Archivo - Exterior de la sede de la Audiencia Provincial de Madrid, a 28 de enero de 2026, en Madrid (España). - Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo
MADRID 9 Abr. (EUROPA PRESS) -
La Policía Científica halló restos de residuos de pólvora en las cortinas de las ventanas del piso de la calle Besolla donde se habrían efectuado los disparos del tiroteo mortal de Carabanchel en el que resultó fallecido un hombre de 38 años.
Así lo han constatado en el juicio los investigadores del Grupo VI de Homicidios de la Jefatura Superior de Policía de Madrid. En el banquillo se sientan un padre y un hijo acusados de la muerte de un hombre que pertenecía a un clan rival, por lo que se enfrentan a 65 años de prisión por delitos de asesinato, tentativa de asesinato y tenencia ilícita de armas.
Los hechos ocurridos el 16 de julio de 2023 se produjeron a raíz de la rivalidad entre dos clanes de dos familias de los barrios madrileños de Orcasitas y Pan Bendito. Un testigo clave en la causa asegura haber visto a uno de los acusados iniciar un tiroteo desde la ventana y, a renglón seguido, comenzar tiros desde abajo el grupo rival.
Sin embargo, la defensa, la abogada Teresa Bueyes, sostiene que el disparo mortal provenía del suelo por un posible error de algún familiar conforme a un informe pericial de trayectoria de los disparos, dado que la bala entró por el omoplato y salió en línea ascendente por el cuello.
En las comparecencias, han prestado testimonio agentes de la Policía Nacional encargados de la investigación y los que efectuaron la entrada y registro en el domicilio de los procesados.
En el momento de los hechos, había cinco personas en el inmueble, teniendo varios restos de polvora en las manos. La Policía detuvo a los dos acusados a raíz de que "desapareciesen" y se les considerase entonces sospechosos por esa acción omisiva.
En la fase testifical, la instructora del Grupo VI de Homicidios detalló ayer que según los primeros testimonios recabados en el lugar, un grupo de personas acudió a la vivienda de los acusados tras conflictos previos entre clanes, momento en el que fueron recibidos con disparos desde el interior del domicilio.
En la inspección ocular se documentaron impactos y se recogieron vestigios balísticos, entre ellos vainas y proyectiles --al menos siete cartuchos en una de las zonas analizadas--, así como manchas de sangre.
La investigación dio un giro con la declaración de un testigo independiente, un repartidor que se encontraba en ese bloque de viviendas. Según su relato, observó cómo varias personas se acercaban a la vivienda gritando nombres y cómo, tras un breve intercambio de palabras desde un balcón, se cerraban las ventanas.
Instantes después, vio cómo un brazo salía por una de ellas y comenzaban los disparos. También aseguró haber escuchado proyectiles pasar sobre su cabeza y presenciado la caída de una persona antes de huir del lugar.