Palacete de Laredo, en Alcalá de Henares (Madrid) - COMUNIDAD DE MADRID
MADRID 10 Ene. (EUROPA PRESS) -
El Palacio Laredo, uno de los edificios más singulares y a la vez menos conocidos del centro de Alcalá de Henares, constituye un ejemplo destacado de la arquitectura historicista de finales del siglo XIX y un reflejo de la personalidad de su promotor, Manuel José de Laredo y Ordoño (1842-1896), artista polifacético y también alcalde de la ciudad complutense.
Levantado en el ensanche decimonónico complutense, el palacio --declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1975-- toma su nombre de Laredo, a quien tradicionalmente se ha atribuido su diseño. Sin embargo, según recoge la Comunidad de Madrid, el proyecto fue obra del arquitecto Juan José de Urquijo, con quien el propio Laredo colaboró previamente en la restauración del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares.
Para su construcción, Manuel José de Laredo adquirió en 1880 dos terrenos situados en las Eras de San Isidro. Las obras comenzaron ese mismo año y se prolongaron hasta 1884, dando lugar a un inmueble concebido desde su origen como un espacio artístico y representativo. En 1895, el edificio fue vendido a Carlos Lardet y Bovet, relojero y cónsul suizo afincado en Madrid, que transformó el palacio en una quinta de recreo.
El inmueble volvió a cambiar de manos en 1918, cuando fue adquirido por Vicente Villazón Fernández, quien lo rebautizó como Quinta Concepción, reformó el edificio y amplió los límites de la finca. Posteriormente, en 1942, pasó a ser propiedad de los hermanos de Luque y Ángel Aguiar.
En 1973, los últimos herederos decidieron donar el palacio al Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Tras un prolongado periodo de decadencia y abandono, el edificio fue finalmente restaurado en 1988 y cedido a la Universidad de Alcalá, que lo utiliza como sede del Centro Internacional de Estudios Históricos Cisneros y del pequeño Museo Cisneriano, donde se conserva, entre otras piezas, un ejemplar completo de la Biblia Políglota Complutense.
ECLECTICISMO ARQUITECTÓNICO COMPLUTENSE
Desde el punto de vista arquitectónico, el Palacio Laredo es un edificio ecléctico e historicista que recrea diversos estilos, con especial protagonismo del gótico y del arte mudéjar. En ocasiones se adscribe al neomudéjar por su uso del ladrillo, aunque su rasgo más característico es la complejidad y variedad de sus fachadas, en las que se combinan arcos lobulados y de herradura, matacanes, miradores, minaretes y torreones.
Su exterior destaca por una fábrica de ladrillo profusamente decorada y, especialmente, por la torre del reloj a modo de minarete, rematada con una cúpula de escamas de cerámica vidriada en verde y blanco.
El interior del palacio refleja la misma riqueza artística. Cada sala está decorada de manera individual según distintos estilos, destacando el Salón del Alfarje, con un excelente artesonado, y la pequeña sala árabe, con decoración de yesos y azulejos que evoca, desde la distancia, la Alhambra de Granada.
Sin embargo, la pieza central es el Salón de los Reyes, cuyas paredes muestran frescos del propio Laredo representando a los monarcas de la corona de Castilla desde Alfonso X hasta Carlos V, así como al arzobispo Pedro Tenorio.
Esta estancia alberga una bóveda gótica trasladada desde el castillo de Santorcaz y presenta una rica decoración con zócalos de madera de estilo gótico-mudéjar y paneles de yesería. Sobre ella se reproduce la concepción astronómica medieval, con meses y días del año señalados en el borde de la esfera celeste y las constelaciones representadas con efecto metálico que brilla cuando la luz solar atraviesa las vidrieras de colores.