Anillas, cuerdas y trapecios: la gimnasia que preparaba a los bomberos de Madrid para combatir el fuego en el siglo XIX

Archivo - Varios bomberos de Madrid trabajan en las inmediaciones donde se ha derrumbado un edificio en obras, en la zona de Ópera, a 7 de octubre de 2025, en Madrid (España).
Archivo - Varios bomberos de Madrid trabajan en las inmediaciones donde se ha derrumbado un edificio en obras, en la zona de Ópera, a 7 de octubre de 2025, en Madrid (España). - Gabriel Luengas - Europa Press - Archivo
Europa Press Madrid
Publicado: domingo, 18 octubre 2026 9:05

MADRID 18 Oct. (EUROPA PRESS) -

Las anillas, las barras y los trapecios formaron parte de la preparación de los bomberos de Madrid mucho antes de la llegada de las máquinas de musculación, a finales del siglo XIX, momento en el que la gimnasia se convirtió en una rutina imprescindible para formar a los efectivos y entrenar las maniobras con las que debían enfrentarse al fuego y realizar rescates.

Así lo explica el sitio web del Museo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid, que sitúa el impulso de la práctica gimnástica en los parques a mediados del siglo XIX, cuando José María Aparici de Biedma sentó las bases de la profesionalización del Cuerpo.

Décadas después, en 1895, el arquitecto jefe Isidoro Delgado y Vargas y el primer profesor de gimnasia del servicio, Anselmo Sánchez, hicieron de estos ejercicios una parte imprescindible de la formación y del entrenamiento de maniobras.

La modalidad elegida era la gimnasia "amorosiana", que empleaba aparatos como el trapecio, la barra fija, las paralelas, las anillas y el trampolín.

GIMNASIOS Y CONCURSOS PARA DEMOSTRAR SU PREPARACIÓN

En 1901 se construyó un gimnasio en la calle Almirante, propiedad de Anselmo Sánchez, que lo cedió a los bomberos para que pudieran prepararse. Ese mismo año comenzó a funcionar el primer gimnasio del Cuerpo en Santa Engracia, donde tres años después se construiría el Parque 1º.

Allí se celebraron en 1916 los Concursos de la Sociedad Gimnástica, una oportunidad para que los bomberos demostraran sus habilidades como atletas.

Tras el parón de la Guerra Civil, los campeonatos deportivos internos pasaron a celebrarse cada año. Participaban ocho hombres por cada parque y turno, con un programa que incluía pirámides, ejercicios de escalera horizontal, subida de puñales, uñeros, paralelas, anillas, trepa de cuerda y distintas modalidades de salto.

El entrenamiento también incluía maniobras de rescate. Las técnicas gimnásticas se aplicaban así a situaciones en las que la preparación física podía resultar decisiva para ayudar a otras personas.

LA CUERDA LISA, UN ICONO DE LA PROFESIÓN

La trepa de cuerda lisa se ha convertido en uno de los ejercicios más característicos de los bomberos: se realiza desde la posición de sentado y sin utilizar los pies, por lo que el ascenso depende de la fuerza del tren superior.

Según explica el museo, la cuerda comparte actualmente espacio en los parques con máquinas modernas de esfuerzo y musculación y con otros aparatos tradicionales, como el tablón de presión y los puñales. El ejercicio forma parte de la vida del parque, también durante las guardias.

La preparación comienza incluso antes de ingresar en el Cuerpo. El museo cita entre los ejemplos de pruebas de acceso las carreras de resistencia y velocidad, la natación y los circuitos que reproducen las exigencias físicas de las intervenciones.

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