La diosa Cibeles, en primer plano: un andamio invita a descubrir la historia de uno de los principales iconos de Madrid

'Abierto por Restauración' permite visitar este verano los trabajos que se están llevando a cabo en la fuente

Trabajos de restauración en la Fuente de Cibeles
Trabajos de restauración en la Fuente de Cibeles - AYUNTAMIENTO DE MADRID
Europa Press Madrid
Publicado: domingo, 26 julio 2026 8:59

MADRID, 26 Jul. (EUROPA PRESS) -

La Fuente de Cibeles, que permaneció cubierta por una lona durante las celebraciones del Mundial en Madrid, se muestra ahora en primer plano a través de las visitas a los andamios de su restauración, desde los que el público puede acercarse a la diosa y recorrer más de dos siglos de historia del monumento.

A pocos metros del conjunto pueden apreciarse las juntas de la piedra, las melenas de los leones, las diferencias entre sus mármoles, las primeras pruebas de limpieza y una grieta que desciende desde el hombro de Cibeles hacia el pecho.

"Cuando llegas aquí, el impacto es bastante notable y enseguida quieres sacar el móvil o la cámara, porque es una situación que no se va a volver a repetir", explica durante el recorrido la historiadora Elena Rosado, guía del programa municipal 'Abierto por Restauración'.

Y es que, al cruzar la plaza, muchos madrileños y visitantes se quedan solo con la imagen de la diosa, pero a su alrededor hay muchos más detalles que merecen la pena conocer en primer plano, como los dos leones que arrastran el carro. Se llaman Hipómenes y Atalanta y su presencia responde a una historia mitológica de amor y castigo.

DOS AMANTES CONVERTIDOS EN LEONES

Atalanta había prometido casarse únicamente con quien consiguiera vencerla en una carrera. Hipómenes aceptó el reto y recibió tres manzanas de oro para distraerla durante la prueba. Mientras ella se detenía a recogerlas, él logró llegar primero.

La historia terminó con ambos transformados en leones y condenados a tirar eternamente del carro de Cibeles. En la fuente aparecen levantando la pata delantera izquierda, aunque cada uno gira la cabeza hacia un lado diferente.

Fueron esculpidos por Roberto Michel en mármol de Montesclaros, procedente de Toledo. La cercanía del andamio permite distinguir el trabajo de las melenas, los músculos y unas pequeñas matas de piedra situadas bajo sus cuerpos, integradas en la composición y utilizadas también como apoyo.

El carro guarda otros detalles que pasan prácticamente inadvertidos desde la calle. De su plataforma cuelga un faldón decorado con piñas, relacionadas con Atis, el joven amado por Cibeles y convertido en pino según el relato mitológico.

En la parte delantera aparece una máscara que expulsa agua por la boca, mientras que en la rocalla situada bajo el conjunto se esconden plantas y pequeños animales, entre ellos una serpiente y una rana.

MÁRMOL DE MONTESCLAROS, SENSIBLE AL POLVO DE CALIMA

El interior de Cibeles tampoco está formado únicamente por la piedra visible. "Tenemos toda la parte de rocalla y, en el interior, granito y unas cuñas metálicas. Luego ya va todo lo que es la ejecución en mármol", detalla la historiadora durante el recorrido.

La fuente combina además dos variedades de mármol. La diosa, el carro, los leones y la composición original se realizaron con piedra de Montesclaros. Para esculpir la figura principal fue necesario trasladar hasta Madrid un bloque de 1.138 arrobas, que tardó 92 días en llegar a la capital.

Los niños colocados detrás del carro están hechos, en cambio, con mármol de Carrara, más blanco y con un comportamiento diferente frente al agua y los agentes ambientales.

Esta diferencia explica que las partes del monumento no presenten exactamente el mismo aspecto ni envejezcan de la misma manera. El mármol de Montesclaros retiene especialmente el polvo transportado hasta Madrid durante los episodios de calima.

Las primeras pruebas de limpieza han dejado pequeñas superficies más claras que contrastan con las zonas que todavía conservan los depósitos acumulados. "En cuanto empiezas a limpiar, aunque sea suciedad superficial, siempre vas a notar esa variación", explica Rosado, que recuerda el resultado de la reciente restauración de la Fuente de Neptuno.

