Archivo - El primer ministro sueco, Ulf Kristersson - Europa Press/Contacto/Wiktor Dabkowski - Archivo
MADRID, 12 Sep. (EUROPA PRESS) -
Más de ocho millones de suecos acuden a las urnas este domingo para votar en unas elecciones parlamentarias, municipales y regionales marcadas por el desgaste del bloque gubernamental de centro-derecha y cuando al alternativa de la oposición no cuenta con una alianza clara, todo ello en medio de un escenario de fuerte fragmentación parlamentaria y gobernabilidad incierta.
Acosado por el desgaste de su gestión y el desplome de su popularidad en las encuestas, el actual primer ministro, Ulf Kristersson, y líder del conservador Partido Moderado, afronta unos comicios condicionados por la fractura interna de su propia coalición tripartita y la creciente presión de sus aliados.
Hasta ahora, Kristersson gobernaba en minoría en una frágil coalición de centroderecha junto a sus socios del Partido Liberal y los Demócratas Cristianos. Sin embargo, la gobernabilidad del país ha dependido por completo del apoyo externo de los Demócratas de Suecia (SD), la formación de extrema derecha encabezada por Jimmie Akesson.
Bajo el denominado Acuerdo de Tido, firmado tras las elecciones de 2022, la extrema derecha no entró en el Gobierno, pese a estar por encima del Partido Moderado, y apoyó la investidura de Kristersson a cambio de que se asumiera buena parte de su agenda en materia de inmigración, asilo y control fronterizo.
En cambio ahora, a diferencia de la legislatura anterior, el partido de Akesson amenaza con no reeditar la coalición si la ultraderecha no entra formalmente en el gabinete con carteras propias, con la vista puesta en ministerios estratégicos como Justicia e Inmigración para gestionar directamente las áreas presupuestarias que articulan su programa.
A la fragilidad de la alianza tripartita se suma también la supervivencia parlamentaria del Partido Liberal, que en las encuestas apenas ha logrado superar la barrera del 4% en intención de voto, necesaria para conservar su representación en el Parlamento, según los últimos datos publicados por Novus. Un hipotético descalabro de los liberales pondría contra las cuerdas la repetición del Ejecutivo de Kristersson.
DIFERENCIAS EN SEGURIDAD E INMIGRACIÓN
A lo largo de toda la campaña, el primer ministro ha sacado pecho en materia de seguridad, defendiendo que la violencia se ha reducido en el país gracias a la mano dura de su Ejecutivo. "Desde que entramos en el Gobierno en 2022, la violencia mortal de pandillas ha caído un 75%. Los tiroteos han disminuido un 80%. Al mismo tiempo, el doble de criminales de pandillas están siendo arrestados en el extranjero, ha subrayado Kristersson en redes sociales.
Sin embargo, la seguridad ciudadana continúa en el centro del debate tras el ataque perpetrado en un instituto de la localidad de Fagersta. Ante la conmoción por la tragedia, que dejó una adolescente muerta y dos heridos, el Ejecutivo sueco anunció la creación de una comisión para la prevención de la violencia escolar. Asimismo, el pasado mes de junio entró en vigor una reforma de la ley de armamento, que endurece las penas por tráfico ilícito de armas.
Por su parte, Demócratas de Suecia mantiene una postura más drástica en cuestiones de seguridad que los Moderados, abogando por un endurecimiento sin precedentes del Código Penal, que incluye un aumento sustancial de las penas, el despliegue "masivo" de efectivos policiales en las calles, la retirada de la ciudadanía a los que pertenezcan a bandas armadas o incluso que los menores de 13 años cumplan condenas mayores por delitos graves.
Estas diferencias quedaron patentes recientemente cuando el partido ultraderechista elevó esta medida de reducir la edad de responsabilidad penal al Parlamento, provocando fricciones con los socios más moderados del Ejecutivo y el rechazo de buena parte de la cúpula judicial. Tras intensos debates, la coalición terminó aprobando la reducción de la edad penal de los 15 a los 14 años, dejando fuera a los menores de 13.
La inmigración también es un punto recurrente de fricción entre ambos partidos. Mientras los Moderados defienden una inmigración regulada con medidas para endurecer el acceso al asilo y subsidios sin renunciar a la mano de obra cualificada, los Demócratas de Suecia exigen "asilo cero", así como restringir de forma casi absoluta los permisos de trabajo y priorizar planes estatales de "retorno e incentivación a la repatriación".
SOCIALDEMÓCRATAS LIDERAN ENCUESTAS PERO TIENEN UNA ARITMÉTICA COMPLICADA
En medio de un campo de la derecha enfrentada por su liderazgo, el opositor Socialdemócratas de la ex primera ministra Magdalena Andersson se mantiene al frente de los sondeos, si bien en las últimas semanas ha perdido apoyo en un contexto de progresivo estrechamiento de márgenes entre los dos bloques parlamentarios y con unas cuentas complicadas para llegar a Rosenbad, la oficina del primer ministro sueco.
Andersson ha optado por no presentar una alianza clara en el frente opositor, consciente de las profundas discrepancias entre sus socios potenciales, el liberal Partido del Centro y el Partido de la Izquierda. Mientras el primero veta categóricamente cualquier concesión en materia económica o fiscal a la Izquierda, estos últimos exigen carteras ministeriales a cambio de su respaldo en el Riksdag.
Por otro lado, el Partido Verde --que ya gobernó formalmente en coalición con los Socialdemócratas entre 2014 y 2021-- resulta matemáticamente indispensable en caso de que Andersson logre los votos suficientes para gobernar. Sin embargo, su presencia genera tensiones de gobernabilidad con el Partido del Centro, que rechaza subidas de impuestos verdes que perjudiquen al ámbito rural e industrial.
"Tal como están las cosas, tendré que cooperar con varios partidos. Será difícil formar gobierno sin la participación del Partido del Centro de una u otra forma(...) Ningún partido obtendrá la mayoría absoluta. Todos tendrán que ceder. Tras las elecciones, el Partido de Izquierda decidirá si quiere ser una fuerza constructiva para la formación de un nuevo gobierno o no", ha expresado la ex primera ministra sueca entre 2021 y 2022, en declaraciones a 'Dagens Nyheter'.
SOBRE LA SANIDAD PÚBLICA
Más allá de las elecciones parlamentarias, los suecos votarán de forma simultánea el domingo a sus representantes municipales y regionales, responsables de otras dos principales preocupaciones del electorado: la atención sanitaria y la gestión escolar.
La gestión de las listas de espera quirúrgicas y la saturación de los servicios de urgencias han encendido las alarmas en zonas clave como Estocolmo o Vastra Gotaland. Mientras la oposición denuncia recortes presupuestarios que amenazan la contratación de enfermeras y critica la proliferación de clínicas privadas financiadas con fondos públicos, el centro-derecha defiende el modelo de libertad de elección para los pacientes.
Asimismo, mientras los Socialdemócratas proponen fijar un límite al número de alumnos por profesor y restringir el modelo que permite a empresas privadas gestionar colegios con fondos públicos y obtener beneficios, los socios de la coalición gubernamental han priorizado medidas para reforzar la seguridad escolar y aumentar los recursos destinados a la salud mental de los estudiantes.