y comenzó una huelga de hambre. "Si supiera la calurosa acogida que he recibido aquí seguro que se encontraría mejor de ánimo", explica. Badawi recibió la primera tanda de latigazos el pasado nueve de enero, un cruel castigo que le dejó en débil estado de salud. A pesar de que no ha vuelto a ser flagelado, sigue estando en riesgo de cumplir, cada viernes, con esa salvaje meta de los 950 latigazos restantes.

"UN ESTADO DENTRO DE UN ESTADO"

   El reino saudí parecía querer avanzar hacia la defensa de los Derechos Humanos en las últimas décadas, ratificando algunos tratados internacionales y permitiendo reformas que le llevaron a obtener un sitio en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en 2009, pero pronto se vio el lavado de cara.

   En 2011, una orden del Ministerio del Interior prohibía todas las manifestaciones y reuniones públicas pacíficas, y en 2014 se aprobó la Ley sobre Delitos de Terrorismo y su Financiación, que contiene una definición tan amplia e imprecisa de los delitos de terrorismo --actos encaminados directa o indirectamente a "perturbar el orden público del Estado", "desestabilizar la seguridad de la sociedad o la estabilidad del Estado", "poner en peligro su unidad nacional", "revocar la ley fundamental de gobierno o cualquiera de sus artículos" y "dañar la reputación del Estado o su posición"-- que se está utilizando contra los activistas y defensores.

   "Hay un éxodo de pensadores árabes que irán a buscar otro lugar donde vivir", asegura Haidar, desafiante ante el Parlamento, y recuerda además que "todo lo que ha escrito mi marido es pacífico, lo único que ha hecho ha sido criticar la policía religiosa en su país y pedir fin al comportamiento extremista de esta policía". "Un debate en un país de un pensamiento único", asevera, haciendo referencia al blog que le costó a su marido la condena, Liberales Saudíes.

   Sin embargo, no solo quienes se atreven a cuestionar los valores religiosos son perseguidos en el país donde impera la 'sharia' (o ley islámica). Un total de 11 miembros de ACPRA (Asociación Saudí de Derechos Civiles y Políticos), una organización en la que sus miembros fundadores son expertos en el Islam y con gran experiencia en la jurisprudencia islámica y que por lo tanto no pueden ser tachados de promover los valores "occidentales o ateístas", han sido encarcelados. La organización, cuyos activistas han desafiado las interpretaciones de las autoridades sobre los Derechos Humanos en el Islam y han llamado al Ministro de Interior "un Estado dentro del Estado" por los incontables poderes que ostenta, exponiéndose así a graves consecuencias, ha quedado prácticamente desvalijada.

PRESIONES EUROPEAS INSUFICIENTES

   Ante ese intento de las autoridades saudíes de silenciar la disidencia, el Premio Sajarov a Badawi ha contribuido a ruborizar un poco al país del Golfo. Sin embargo, a pesar de que el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, durante la entrega del galardón, volvió a reiterar su petición al rey Salmán de Arabia Saudí para que liberara a Badawi y a otros presos de conciencia, las instituciones europeas y los Estados miembros pueden y deben hacer más por presionar al país.

   Mientras Schulz afirmaba que "estamos también horrorizados por la posible ejecución de un joven acusado cuando era menor y vuelvo a hacer aquí un llamamiento al rey: aléjense de esta pena capital tan cruel", una puede preguntarse sobre la inacción de la UE ante las violaciones de Derechos Humanos en Arabia Saudí, que ha quedado en evidencia. Más de 150 personas han sido ejecutadas en 2015, frente a las 91 de 2014, situando al país en uno de los cinco mayores verdugos del mundo.

   Lamentablemente, la represión a la disidencia, incluso mediante la aplicación de la pena de muerte, no es la única de las violaciones de Derechos Humanos que tienen lugar. Las mujeres, en el único país del mundo que no les permite conducir, sufren una discriminación constante: matricularse en la universidad, acceder a un trabajo remunerado, o viajar son actividades que solo pueden realizar mediante el permiso de un tutor varón.

   Es normal entonces que Yannis Darmis, jefe de la Unidad de Servicios y Seguimiento a los Medios de Comunicación, se pregunte, durante el seminario previo a la entrega del Sajarov, si las instituciones europeas están haciendo lo suficiente en sus relaciones con los países que no cumplen con sus obligaciones internacionales. "Somos conscientes de la diferencia entre lo que predicamos y lo que hacemos, pero no podemos rendirnos", aseguraba.

   Y que Elena Valenciano, con mayor firmeza, opinara que los europeos "hemos abandonado la defensa contundente de los Derechos Humanos al contraponerla con la defensa de los intereses nacionales. Así, lo que hacemos es perder peso ante nuestras sociedades, que lo que esperan de nosotros es que nos encarguemos de defender esos derechos". También Haidar consideraba tímidamente que los países europeos podrían presionar más para hacer reaccionar a Arabia Saudí.

   Ensaf, que durante su discurso también pidió un minuto de silencio por los atentados de París, terminó con unas palabras de su marido: "A los que nos desean la muerte, les deseamos la vida, a los que sean ignorantes les deseamos que vuelvan a la razón". Y después continuó su camino en la lucha que hoy da sentido a su vida: encontrarse de nuevo cara a cara con su marido en libertad. La espera, sin duda, se está haciendo demasiado larga.

*Amnistía Internacional no ha podido corroborar la información sobre el traslado a otra prisión y la supuesta huelga de hambre. La organización tiene prohibida la entrada en el país