El San Isidro de parpusa y mascarilla celebrará el día grande de Madrid con la esperanza de ser el último pandémico

Coincidirá con el décimo aniversario de la 'primavera madrileña indignada'

Una vecina de Carabanchel, vestida de chulapa, habla con una vecina en el San Isidro semiconfinado del año pasado
Una vecina de Carabanchel, vestida de chulapa, habla con una vecina en el San Isidro semiconfinado del año pasado - EUROPA PRESS
Europa Press Madrid
Publicado: viernes, 14 mayo 2021 8:59

MADRID, 14 May. (EUROPA PRESS) -

El San Isidro de parpusa y mascarilla, el de la pradera sin pradera, celebrará este sábado el día grande de Madrid con la esperanza de ser el último pandémico.

Este año no habrá verbenas en Las Vistillas ni chotis agarrados por los rigores del virus pero sí conciertos programados por el Ayuntamiento con todas las medidas de seguridad en tres escenarios de tres distritos diferentes (Centro, Arganzuela y Puente de Vallecas), con actuaciones de Mala Rodríguez, Don Patricio, Mikel Erentxun, Corizonas o Mari Pepa de Chamberí, entre otros. Las entradas se pueden conseguir en www.sanisidromadrid.com con dos días de antelación a la celebración de las actividades.

Y si vuelve San Isidro, también vuelve 'El Villa', los Premios Rock Villa de Madrid en su 41 edición, el certamen más veterano de España. Docenas de grupos iniciaron su carrera en este concurso, como El Gran Wyoming, Alaska, Obús o Derribos Arias. Este año las bandas femeninas han arrasado llevándose cinco de los seis premios del jurado y alzándose con los tres primeros galardones del concurso. Han ido para Erin Memento (Accésit - Premio Radio 3), Rayo (2 Premio) y María Guadaña (1 Premio - Premio Sol Música).

PRADERA SIN CASETAS

Será el segundo San Isidro con un participante no invitado, el coronavirus, pero este año las diferencias son muchas, para empezar, la vacuna. Esto se traduce en que esta edición de 2021 se retoman, aunque tímidamente, algunas de las señas de identidad de la fiesta grande de la capital por su patrón, como los conciertos, pero otras tendrán que esperar, como los tradicionales puestos de la pradera de Carabanchel.

Aunque no haya casetas, sí que con casi total seguridad se puede avanzar que los manteles tapizarán la pradera con cientos de madrileños que quieren disfrutar de San Isidro. Tendrán que acordarse de meter en las cestas de comida algún protector solar porque la Agencia Estatal de Meteorología avanza que el sábado será un día soleado de temperaturas veraniegas que llegarán a los 27 grados.

LAS PISCINAS ABREN POR SAN ISIDRO

Siempre quedará la opción de darse un chapuzón en alguna de las piscinas municipales, que abren por San Isidro. El 90% de las instalaciones dependientes del Ayuntamiento de Madrid abrirán en una temporada de tres meses de duración que estará marcada por limitaciones de aforo del 60 por ciento y turnos de mañana y tarde para garantizar que no se producen aglomeraciones.

Otra opción será disfrutar a la sombra de un bocata de entresijos o de calamares, sin olvidar las clásicas rosquillas --las tontas (las más sencillas), las listas (bañadas con azúcar, limón o huevo batido) o las de Santa Clara (recubiertas con merengue seco)-- en alguno de los restaurantes tradicionales, cien por cien castizos, que rodean la pradera de Carabanchel, aunque conseguir mesa sea otro cantar.

Esa es otra de las diferencias con el San Isidro del año pasado, recién estrenada la posibilidad de salir de casa aunque en un horario restringido. Hace 365 días, cuando la palabra 'desescalada' invadía todas las conversaciones, muchos fueron los chulapos y las chulapas que decidieron ponerse sus mejores galas y lucirlas pero de balcón a balcón. Otros se atrevían ya a aprovechar los horarios de paseo para tomarse una cerveza en las terrazas ampliadas de bares y restaurantes, que incluyeron una novedad, los códigos QR. Hoy, un año después, las cartas físicas parecen algo de otra época.

También habrá mucha más seguridad que el año pasado. Un total de 1.100 policías nacionales reforzarán este fin de semana el dispositivo de seguridad conjunto con Policía Municipal, que aumentará en 380 agentes, para evitar que haya aglomeraciones y botellones como los registrados el sábado pasado, cuando decaía el estado de alarma.

MEDALLAS A BOTELLA Y CARMENA

La resaca electoral será otra de las diferencias de este San Isidro, no exento de críticas políticas a cuenta de las tradicionales medallas que condede el Ayuntamiento de Madrid. El PSOE votó 'no' a que la exalcaldesa Ana Botella (PP) reciba la medalla de honor de la ciudad porque, en palabras de la portavoz adjunta en el grupo municipal, Mar Espinar, es "un atropello institucional", con la venta de viviendas públicas a un fondo buitre como telón de fondo.

"Con Ana Botella nunca pude imaginar que se arrastraran tanto palabras como mérito y capacidad", espetaba Espinar el pasado lunes en el Pleno extraordinario. Vox, por su parte, cuestiona la medalla de honor a la exalcaldesa Manuela Carmena (Ahora Madrid) y se abstuvo en la votación en bloque.

Su portavoz, Javier Ortega Smith, llegó a declarar en el Pleno que Carmena fue "una alcaldesa que creó enfrentamiento y división" al "ofender al jefe del Estado", "fomentar la okupación y los chiringuitos políticos de su ideología sectaria".

EL DÉCIMO ANIVERSARIO DEL 15M

Y no sólo la pandemia hace de éste un San Isidro diferente sino también el décimo aniversario de la 'primavera madrileña indignada', el 15M. Está programada una concentración en la Puerta del Sol, de 18.30 a 22 horas, donde se organizarán distintas asambleas y actuaciones artísticas, que se unirán a toda una batería de iniciativas, muchas de ellas virtuales, para conmemorar el terremoto que cambió la política española. La concentración ha sido comunicada a Delegación de Gobierno, departamento que ha recordado que con la pandemia se deben acordar limitaciones de asistencia.

Diez años han pasado desde que una tarde de San Isidro se convocara una manifestación al margen de partidos políticos y sindicatos. La frustración de toda una generación, víctima de la crisis financiera, llegaba al corazón de la ciudad.

Lo hizo con los ecos de lo que había sucedido primero en Islandia --donde el exprimer ministro conservador Geeir H. Haarde fue juzgado por negligencia grave por su gestión de la crisis-- y después en la Primavera Árabe, que estalló tras el suicidio a lo bonzo por desesperación de un vendedor, Mohamed Bouazizi, y la toma de la Plaza Tahrir en El Cairo.

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