EL ABREVADERO DE MADRID Y UNOS NIÑOS AÑADIDOS A FINALES DEL SIGLO XIX

Los dos niños del surtidor posterior llevan más de un siglo integrados en la imagen de Cibeles, pero no formaban parte del diseño original de Ventura Rodríguez.

Uno aparece arrodillado junto a un ánfora de la que brota agua y el otro sostiene una caracola. Fueron incorporados a finales del siglo XIX, coincidiendo con el traslado del monumento al centro de la plaza, y obligaron a ampliar la rocalla situada detrás del carro.

Antes de su colocación, la fuente contó con dos surtidores muy diferentes: un oso y un dragón diseñados por Juan de Villanueva. Y es que en su día Cibeles funcionó como abrevadero y punto de abastecimiento de agua en este punto de la ciudad.

En aquel momento, el oso y el dragón expulsaban agua por la boca. Uno de los caños servía al público y el otro era utilizado por los aguadores que acudían a llenar sus barriles. En 1841 le robaron el caño de bronce al oso y le rompieron la mandíbula. Hoy, ambas figuras descansan en el Museo de San Isidro. Los Orígenes de Madrid.

CUANDO CIBELES MIRABA A NEPTUNO

Ventura Rodríguez diseñó la Fuente de Cibeles en 1777 dentro del proyecto de embellecimiento del Salón del Prado, junto a las fuentes de Apolo y Neptuno. La figura de la diosa fue realizada por Francisco Gutiérrez Arribas, mientras que Roberto Michel se encargó de los leones.

El monumento no siempre estuvo en el centro de la plaza ni tuvo su orientación actual. En su primer emplazamiento se encontraba más próximo al Palacio de Buenavista y los leones miraban hacia Neptuno, de forma que las fuentes quedaban conectadas visualmente.

A finales del siglo XIX, Cibeles fue trasladada al centro de la plaza, elevada respecto a su posición anterior y girada. Desde entonces, el carro avanza hacia la calle de Alcalá y la Puerta del Sol.

Aquel desplazamiento es uno de los antecedentes que los técnicos tienen en cuenta durante la actual intervención. Desde el andamio puede observarse una fisura que baja desde el hombro de la diosa y atraviesa parte del pecho.

LAS MANOS PERDIDAS DE LA DIOSA

Cibeles ha sido restaurada en diferentes ocasiones a lo largo de su historia. En los años 80 se realizó una intervención de gran importancia durante la que se vació la fuente y se tomaron moldes para elaborar una réplica enviada posteriormente a Ciudad de México.

La última restauración del monumento tuvo lugar en 2016. Casi una década después, los estudios previos han vuelto a detectar acumulaciones de suciedad, grietas, fisuras, corrosión en elementos metálicos y morteros deteriorados.

Los más de dos siglos de Cibeles también han dejado otras cicatrices. Durante la proclamación de la Segunda República, en abril de 1931, la diosa perdió una mano y las llaves que sostenía. Al comienzo de la Guerra Civil sufrió daños en un brazo y en la nariz, mientras que la metralla alcanzó a uno de los leones.

Las celebraciones deportivas añadieron nuevos desperfectos. La diosa perdió una mano en 1994 y volvió a sufrir la desaparición de esa pieza en 2002. Actualmente, el acceso al conjunto durante los festejos está más controlado.

LA HISTORIA, A 50 MINUTOS DE DISTANCIA

Las visitas 'Abierto por Restauración' siguen la pasarela instalada alrededor del monumento para los trabajos de conservación. Los grupos están formados por 15 personas, acompañadas por un guía y un auxiliar, y el recorrido dura aproximadamente 50 minutos.

Se han programado 176 recorridos y 2.640 plazas gratuitas entre julio y septiembre, con una pausa durante agosto. La restauración se prolongará durante unos cinco meses.

Cuando se retiren los andamios, Cibeles volverá a contemplarse desde las aceras y los vehículos que cruzan la plaza. Hasta entonces, la pasarela ofrece la posibilidad de acercarse a la diosa y recorrer, en primer plano, la historia de este monumento icónico de la capital.

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