Conocer Madrid de estatua en estatua - EUROPA PRESS
MADRID 12 Oct. (EUROPA PRESS) -
Decir Madrid es tanto como decir el Oso y el Madroño, santo y seña de la capital, pero pocos la describirían, a pesar de la historia que cuentan sus estatuas, como la ciudad de los ángeles caídos, del "disfrutón" Perro Paco, de la Abuela Rockera o de las flechas que a la diosa Diana se le han caído en plena Gran Vía.
Que Madrid es de las pocas ciudades del mundo que han erigido una estatua al diablo es de sobra conocido. La del 'Angel caído' del parque del Retiro es parada obligatoria para cualquier visitante, lo que incluye hasta al mismísimo líder de los Rolling Stone, Mick Jagger, aprovechando su última gira que les llevó al Wanda Metropolitano hace tres años. 'Enjoying lots of what Madrid has to offer, from fallen angels to flamenco!', escribía en su perfil de Twitter.
Obra de Ramón Bellver, de 1877 e inaugurada por la reina regente María Cristina de Habsburgo en 1885, la escultura es protagonizada por Lucifer, el ángel caído, justo en el momento de su expulsión del Paraíso por desafiar a Dios. Pero no es el único ángel caído que hay en Madrid: a pocos metros de la Plaza de la Villa y de la Junta Municipal de Centro, con sólo levantar la vista, en lo alto de un edificio de la calle Milaneses uno se topa con 'Accidente aéreo'.
Un hombre alado, cabeza abajo en una esquina de la calle Mayor, de tono verdoso por la actuación del tiempo, el sol y la lluvia sobre el bronce, se convirtió en un madrileño más desde 2005. Su autor, Miguel Ángel Ruíz Beato, no ha llegado a aclarar si se trata de otro ángel caído o si es una alusión a Ícaro, el mito sobre la ambición sin límites del joven que murió por desobeder a su padre y volar con sus alas de cera demasiado cerca del sol.
DE DIOSAS Y LOBAS
Y si se trata de mitos también hay que hablar de dioses, más bien de diosas, como Diana Cazadora. Sobre el número 31 de Gran Vía se la puede ver, rodeada de sus perros, lanzando sus flechas. ¿Dónde han caído dos de ellas? Sobre el asfalto de Gran Vía 32, grabadas en la acera, prácticamente en la entrada de la tienda Primark.
A pocos metros, también en Gran Vía y siguiendo con la mitología, se erige 'La loba capitolina', la talla de bronce que coronaba el antiguo Hotel Roma, hoy un centro comercial. En 2021 volvía a Madrid este símbolo de la ciudad de Roma, con la loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de la hoy capital italiana.
EL "DISFRUTÓN" PERRO PACO
Bajando la calle se llega a Huertas, al número 71, reconvertida en el vecindario del 'Perro Paco'. El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, inauguró en la fiesta de los animales, San Antón, de hace dos años este monumento a este can callejero que en el siglo XIX fue protagonista de crónicas periodísticas. La iniciativa partió de las asociaciones Nuevo Rastro y de los Comerciantes del Barrio de las Letras.
La obra, de bronce fundido, es obra de Rodrigo Romero. Para Almeida, esta escultua está llamada a "convertirse en un nuevo icono de la ciudad" puesto que representa "la mejor historia del Madrid de finales del siglo XIX porque, siendo el perro Paco un auténtico disfrutón, ejemplifica muy bien las virtudes de esta ciudad, que en aquella época bullía desde el punto de vista cultural".
Paco visitaba incluso la plaza de toros, donde realizaba acrobacias que entretenían a los espectadores. Fatalmente en ella encontró la muerte por la estocada de un torero. Su cuerpo fue disecado y expuesto en una taberna hasta que finalmente se le enterró en el parque de El Retiro.
LA ABUELA ROCKERA
Quizás el nombre de Ángeles Rodríguez Hidalgo no le suene a muchos madrileños pero si se habla de 'La abuela rockera' la cosa cambia, especialmente en Vallecas. En un lateral del bulevar de la calle Peña Gorbea se levanta este busto, de obligado paso en Vallecas, dedicado a esta argentina que murió a los 93 años y que era conocida en el barrio por su afición al heavy metal.
