MADRID, 10 Oct. (EUROPA PRESS) -
El director de una sucursal bancaria de la capital y los empleados de la misma han relatado este miércoles en el juicio celebrado en la Audiencia de Madrid cómo dos personas disfrazadas irrumpieron el 16 de abril de 2009 en las oficinas a punta de pistola, logrando apoderarse de un botín de 175.000 euros tras obligarles bajo amenazas de muerte a darles las claves de las alarmas y de las cajas fuerte del banco.
"Nos encañonaron, limpiaron la caja y luego se dieron un abrazo. Nos llevaron a un almacén y nos maniataron. Un compañero logró quitarse las bridas y nos ayudó a los demás", ha relatado el director de la sucursal que sufrió el robo, situada en la avenida de Valladolid de la capital.
En la vista oral, el fiscal ha reclamado una pena de 23 años de prisión por un delito de robo con intimidación y medio peligroso y tres delitos de detención ilegal, con las agravantes de reincidencia y disfraz. Así, ha destacado que hay prueba directa como ruedas de reconocimiento, ratificadas por elementos indiciarios como el vehículo de propiedad del procesado que se utilizó en el robo.
En su declaración, el procesado ha negado su participación en los hechos. No obstante, el instructor de las diligencias policiales ha señalado que el 'modus operandi' del atraco les llevó a Félix, un viejo conocido de la Policía en estos robos con intimidación. El procesado, que se encontraba en Tercer Grado, aprovechaba sus salidas diarias para planear robos y ejecutarlos, según los seguimientos policiales.
En su última palabra, el encausado ha defendido que muchas de las pruebas no son válidas, como las ruedas de reconocimiento, puesto que se le identificó con dudas. "Es cierto que he robado muchos bancos, pero yo no he robado este banco. Tengo una cadena perpetua encubierta, una condena más da igual. Pero no voy a pagar una responsabilidad civil de una sucursal que yo no he asaltado", ha aseverado.
DISFRAZADOS
En su declaración, el director de la sucursal ha narrado que dos hombres disfrazados con el uniforme de Parques y Jardines, con gorro de agua y gafas, entraron en las oficinas cuando éstas iban a cerrar, portando sendas pistolas. Uno de ellos encañonó al cajero y otro al director. "Me apuntó y me dijo: ¿sabes lo que puede hace esto? Pum".
Tras ello, "limpiaron la caja y se dieron un abrazo". Les obligaron a subir a un almacén donde les maniataron con unas bridas de pies y manos. Según el hombre, uno de los empleados logró zafarse de las bridas y les ayudó a soltarse, llamando a la Policía para avisar del atraco.
Otro de los empleados ha relatado que los atracadores les encañonaron y les metieron en el almacén. "Uno estuvo conmigo hasta que sacaron el dinero. Nos ataron de pies y manos en un almacén. Limpiaron la caja y se dieron un abrazo. Luego tuvieron una discusión con el director y le dan una bofetada", ha contado.
"Nos maniataron con bridas y a punta de pistola nos obligaron a decir las claves de la central de alarma y los datos de las cajas fuertes. Un compañero de soltó las bridas y nos ayudó a escapar. Después, llamamos a la Policía", ha dicho otra trabajadora.
RELATO DEL FISCAL
Según el fiscal, el procesado aprovechó un permiso en el centro penitenciario donde cumplía una condena por robo, atentado y tenencia ilícita de armas prohibidas, para "en abril de 2009, en compañía de otros individuos no identificados, acceder al interior de una sucursal de Caja Madrid en la Avenida de Valladolid".
Disfrazados de empleados de limpieza de parques y jardines y cubriéndose la cara con bufandas y gafas oscuras, aprovecharon la hora próxima al cierre para, a punta de pistola, reducir a los empleados.
"Siempre bajo la amenaza de las armas exigieron a los responsables las claves de apertura de la caja fuerte y del dispensador del cajero automático, tras lo que se apoderaron de cerca de 175.000 euros", apunta el fiscal. A continuación, maniataron a los empleados, a los que dejaron dentro del banco mientras se daban a la fuga.