El Cabildo de Tenerife restaurará las obras donadas de la Hacienda de Las Palmas de Anaga - CABILDO DE TENERIFE
SANTA CRUZ DE TENERIFE, 25 Jun. (EUROPA PRESS) -
El Cabildo de Tenerife ha aprobado este miércoles en consejo de gobierno la aceptación de la donación de varias piezas artísticas y religiosas vinculadas a la Hacienda de Las Palmas de Anaga, realizada por su propietaria, Candelaria de Fátima Camejo Gallardo. Esta cesión permitirá la restauración, conservación y puesta en valor de un conjunto patrimonial de gran relevancia para la isla.
La donación incluye un marco-retablo de la Virgen de Candelaria del siglo XVII, una escultura de San Gonzalo de Amarante del mismo siglo, un Cristo de los Dolores -vera efigie del Cristo de Tacoronte- y un Cristo Crucificado del siglo XVIII.
Las piezas estaban ubicadas en la ermita anexa a la Hacienda, un conjunto declarado Bien de Interés Cultural (BIC), que tuvo que ser desalojado en julio de 2024 por su deterioro estructural.
"Con esta decisión damos respuesta a una demanda histórica de los vecinos de Taganana y avanzamos en la recuperación de un enclave que forma parte de la memoria colectiva de Anaga y de toda la isla", ha señalado la presidenta insular, Rosa Dávila, en una nota de prensa.
Dávila recordó que "el pasado año ya actuamos de forma urgente junto con el Gobierno de Canarias y el Consorcio de Bomberos para proteger el inmueble y trasladar estas obras en condiciones de seguridad. Ahora, gracias al gesto generoso de su propietaria, podemos iniciar su restauración y garantizar su conservación".
Señala el Cabildo de Tenerife que las obras serán restauradas por profesionales especializados en un plazo no superior a 18 meses. Durante ese tiempo, estarán depositadas en un templo católico del Macizo de Anaga y, una vez se rehabilite la Hacienda y se verifique su seguridad, podrán regresar a su emplazamiento original.
La Hacienda de Las Palmas de Anaga constituye un magnífico ejemplo de arquitectura rural histórica de la isla, vinculada al auge del cultivo del viñedo durante el siglo XVII, como centro de explotación agrícola y vivienda temporal del propietario; mientras que su ermita anexa satisfizo los servicios religiosos del vecindario del lugar.
La singular ubicación de este conjunto de edificaciones, a las cuales tan sólo es posible acceder a través de un sendero, supone que el traslado de estas piezas sea una ocasión excepcional en cuanto a los medios que resulta necesario implementar y coordinar.