Puño en alto, con los dedos en forma de cuernos (aunque fueron 'mutilados' después), su gorra, chapas y cazadora de cuero, la 'Abuela rockera' saluda a los vallecanos desde 1994 en un monumento sufragado con la recaudación de un concierto celebrado en la sala Canciller y con las aportaciones de la desaparecida tienda Madrid Rock, en Gran Vía. Carmen Jorba es la escultora.
Madrid Rock, otro icono de la ciudad en lo que hoy es una cadena de hamburguesas a la salida del Metro, tenía como una suerte de relaciones públicas a los 'Heavies de Gran Vía', dos hermanos de Vallecas que alcanzaron tal fama popular que casi llegan a tener su propia estatua: una proposición en el Pleno del distrito Centro en 2022 barajó la posibilidad, nunca materializada, por el rechazo de PP y CS a la moción presentada por el Grupo Mixto.
DEL MADRID CIENTÍFICO AL MÁS SOLIDARIO
Dalí también dejó su impronta en Madrid. Lo hizo en la plaza que lleva su nombre, la que da acceso desde la avenida de Felipe II al Movistar Arena, donde está su monumental Dolmen. A sus pies se encuentra la estatua dedicada a Newton, una idea que materializó a raíz de una conversación en los años 80 con el alcalde Enrique Tierno Galván como homenaje a la ciencia.
Madrid también es solidaridad: el Gobierno de Manuela Carmena promovió en 2018 'Refugiados', una escultura que transforma uno de los estanques de agua del Paseo de Recoletos en una barcaza de migrantes con sus chalecos salvavidas en la búsqueda de un futuro mejor, Mediterráneo mediante. Son 16 figuras, entre ellas un bebé. Es obra del brasileño Bel Borba.
LA ESTATUA SUSANA Y EL LECTOR CON CORDONES DESATADOS
Pero Madrid es, ante todo, sus vecinos anónimos, algunos de ellos con estatua propia. Es el caso de la estudiante Susana, oficialmente bautizada como 'Joven caminando en Malasaña', en la Plaza de San Ildefonso. Su estética 'grunge' es inconfundible, con sus botas de montaña, su sudadera, sus vaqueros, su mochila y hasta su carpeta de dibujo, posiblemente porque su destino fuera la cercana Escuela de Arte de la calle La Palma.
Llegó a Malasaña en los 90 en virtud de un convenio entre la Comunidad, el Ayuntamiento y el Ministerio de Fomento para la rehabilitación del eje de la calle Fuencarral, informa la web municipal. El autor, Rafael González García, la llamó Susana, como su hija.
Muy cerca de ella, sin salir del céntrico Barrio de Universidad, se encuentra 'Joven bailando', en la calle Palma 49, a escasos metros de templos de la noche madrileña como El Penta, en el número 4 de esa misma calle, o La Vía Láctea, en la vecina Velarde. Es obra de Roberto Manzano Hernández y forma parte del mismo acuerdo que hizo posible 'Joven caminando en Malasaña'.
Ya en el barrio de Cortes aparece 'Barrendero madrileño', en la plaza de Jacinto Benavente, de Félix Hernando García. Andando hacia Sol y a las puertas de la Imprenta Municipal, en el 15 de Concepción Jerónima, se encuentra el homenaje a otro oficio, el del 'Farolero madrileño', también obra del mismo escultor. Hernando García firma dos esculturas más con un denominador común, la afición por la lectura. La primera se encuentra a las puertas de la biblioteca municipal Iván de Vargas, en la calle San Justo.
De la escultura llama la atención los detalles, desde la revista que lee hasta que lleve desatado uno de los cordones de sus zapatillas. El segundo lector está sentado en la Plaza de la Paja, atento a un periódico en el que se puede leer casi a modo de titular 'Entre todos rehabilitamos Madrid'.
Bajando ya hacia la calle Mayor el viandante se topa con 'El vecino curioso', de 1999 y obra de Salvador Fernández Oliva, un anciano con su gorra, se apoya en una barandilla, desde donde observa los restos encontrados la iglesia de la Almudena.