Publicado 21/06/2021 12:14CET

La calidad de la convivencia entre padres e hijos empeoró debido a las medidas de distanciamiento social

Recomienda revisar el nuevo concepto de atención a los mayores tanto residencial, como domiciliario

MURCIA, 21 Jun. (EUROPA PRESS) -

Las medidas de distanciamiento social derivadas de la pandemia han supuesto un cambio a peor en la calidad de la convivencia, al constatar un aumento de la conflictividad y tensión relacional de padres con sus hijos.

Así lo manifiestan más de la mitad de los encuestados en el estudio del CESRM titulado 'Repercusiones en el bienestar de las familias de la Región de Murcia derivadas de la crisis económica y social provocada por la emergencia sanitaria de la COVID-19', dividido en dos apartados.

Por un lado, entrevistas a 24 personas con un rango de edad de entre 33 y 53 años, con una media de 41 años y 23 de los padres y madres en familias nucleares (padres + hijos) y 1 en familia nuclear más extensa conviviendo con algún familiar; y una segunda parte del estudio, en el que se realiza una encuesta a 516 participantes cuyo rango de edad fue de 24-60 años, con una media de 43,69 años.

Se desprende de esta investigación, que recoge una serie de recomendaciones en su apartado final, un aumento del nivel de estrés relacionado con la introducción de nuevas organizaciones de hábitos y rutinas por las restricciones.

Así como un distanciamiento de la familia extensa y pérdida de interacciones sociales con familia y amigos que ha empobrecido y aumentado la sensación percibida de dificultad y pérdida de calidad de bienestar relacional y social.

Las personas entrevistadas relatan el sufrimiento de los abuelos, la constatación de su mayor aislamiento y la preocupación por sus sentimientos de soledad. Igualmente, las medidas de distanciamiento social han implicado cambios en el ocio y las relaciones sociales, ligados a sentimientos de pérdida, tristeza, nostalgia y sentimientos de incomodidad, entre otros.

La sensación de pérdida de libertad, miedo, nerviosismo son otras de las consecuencias, aunque como dato positivo destaca que algunas personas, las menos, informan que los cambios introducidos por las medidas de distanciamiento les ha permitido pasar más y mejor tiempo con los miembros de su familia (familia nuclear).

En la mayoría de las personas entrevistadas, casi por unanimidad, informan del incremento del uso del móvil, los videojuegos, tablet y redes sociales, tanto por parte de los propios entrevistados (padres y madres) como de sus hijos.

En cuando a la educación, en las etapas de Primaria o Secundaria, los padres entrevistados relatan que los menores se han adaptado a la enseñanza online, pero les ha supuesto un esfuerzo significativo, que también han tenido que realizar los progenitores.

En general, la satisfacción percibida con la metodología de enseñanza online es baja y la motivación de los menores, percibida por sus padres y madres, es menor, hay una mayor dificultad en el seguimiento de las clases y resulta más aburrido.

RECOMENDACIONES DEL INFORME

En el apartado de recomendaciones, se recoge la necesidad de configurar programas de protección dirigidos no sólo a garantizar la salud física de los mayores, sino también a las necesidades básicas a cubrir respecto de su bienestar psicológico, en parámetros de bienestar emocional y de salud mental global.

En este sentido, se recomienda revisar el nuevo concepto de atención a los mayores tanto residencial, como domiciliario. Y es que, la percepción de los encuestados ha puesto de manifiesto su dolor por el aislamiento sufrido, que se traduce en una preocupación constante por el posible deterioro de su bienestar, constatado en la mayor parte de los testimonios.

De igual manera, advierte este informe que "no es una opción esperar a la aparición de la sintomatología afectiva, en ansiedad o depresión. No podemos esperar a la aparición de la patología para recibir los cuidados y orientaciones propias de la atención psicológica".

De igual manera, la salud mental de padres que sostienen a sus hijos "va unida a garantizar el bienestar psicológico que permite el mantenimiento y las condiciones de acceso al mundo laboral y de sostén económico, garantizando de nuevo la igualdad de oportunidades, ante una accesibilidad gratuita y universal a las necesidades psicológicas en cada momento y situación".

Se insiste en la importancia de propuestas que permitan adaptaciones singulares a las condiciones de estrés del contexto familiar, la necesaria modernización digital a gran escala y una política de nuevos programas de conciliación de la vida familiar y laboral, en donde el teletrabajo es aceptado como una opción en el ejercicio racional de las necesidades familiares y laborales en equilibrio.

"Es una demanda unánime, fomentando las posibilidades de conciliación, su oferta y variedad respetando los fines y objetivos de las organizaciones públicas o privadas, así como del sector empresarial", indica.

RESULTADOS DE LAS ENCUESTAS

En cuanto al efecto de la crisis sanitaria de la COVID-19 en la economía de las familias, un 57,8% de los encuestados manifestó que su economía estaba igual; un 34,9% dijo que se había visto afectada negativamente y un 7,4% afirmó que estaba afectada positivamente, por lo que no se ha observado en general que las condiciones de trabajo en casa sean un problema.

En relación a las percepciones sobre los cambios introducidos en la convivencia, desde el punto de vista relacional, un 77,7% de los encuestados ha puesto de manifiesto el incremento del tiempo de convivencia, con mayor comunicación percibida entre los miembros de la familia (46,1%) y un aumento del tiempo dedicado a hacer cosas juntos (68,2%), pero con una tendencia al aumento de los conflictos y discusiones (38,9%).

Los padres han constatado que sus hijos han pasado más tiempo en casa, un 90,7%; y un 20% ha señalado dificultades en el cumplimiento de los horarios con los menores, mientras que un 60,7% confirma que los menores han cumplido con las limitaciones horarias.

En cuanto a las interacciones sociales, un 69,2% ha percibido una pérdida de la interacción de sus hijos con sus amigos y amigas. En este tiempo de distanciamiento social, un 73,2% de los padres y madres han percibido cambios en las actividades habituales de sus hijos, y un 77,7% en las relacionadas con el juego y la interacción lúdica.

En un 45,7% de las personas encuestadas se identificaron dificultades asociadas al sueño por el sostenimiento de las preocupaciones, y en un 60,8% sentimientos de agobio y tensión constante.

También se aprecia un aumento elevado del uso del móvil en menores, pero los adultos también han percibido un mayor incremento en la lectura de libros, de hasta un 38,5% en menores de 12 años, y del 28,1% en mayores de 11 años.

DIFICULTAD DE TRABAJAR CON NIÑOS EN CASA

De las 24 entrevistas personales realizadas, únicamente 11 personas declararon haber podido utilizar el teletrabajo. Todos los entrevistados estuvieron de acuerdo en la urgencia con la que tuvieron que adaptarse al teletrabajo y en muchos casos exponen que ese periodo de adaptación fue bastante difícil.

Los problemas a los que se hace referencia en las entrevistas en ese periodo inciden más en otros aspectos como la dificultad de trabajar con niños en casa y la necesidad de presencialidad para algunas tareas.

Desde el análisis de las conclusiones negativas, las personas entrevistadas atribuyen el aumento del malestar a la percepción de las pérdidas que ha conllevado el distanciamiento de la familia extensa, destacando, con especial relevancia, el estado de soledad y aislamiento de los abuelos y abuelas, separados de las dinámicas habituales familiares.

Así como la pérdida general de interacciones sociales, en especial con el entorno habitual de amigos. Igualmente, han destacado aspectos tales como el aumento del tiempo de dedicación a los multimedia por parte de los hijos constatando la influencia sobre sus interacciones personales directas.